Una forma muy adecuada de ilustrar la vida de una persona que está en problemas es usar la imagen del desierto.
Es como un viajero que entra al desierto sin brújula, sin mapa y sin provisiones. Al principio, puede que confíe en su instinto y piense que sabrá encontrar el camino. Pero, pronto, el calor lo abruma, el agua se le acaba y la sed lo consume, y la arena infinita le hace perder toda orientación, no sabe para donde ir, entra en pánico y angustia y piensa que no hay salida.
En el desierto hay aridez, se está rodeado de vacío, hay muchos peligros, no hay señales de vida, no hay sombra donde refugiarse, ni ayuda de ningún tipo. Parece que todo está perdido.
Así estamos, a veces, en ciertos momentos de la vida y te voy a decir la causa por la que se entra al desierto. Tal vez estés en uno de esos momentos, pero no te preocupes, porque también te voy a decir cómo salir del desierto.
Tu destino no es el desierto, el destino que Dios estableció para ti es de victoria, de prosperidad y de muchos frutos.
Se entra en el desierto cuando las personas llevan a cabo acciones o toman decisiones sin acordarse siquiera de consultar a Dios o sin esperar su respuesta, y después se enfrentan con problemas graves que no pueden resolver o que les causan graves conflictos. Y entonces dicen, “es que esta es la voluntad de Dios que esté yo aquí en medio del desierto en este problema”, o tal vez dicen “es que Dios no se ocupa de mí”. Pero la realidad es que ellos no se ocupan de Dios, no asumen su responsabilidad y muchos hasta le echan la culpa cuando vienen las consecuencias.
Tal vez te encuentres ahora mismo en esta situación, pero la buena noticia es que aun en esas circunstancias, la gracia de Dios está lista para abrazarte. Dios está esperando que le busques y cuando lo hagas te traerá la respuesta.
Estando en el desierto, el Rey David escribió: “Oh Dios, tú eres mi Dios; de todo corazón te busco. Mi alma tiene sed de ti; todo mi cuerpo te anhela en esta tierra reseca y agotada donde no hay agua.” (Salmos 63:1)
Aunque sea tarde, no te aferres a tu error. Reconócelo y arrepiéntete de haber actuado solo. Voltea y busca a Dios, busca su dirección y su respuesta.
Después, cree la respuesta, declara la respuesta, dale gracias por la respuesta y sigue sus instrucciones. Entonces Dios te va a dar agua, te va a sacar del desierto y te va a dar una victoria total.
Ahora ya sabes cómo salir del desierto y encontrar el destino que Dios tiene para ti.
La gracia y el poder de Dios se utilizarán cuando tú te quebrantes y busques al Señor, para bendecir tu vida, la de tu familia, tu trabajo, tu iglesia, tu ciudad y tu nación.
Pastor Dr. Jorge Cupido
@jorgecupidoqro
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