Celestina vivía en la colonia La Hormiga Roja. Estaba muy estresada, pues desde la madrugada había estado trabajando. Sus compañeras estaban preparándose para irse a dormir. Ella no había tenido tiempo para comer.
Le preocupaba la temporada de huracanes y tormentas. Su despensa estaba casi vacía, las altas temperaturas habían provocado múltiples decesos y ahora, con los huracanes en puerta, los problemas se agigantaban.
Celestina es una hormiga muy profesional: estudió licenciatura en informática, especializándose en robótica e inteligencia artificial, con otra carrera en contabilidad, estudio de mercado y producción. Además, un posgrado en colonias autosustentables. Estaba pensando hacer un doctorado en psicología, pero por ahora debía atender los problemas de la colonia.
La reina había observado el buen trabajo de Celestina: confiaba en ella para diseñar los cambios en la colonia La Hormiga Roja. El tiempo apremiaba. La reestructuración no sería solo en lo material, cambiarían algunas reglas. La obra era urgente, pues el año anterior habían sufrido inundaciones en algunos departamentos, que ocasionaron una tragedia.
La reina citó a su gabinete. En la mesa de juntas, los súbditos anotaban lo que la reina quería. Debían cumplir sus órdenes, a riesgo de ser expulsados.
─Señorita Celestina, usted será la responsable de la reestructuración de la colonia. Forme el mejor equipo de trabajo, tendrán que viajar lejos. Su misión será traer los materiales adecuados para fortalecer la colonia. Me han informado que los humanos tienen varias obras en proceso en lo que llaman Centro Histórico. Hagan un listado de lo que necesitan para que seleccionen lo mejor.
La colonia La Hormiga Roja estaba ubicada en un predio que en otros tiempos fue un famoso balneario ubicado frente al río Querétaro. Se llamaba María Josefa.
La temporada de huracanes se acercaba, quedaba muy poco tiempo. La reina seguía dando órdenes. Celestina seleccionaría a los mejores prospectos para el éxito de tan importante misión. Formaría diez equipos con veinte miembros cada uno.
Después de la reunión, Celestina dialogó con los miembros que había seleccionado. Sabían que no era un trabajo fácil, pero de ellos dependía la seguridad de la colonia. Por fortuna, eran seres con muy buena educación: trabajadores, leales, responsables, conscientes de la importancia de la comisión a su cargo.
El jueves, los equipos estuvieron listos para iniciar el trabajo. Celestina había consultado el estado del tiempo. Lo más probable sería que lloviera a partir de las cinco de la tarde, no habría problema. Encontraron una obra en Avenida Universidad, tendrían cuidado de no ser aplastadas por la gente.
Las horas pasaron con rapidez, los equipos habían desempeñado un trabajo excelente, el material recopilado era de primera. Los albañiles iniciaron su labor, ahora solo dos equipos saldrían, para no ser pisoteado por ellos. Pareciera que todo marchaba a la perfección, sin embargo, en la vida nada está seguro: un joven albañil se resbaló, tirando la cubeta de mezcla, Celestina se tapó la boca para no gritar, miró al cielo pidiendo un milagro. El equipo logró meterse en el recoveco de un muro, salvando la vida. Un suspiro colectivo se escuchó, por esta vez la habían librado.
─Es necesario un descanso ─dijo la directora de semejante odisea.
Esperarían la hora del almuerzo de los albañiles, para continuar su trabajo.
Las hormigas observaban su ritual. Ellos hicieron un fogón acomodando tres piedras, prendieron lumbre con varas y pedacitos de madera desechable. El comal era la tapadera de un tambo, donde pusieron a calentar los deliciosos tacos que las esposas o madres habían preparado.
Compartieron lo que habían llevado, felices disfrutaban el rico almuerzo. Las hormigas rojas habrían querido que las invitaran.
Aprovecharon el tiempo extrayendo el material que necesitaban. Satisfechas con su valioso cargamento, regresaron a la colonia. ¡Justo a tiempo! Una tormenta acompañada de granizo había iniciado.
Durante una semana se dedicaron a trabajar. Nadie salió, había alimentos y material suficiente para reconstruir el sesenta por ciento de la colonia.
La reina felicitó a Celestina por la eficiencia del trabajo. La siguiente semana irían por el material faltante.
Los equipos salieron temprano, ya que los materiales estaban un poco lejos. Eran las diez de la mañana cuando llegaron al lugar indicado. No había albañiles, su presencia fue requerida en Paseo 5 de Febrero. Estaban felices, en cuatro horas terminaron de reunir los materiales. Regresaron a la colonia La Hormiga Roja con su valioso cargamento. Solo Celestina y sus dos amigas de confianza se quedarían a recoger un poco de tabique rojo.
Habían terminado de recolectar tres bolsas del preciado material rojo, cuando de pronto se desató un fuerte viento, las hormigas fueron barridas, cayendo en una vieja cubeta con arena. Estaban asustadas y lo peor estaba por llegar.
Las nubes se pusieron de color gris oscuro, se oían truenos y relámpagos. Lo inevitable llegó, una gran tormenta caía en el Centro Histórico de la ciudad de Querétaro. El río estaba a punto de salir de su cauce, las calles rápido se inundaron. El conductor de una camioneta, tratando de no quedar varado, aumentó la velocidad. Entonces, cual tsunami, la cubeta salió disparada, quedando dentro de la camioneta junto a unos barriles.
Celestina y sus amigas se abrazaron, pensando que sería el último día de su vida. El conductor dio vuelta en Ezequiel Montes, que parecía un río. Muchos autos estaban varados. Como pudo, el conductor llegó hasta Constituyentes, tenía que hacer una entrega en un Sanborns, trató de acercarse a la tienda, pero un auto fuera de control chocó con él, quedando atravesado en el camellón.
Las esperanzas de salir con vida se agotaban.
Patrullas, bomberos, ambulancias, llegaban para ayudar a la gente.
Un fuerte golpe en la camioneta provocó que la cubeta saltara y quedara en una patrulla que se dirigía a la avenida 5 de Febrero. Pasaría cerca de la colonia, pensó Celestina. Justo cuando se acercaba, pasó por un gran charco, mojando a los policías y botando la cubeta.
¡Increíble, pero la cubeta quedó a la entrada de la colonia La Hormiga Roja!
Las tres chicas fueron recibidas como heroínas.─¡Escribiré una novela! ─dijo Celestina






