lunes, febrero 16, 2026
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Damas y caballeros

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Jorge Hernández Palma
Su legado

Un hombre que supo vivir con alegría, una persona que enfrentó las penas con actitud positiva, en estos tiempos llamada resiliencia, y que valoró todo lo bueno que se presentó en su camino. A esos tiempos de ventura se aferraba en sus conversaciones y con ellos armaba pláticas con moraleja o final feliz. Jorge Hernández Palma charlaba con sabrosura, dejando en los oyentes un mensaje de optimismo, como gotas de perfume que envuelve la belleza de una mujer joven o el aroma de algún muchacho que mira el futuro como una promesa. 

Tuvo el acierto de escribir sus memorias, tituladas Charlas con mi bastón. En el prólogo de este libro, el maestro Raúl Iturralde afirma: “Encontrar pistas de la vida de los personajes de la política y de la burocracia del Estado nos permite mirar lo interpretado y conocido desde la memoria de un ser humano sonriente, que gracias a su humor determinante y alegre nos convida para que esta historia de vida sea conocida desde aristas y ángulos de colores”. 

Nació el 16 de diciembre de 1931, en una casa de la Calzada de la Viga, en la Ciudad de México. Su padre tenía un autobús de pasajeros que cubría la ruta México-Querétaro-San Luis Potosí. Era 1940 cuando el niño viajaba con su familia en el autobús “y en un momento inesperado se abrió la portezuela y caí sobre el camino de terracería y en ese incidente las ruedas traseras destrozaron mi pierna izquierda, que tuvo que ser amputada. La operación estuvo a cargo del cirujano Esteban Paulín González”.

Un accidente de este tipo bastaría para llenar de amargura el alma de un chico. No era el caso. “Tuve necesidad de usar un par de muletas que dominé, casi a la perfección, ya que con ellas aprendí a correr; a jugar futbol, béisbol, frontón; a nadar, montar burro y caballo”.

Ocho años después, la familia se mudó a vivir a Querétaro. Con el tiempo, adquirió una prótesis y con ayuda de su bastón pudo andar en bicicleta.

Era un niño cuando comenzó a cantar. Compitió en un concurso de la XEW y ganó el primer lugar con la canción “Estrellita”, de Manuel M. Ponce. A lo largo de la vida, alegró las reuniones de amigos cantando y grabó nueve discos compactos, que contienen más de 150 canciones de autores mexicanos.

Estudió la carrera de Derecho en la Universidad de Querétaro. En el año 1958, la institución vivió una crisis provocada por la muerte del primer rector, coronel Juan Álvarez Torres. En su lugar, el Gobierno del Estado decidió nombrar al médico José Alcocer Pozo; los presidentes de las sociedades de alumnos apoyaban al abogado Fernando Díaz Ramírez, quien ya llevaba ocho años prácticamente al frente de la casa de estudios superiores. 

Hernández Palma perteneció al Comité de Huelga que inició sus actividades el 16 de enero, junto con Álvaro Arreola, presidente; Salvador Septién Barrón, vicepresidente; Hugo Terán Rodríguez, secretario general; Jesús Galván Perusquía, finanzas; Jaime Murúa Floranes, relaciones exteriores; prensa y propaganda, Rogelio Garfias Ruiz y Alejandro Maldonado; Antonio Jaramillo, encargado de resolución de conflictos. Hernández Palma llevaba actas y acuerdos.

Escribió: “Decidimos ir a huelga contra el gobierno, a quien haríamos saber nuestras peticiones y que no claudicaríamos en ningún momento. De inmediato se formó una guardia permanente en la universidad y en el Instituto de Bellas Artes; se colocaron banderas rojinegras en todas las puertas”.

El movimiento tuvo el apoyo de la sociedad civil; los taxis y los autobuses urbanos, además de conductores de sus propios automóviles, paralizaron la circulación vehicular en el primer cuadro de la ciudad. “El Amanecer”, periódico local, les brindó su apoyo, así como los demás diarios de la cadena García Valseca en toda la república. La prensa estudiantil del país apoyó a los huelguistas. Pronto, surgió el Comité Femenil Pro Huelga de la UAQ. El Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación hizo público su apoyo. Las peticiones de los estudiantes se incrementaron: “La discusión más larga fue sobre el tema principal, que se hiciera autónoma la universidad”.

