Alejandro Espinosa Medina, inteligente y amable caballero
Su Legado
Fue un ser humano excepcional. Tuvo tantas facetas como un diamante, ya que la luz pasaba por su vida y se convertía en haces de colores.
Las personas que mejor lo conocieron sabían de la fe que colmaba su espíritu y le conducía por senderos rectos. Desde sus distintos puestos de trabajo, ayudaba en la medida de sus posibilidades a todo aquel que estuviera en apuros. Uno de sus mejores amigos afirma: “Fue un hombre caracterizado por su transparencia”.
Su acta de nacimiento dice: Alejandro Marcos Eduardo Espinosa Medina. La costumbre llevaba a los padres a bautizar a sus hijos con varios nombres del santoral. Nació en Santiago de Querétaro el 28 de febrero de 1945, en una familia muy apreciada por sus valores.
Realizó estudios de primaria y secundaria en el Instituto Queretano, con los hermanos Maristas. Era un chamaco de doce años cuando comenzó a tocar el violín y logró su ingreso a la Orquesta de Cámara de la Universidad Autónoma de Querétaro, institución donde cursó el bachillerato y la licenciatura en Derecho. La musa de la literatura le hablaba al oído, de ahí que en 1963 se volvió director del periódico estudiantil “Aureo”, y al ser electo presidente de la Sociedad de Alumnos del Instituto de Bellas Artes de la UAQ, a los diecinueve años, comenzó a desarrollar una enorme capacidad de escucha y percepción de lo acontecido a su alrededor. Su sensibilidad social era extraordinaria.
Tenía veinte años cuando ofreció una ponencia sobre los medios de comunicación universitarios en el Congreso Nacional de la Asociación Nacional de Prensa Estudiantil. Ya mostraba aptitudes de liderazgo y un carisma único. Fue secretario de la Sociedad de Alumnos de la Escuela de Leyes (no era Facultad) de la UAQ.
A lo largo del tiempo, participó en decenas de cursos y seminarios que lo mantuvieron a la vanguardia en temas sociológicos y administrativos.
Ocupó puestos ejecutivos en el área de recursos humanos de empresas como Massey-Ferguson, Black and Decker, Grupo Spicer, Productos de Leche y Fábrica de Tractores Agrícolas. En estas compañías, recibió la invaluable guía de grandes maestros de vida, como Carlos Buchanan, Juan Alberto Quesada y Abel Baca, industriales con formación humanística y filosofía de altos vuelos.
La música llenó su espíritu adolescente; atravesó la juventud tocando guitarra y violín en la Estudiantina de la UAQ, grupo entrañable de amigos de alma bohemia, con los que viajó a diferentes rumbos y se presentó en escenarios, calles y plazas.
Formó una familia con María del Consuelo Lámbarri Malo, cuyo hogar se encuentra en Bosques del Acueducto. Sus tres hijos son Alejandra, Pedro y Andrés.
Muy joven, se interesó en temas muy disímbolos, como la Organización Ejidal, que le llevó a cursar un diplomado en la Secretaría de Agricultura y Ganadería para promover la productividad de los ejidos. También estudió la planeación administrativa de las delegaciones del Instituto Nacional de la Juventud Mexicana, en instalaciones del IMSS.
A la larga, todas estas enseñanzas fueron herramientas para realizar un trabajo construido a fondo en la iniciativa privada y también en el sector público.
Fue presidente en el estado de la Asociación de Ejecutivos de Relaciones Industriales, presidente de la Cámara Nacional de la Industria de la Transformación y de la Confederación Patronal de la República Mexicana.
Fue socio fundador y director del área de estrategias empresariales del Gabinete Corporativo, S.C., organismo a partir del cual fue un gran promotor de la llamada “Nueva cultura laboral”.
Por su don de gentes, su amable personalidad, su interesante conversación, atraía la atención en un grupo de amigos. Esas cualidades le llevaron a dar lo mejor de sí en el servicio público.
Fue agente del Ministerio Público en el municipio de San Juan del Río, delegado estatal del Instituto Nacional de la Juventud y de la Secretaría Federal del Trabajo. En el Gobierno del Estado, tuvo a su cargo la Secretaría de Administración del periodo de don Rafael Camacho Guzmán; más adelante la Secretaría de Planeación y Finanzas y la Secretaría de Gobierno durante la administración del doctor Enrique Burgos García, de cuya amistad y cercanía disfrutó toda la vida, tal como ocurrió con la notaria Sonia Alcántara Magos. Fue titular de la Secretaría Técnica del periodo de José Calzada Rovirosa.
La educación fue una de sus pasiones. Ejerció como profesor en la Escuela Comercial Heriberto Jara en 1970, siendo muy joven; después, en la Preparatoria de San Juan del Río. Sus materias: Sociología y Teoría de la Música. Más adelante, sus conocimientos sobre capacitación y adiestramiento en las empresas se convirtieron en cursos que ofreció en el Campus Querétaro del Tec de Monterrey y en la Universidad Autónoma de Querétaro.
Tuvo un curriculum vitae extenso, que dibuja a un hombre en plenitud, que hizo suyas las mejores lecciones de sus mentores y que puso todo su empeño en la construcción de una sociedad más sana. Su paso por el servicio público es intachable. Si se pudieran enumerar sus cualidades, serían: honestidad, respeto a los demás, capacidad de gozar cada encomienda que se presentó en su camino.
Su ciclo de vida concluyó el 27 de enero de 2021. Al día siguiente, el cronista del Estado, Andrés Garrido del Toral, publicó en el periódico Plaza de Armas: “Hoy, que los tiempos políticos están marcados por la difamación y las órdenes de aprehensión, justificadas e injustificadas, mucho agradecemos a Espinosa Medina su ejemplo, decencia, educación, honestidad y enseñanzas. ¡Misión cumplida, señor! Nos vemos arriba, amigo”.
El 14 de julio de ese mismo año, seis meses después de Alejandro Espinosa, el vate Garrido haría su arribo a la morada celestial.







