jueves, mayo 14, 2026
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Elegir camino antes de caminar – Teresita Balderas y Rico

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Descubrimientos, desastres, éxitos, avances tecnológicos… la vida en este siglo XXI resulta demasiado movida. El día no es suficiente para realizar los compromisos profesionales, sociales, de actualización cognitiva, la convivencia familiar. La carga es pesada, poco tiempo queda para dedicarlo a la atención personal.

En este ir y venir, de pronto perdemos el sentido de pertenencia. Es bueno no estar atado, pero también es necesario crear un lugar donde se pueda estar un tiempo en completa armonía consigo mismo, disfrutar la paz del silencio y reencontrarse con su yo interno.

Para comprender el sentido de pertenencia, la memoria tendrá que viajar al pasado, para traer a un presente parte de la historia de vida de aquellos años.

Conversando con una amiga, tocamos el tema del sentido de pertenencia, ya que cosas similares han sucedido en nuestras vidas. Tal vez por eso nos comprendemos y entendemos muy bien.

─Soy como el ave que detiene su vuelo, cansada de tanto volar. Lo hace al encontrar el árbol cuya sombra refresca y oxigena sus pulmones. El verdor de sus hojas ofrece paz y serenidad. El ave, con nuevas fuerzas, reanuda su vuelo, feliz de saber a dónde se dirige ─dijo entusiasmada mi amiga Susy.

─El sentido de pertenencia ha estado arraigado a mi vida desde que estuve consciente de él. Al nacer, ignoramos los caminos que se abrirán en nuestra vida. Si en la niñez tenemos el amor de los padres, una casa donde vivir, alimentos, lugar y tiempo para jugar, nuestra vida será maravillosa.

─Bueno, Natalie, a nosotros nos correspondió desarrollarnos en la etapa del “Estado de bienestar”. Aos padres ilusionados hacían lo posible para enviar a sus hijos a la escuela, con la esperanza de que tuvieran una vida mejor a la de ellos.

 Continuamos interesadas en el tema del sentido de pertenencia, que nos permite amar, respetar el país, estado, lugar donde vivimos, al considerar ese espacio como propio. La historia de nuestra vida se está desarrollando dentro de esa área, durante el tiempo que vivamos en ella.

En la temprana niñez, poco se conoce de clases sociales, simplemente éramos muy felices, yo pertenecía a la casa de mis padres y ella me pertenecía, en ese momento no me veía fuera de ella. Era mi espacio, mi tiempo, mi mundo.

Pocos años después, comprendí que existían otras formas de ver la vida. A los seis años hice una pausa, para autoasignarme la responsabilidad de un adulto. Por circunstancias dadas, aprendí a cocinar a esa edad. Lo relevante de este espacio en mi vida fue haber descubierto que al cocinar y alimentar a mis hermanos nacía una emoción especial que cobijaba mi ser. Esta responsabilidad agudizó mis sentidos, la madurez en lo racional y lo emocional, que se desarrollaban con mayor rapidez.

Más tarde comprendí que los aprendizajes se dan con mayor facilidad durante la niñez. Es imprescindible que los padres demuestren ante sus hijos actitudes donde estén implícitos los valores universales, los que serán importantes en el desarrollo de la educación familiar, escolar, que a su vez serán el andamiaje en la construcción de la historia de una vida digna. 

La buena educación puede salvar al mundo de la barbarie en la que está viviendo.

Nuestro amado México está sufriendo lo indecible.

El terror se vive día a día, en varias regiones del país. Están solos, nadie los protege.

Es necesario investigar, pensar, reflexionar, analizar, antes de tomar las decisiones, que deben ser asertivas, para elegir el camino correcto, no el equivocado. Las personas que logran este cometido tienen mayores posibilidades de éxito.

El carácter se forja a través de los retos que nos imponemos. Alcanzarlos nos produce felicidad, entonces comprendemos que cualquier proyecto debe ser cuidadosamente planeado. En este caso, el diagnóstico fue correcto porque hubo investigación, análisis, reflexión, estudio de mercado, viabilidad, factibilidad; de lo que estaba en marcha en ese momento y, calculando un futuro mediato.   

Cuando se realiza una actividad sabiendo que será benéfica no solo en lo personal sino para beneficio social, surge un bienestar que nos hace amar a la humanidad. Nos sentimos fuertes, capaces de crear historias diferentes: que construyan no destruyan.

Por las mañanas salgo al patio, veo a mis árboles y macetas ofreciendo su belleza. Me siento feliz, agradezco por un día más de vida, por ser y estar.

Necesitamos tener claro nuestro estado de pertenencia, ser copartícipe de la comunidad humana. En este mundo caótico, es necesario ser y pertenecer a la familia, relacionarse con las artes, crear empatía para conocer y entender la grave situación en que viven millones de niños y jóvenes.

Cuidemos nuestro entorno, no demos como herencia a nuestros nietos un país destruido.

Analicemos lo que nos informan, para que sea lo más verídico, lo que comunicamos.

Parafraseando a Séneca, gran filósofo griego: “Una mala información resulta más dañina que la ignorancia”

Tratemos de recuperar las buenas actitudes sociales, en aras de adentrarnos a la tecnología como creadores, no solo como espectadores.

Seleccionemos cuidadosamente el camino que nos gustaría caminar.