Alberto Parás Pagés. Amor al prójimo, creación de instituciones
“Hay dos cosas que definen la grandeza de un hombre: la primera es tener la capacidad de saberse limitado y reconocer que necesita de Dios y de los demás. La segunda es soñarse ilimitado y con la posibilidad de mejorar el tiempo y el espacio que nos tocó habitar”. Alberto Parás.
Este hombre de sonrisa luminosa encontró su sentido de vida cuando era joven, siguió su intuición y con inteligencia dedicó varios años al trabajo fecundo. A partir de su madurez, empeñó sus esfuerzos a la creación o fortalecimiento de instituciones a favor de la comunidad.
Sus padres, nacidos en España, se establecieron en la Ciudad de México, lugar de nacimiento del pequeño Alberto, que vio la primera luz el 7 de junio de 1933.
A lo largo de los años, los tres hermanos Parás Pagés se mantuvieron cercanos, compartiendo los acontecimientos importantes y también los cotidianos. El mayor, de nombre Antonio y la menor, María del Carmen, recibían todos los días la llamada telefónica de Alberto. Su amor por la familia le llevó a formar la suya, creada con su amada esposa, Leticia García Cantú, quien compartió sus anhelos y le instó a lograr sus sueños. Los hijos de ambos son: Pedro, Alberto, Leticia, Pablo, Pilar y José Antonio.
Con habilidades natas para comprender los números y la administración de negocios, estudió la carrera de Contabilidad en la UNAM. Entre sus mentores, mencionaba a don Agustín Rosemblueth y a Rogerio Casas Alatriste Hernández.
Fundó un despacho contable, con un modelo de equidad según el cual, entre la persona que obtenía los mayores ingresos y el que recibía el salario de menor cuantía, había una diferencia de 10 a 1. Este esquema empresarial definió su manera de trabajar creando empleos y procurando el desarrollo de todas las personas vinculadas a su firma. Dicen sus hijos: “Soñó un mejor modelo de empresa y lo hizo realidad: Parás Ulibarri y Asociados fue un modelo más justo en donde las decisiones se compartían, las diferencias se achicaron y el deseo por compartir hizo grandes a los socios. Innovador modelo de empresa especializada y multidisciplinaria”.
Por otra parte, su compromiso social le llevó al trabajo honorífico en diversas instituciones.
En 1989 recibió el Premio Nacional de la Unión Social de Empresarios Mexicanos, organismo fundado en 1957, que se define como: “una sociedad civil comprometida con una sociedad justa e incluyente. Basada en el Pensamiento Social Cristiano, ponemos a la persona en el centro de la actividad económica y promovemos la Responsabilidad Social Empresarial para formar la conciencia social de empresarios y colaboradores”.
Al cumplir 57 años, decidió dejarse de tiempo completo a lo social. Dicen sus hijos: “a tal grado, que en abril de 1995, entregó un año de servicio a la Comunidad Agropecuaria Industrial ESA (Kibutz en Querétaro), obra en la que seis años antes participó como fundador”.
A partir de ese año, Alberto Parás y su esposa Leticia decidieron establecer su residencia en Querétaro. Fue vocal de la Junta de Asistencia Privada y participó en la creación de organismos, entre los que destacan: Proeducación Juan Pablo II, Arcoíris Juntos Contra el Olvido (para pacientes de Alzheimer), El Arca de Querétaro y Fundación Merced de Querétaro.
El Tecnológico de Monterrey, de manera anual, otorga el Premio Eugenio Garza Sada a personas y organismos cuya contribución al desarrollo de México ha sido sobresaliente; don Alberto recibió esta distinción en 1999.
En el sitio web de este premio, se describen las razones por las cuales un jurado conformado por grandes empresarios, académicos y pensadores entregó el galardón al filántropo: “El Lic. Alberto Parás Pagés es un sobresaliente especialista en el área fiscal quien, desde ese ámbito de números y tecnicismos fiscales, ha sabido reflejar su profunda convicción por el bienestar social. Entre sus más destacadas aportaciones está el libro “Impuesto al Valor Agregado”, que se convirtió en una referencia obligada y en la base para la ley que posteriormente lo instituiría en México. Todavía en edad productiva, decidió retirarse voluntariamente de su actividad profesional para dedicarse totalmente al servicio social en apoyo a las comunidades más necesitadas y marginadas. Hasta la fecha de otorgamiento de este Premio, presidía o participaba en casi veinte organizaciones que promovían el desarrollo social”.
Don Alberto fue fundador de treinta organizaciones de la sociedad civil, consejero de más de cuarenta y presidente de varias de ellas. Una de sus instituciones más amadas fue Fundación Merced, A. C., de la cual fue el primer presidente, cargo que ocupó durante trece años. Más tarde, gracias a su iniciativa y poder de convocatoria, surgieron Fundación Merced Querétaro, ya mencionada, y Fundación Merced Coahuila.
Luego de ver sus planes realizados y con metas alcanzadas, murió el 17 de junio de 2025 a los 92 años.
“Alberto Parás es un ejemplo de un hombre que ha dejado huella; en lo personal, como un gran amigo, marido y excelente padre; en lo social, en miles de niños, enfermos y discapacitados, mediante instituciones que ha creado o apoyado, entregando su tiempo, dinero y talento”. Pedro y Pilar Parás.







