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Damas y caballeros

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Andrés Estévez Nieto
Su legado

José Andrés Estévez Nieto nació en la ciudad de Querétaro, el 18 de agosto de 1959. Hijo del matrimonio formado por don José Estévez Casas, que en paz descansa, y doña Nélida Nieto Rodríguez; ellos dos nacieron en Ourense, en el sureste de Galicia, España. El abuelo materno de Andrés tuvo un hotel en O Carballiño, Ourense, en donde Andrés y sus hermanos, Antonio y Nélida, pasaban las vacaciones de verano. 

Estudió primaria y secundaria con los hermanos Maristas en el Instituto Queretano, de donde pasó a la preparatoria San Javier, de la misma orden religiosa. En 1978, cuando inició sus estudios profesionales en la Unidad Querétaro del Tecnológico de Monterrey, Andrés tenía diecinueve años y ya contaba con una trayectoria brillante en los medios electrónicos e impresos de nuestra ciudad. Formó parte de la primera generación de la licenciatura en Ciencias de la Comunicación, de la cual se graduó en diciembre de 1981. 

Tuve el privilegio de seguir sus pasos en la misma carrera, así que fui testigo de sus logros. En aquel tiempo, Andrés participó como actor en la filmación de una película estudiantil, titulada “La niña Esperanza”,  al lado de Gina Nardoni, Silvia García Camacho y otros alumnos. También participó como protagonista en una producción cinematográfica que adaptaba la novela Pedro Páramo, de Juan Rulfo. Durante esos años, Estévez combinaba el estudio con sus colaboraciones en programas de noticias, además de comentar eventos deportivos. Era fiel seguidor del equipo Gallos Blancos. 

Como empresario, participó desde joven en los negocios de su familia, dedicados a la hotelería, pero su mayor pasión fue el periodismo. Siendo un adolescente de trece años, llevado por su curiosidad e inquietud, por primera vez participó en un programa de noticias, difundiendo los resultados de encuentros deportivos. En aquel tiempo, el gerente de la estación Radio Ranchito, don Salvador Rosiles Razo, invitó al muchacho a participar en el programa conducido por Álvaro Rico. A la postre, Álvaro y Andrés se volvieron compadres. 

Durante cincuenta años, fue cronista, reportero, columnista y conductor de radio. Comentaba y narraba partidos de futbol y corridas de toros. En 1998, fundó el periódico semanal Magazine de Querétaro, que creció hasta convertirse en la plataforma digital andresestevez.mx/magazine, que incluía un canal de televisión por cable con cobertura las 24 horas del día y una edición impresa. 

Durante los últimos quince años de su vida, fue titular del noticiario “Así sucede”, de la estación Radar News, de FM. Este medio publicó su obituario en su plataforma digital: “Desde sus primeros pasos en la radio, su dedicación fue evidente. Antes de terminar la preparatoria, ya había logrado participar en la televisión y en el periódico escolar. Con humildad, Andrés siempre recordó sus inicios como asistente técnico, jalando cables, antes de convertirse en la figura emblemática que todos admirábamos”.

Vestía de manera formal, aunque era sencillo de trato; tenía un don de gentes natural, que le llevó a hacer amigos en muy diversos campos. Su voz era clara, con una dicción educada para los micrófonos, que le acompañaron casi toda su vida.

El 1° de octubre de 2015, en la Casona de Xicoténcatl de la Ciudad de México, el Senado de la República le otorgó un galardón por su trayectoria, a través de la Comisión especial para dar seguimiento a las agresiones contra periodistas y medios de comunicación, y de la Asociación Civil Comunicadores por la Unidad. El periodista queretano declaró en esa ocasión que ese reconocimiento era inmerecido. 

En 2017, recibió la medalla Ezequiel Martínez Ángeles al Mérito Periodístico, que le fue otorgada por la LVIII Legislatura del Estado, reconociendo así la calidad de su trabajo al difundir información de carácter político, social, económico y deportivo, tanto a nivel local como nacional. En el 2020, de nueva cuenta la Cámara de Diputados le otorgó otro reconocimiento. 

Sobre esos premios, Andrés insistía en entrevistas publicada en varios medios: “Los periodistas no debemos ser noticia. Nos dedicamos a dar información”. 

En entrevista publicada el 5 de octubre de 2015 por El Universal Querétaro, sin firma de autor, se lee: “Su voz deja escuchar un poco de jazz, su música favorita. Una luz natural ilumina su oficina, una luz que entra por un ventanal que exhibe gran parte de la ciudad. Con esa vista, jura, no hay espacio para aburrirse. Cuando tiene tiempo libre, lo ocupa para platicar con sus amigos y ver futbol”.  Sobre los cambios que él pudo apreciar en nuestra ciudad, afirmó: “…tiene una conformación socioeconómica que en nada se parece a la de aquellos años setenta. Hoy es un Querétaro pujante, democrático. Tenemos una sociedad plural, muy distinta a la que había entonces, cuasi conventual”.

Sobre la libertad de opinión, expresó: “Alguna vez escuché a un viejo maestro y empresario de los medios decir: ‘La libertad es un bien que se conquista, no uno que se otorgue’. Entonces, los periodistas tenemos que ejercerlo a plenitud. Hasta dónde y cómo, ya es cuestión de cada quien, porque todos tendremos una visión distinta de las cosas. Cuando recibí el reconocimiento [del Senado], el mensaje central de los oradores, en el que todos coincidimos, fue exigirles a las autoridades que se respete la libertad de expresión en todo el país, sobre todo en esos lugares violentos donde hay poder público, poder político, el poder del narco, de la delincuencia, crimen organizado, y en donde ejercer el periodismo es una auténtica aventura”.

Con espíritu de empresario, se hizo cargo por un tiempo de la Plaza de Toros Santa María, uno de los espacios más icónicos, en aquel tiempo, para la fiesta brava. También tuvo injerencia en negocios del ramo turístico y restaurantero.

A los 65 años, luego de enfrentar con valentía una enfermedad que le afectó los últimos cuatro años, murió el 12 de octubre de 2024, rodeado de su familia, en particular sus hijos José Andrés Estévez Montes y José Ramón Estévez Montes.

Sus seguidores en todos los medios externaron un dolor auténtico por su partida. Querétaro sufrió la pérdida de un hombre amable, un caballero que marcó un derrotero para sus colegas, una persona íntegra que se conducía con inteligencia, talento y sensibilidad.