Querétaro era una ciudad tradicional y acogedora. Hoy, los trámites oficiales se realizan en oficinas; el 25 de enero de 1958, los huelguistas se reunieron en la casa del gobernador, ubicada en la esquina de Arteaga y Juárez. La cita fue a las 9 de la noche, hora en que la ciudad se sumergía en la penumbra de las sombras y las calles quedaban desiertas; las familias se encerraban en casa temprano. En la reunión, se tocaron los temas de los pliegos petitorios de los huelguistas. El comité presentaría en breve un proyecto de Ley Orgánica con nuevas normas. 

Hernández Palma había conseguido unas tijeras para, llegado el momento, cortar la corbata del gobernador como un símbolo físico del triunfo. Los jóvenes habían cortado con antelación sus propias prendas. En aquel momento de nuestra historia, los estudiantes de Leyes llevaban traje y corbata a lo largo de su carrera universitaria.

Sobre este conflicto se han publicado varias reseñas. Fue un acontecimiento tan importante, que marcó el final de una época y el inicio de la modernidad. Dice Palma: “…en la puerta [de la casa de Gorráez] estaba un señor que me buscaba. Se trataba del gerente de Teléfonos de México, quien me pidió hablar a solas, por lo que nos pasamos a la acera de enfrente. Me informó que una de sus telefonistas había escuchado una conversación entre el Secretario de Gobernación y el Gobernador, donde le instruía a terminar rápidamente el conflicto, por la visita que haría a Querétaro López Mateos, el candidato del PRI a la Presidencia de la República”.

Hernández Palma trabajó para el Gobierno del Estado durante 37 años, de los cuales 21 fue director del Registro Civil a nivel estatal. Fue nombrado representante de la Zona Centro, integrada por los estados de México, Morelos, Guerrero, Guanajuato, Querétaro y el Distrito Federal. Tuvo oportunidad de iniciar un programa de acercamiento del Registro Civil a los centros de población, así como a los hospitales públicos y privados.

Debemos a funcionarios como Hernández Palma los inicios de los sistemas para registrar nacimientos, matrimonios, divorcios y defunciones. Las bodas civiles dirigidas por él se convertían en una celebración única, pues el director ofrecía un discurso a la vez profundo y ligero, con notas de alegría y buenos deseos para la pareja; las palabras del oficial quedaban resonando en las mentes de los asistentes durante largo tiempo.

Durante algún tiempo laboró en el Departamento del Distrito Federal. También fue profesor en la Universidad Autónoma de Querétaro y en la UNAM.

Contrajo matrimonio con la señorita María del Carmen Olvera Flores, “el primer amor de mi vida”, el sábado 18 de marzo de 1961. “Fue mi esposa durante 34 años, los más felices de mi existencia, porque Carmen fue la compañera ideal que Dios nuestro Señor puso en mi camino. Procreamos tres hijos: una mujer y dos hombres: María del Carmen, Jorge y Carlos Hernández Olvera. Tras una penosa enfermedad, Carmen, la madre de mis hijos, falleció. En ese momento, se terminó en mí todo; mi vida normal se acabó. Mi memoria, puesto que mi memoria era ella. Solamente me quedó su acendrado amor, sus recuerdos de tantas cosas, de su carácter, su alegría interminable, el amor que siempre mostró a sus hijos, a su familia y a sus amistades. A partir de ese momento, viví los tres años más terribles de mi vida”.

Más adelante, conoció a María del Carmen González Marquís, quien llevaba ya doce años de viudez. Después de nueve meses de feliz noviazgo, se casaron. 

Como socio del Club Rotario, participó en sus programas a favor de la comunidad, organizando conciertos donde se presentaba con músicos profesionales. También acudió al llamado de Damas Azules de Cancerología, del Centro Santa María del Mexicano, y de otros organismos. 

A los 92 años bien vividos, con lucidez mental, en las apacibles horas de sueño, murió el 9 de septiembre de 2024.