Alejandro Von Waberer O’Gorman
Su Legado
Arquitecto, pintor, escritor, investigador de los valores y costumbres mexicanas, amante de su país, orgulloso de sus valores, promotor del arte, eterno enamorado de la belleza, Alejandro Von Waberer O’Gorman fue un hombre feliz.
Nació el 9 de octubre de 1941 en la Ciudad de México. Fue el menor de tres hermanos; nació luego de Patsy y Louis, todos ellos hijos de Margarita O’Gorman y Louis von Waberer, nacido en Zagreb durante el tiempo del Imperio Austro-Húngaro. Margarita era hija de Cecil O’Gorman, un irlandés, ingeniero en minas y artista plástico.
Durante la niñez, Alejandro se formó en una familia unida, amorosa y amante de las artes. Recibió una influencia decisiva de sus tíos maternos Juan y Edmundo. Juan le mostró el camino de la arquitectura, el diseño y la pintura. Edmundo le dio las primeras lecciones para convertirse en investigador de la historia y escritor.
El joven Alejandro estudió arquitectura en la UNAM, donde acudía lleno de orgullo a la Biblioteca Central, edificio icónico de la Ciudad Universitaria que luce maravillosos murales de la autoría de Juan O’Gorman, formados a base de piedras escogidas por el mismo artista en recorridos que hacía en todo el país. Alejandro recibió su título profesional en 1969.
En la década de 1960, en una fiesta de amigos conoció a Mela de la Mora, una muchacha preciosa que pronto se convirtió en su prometida; vivieron un noviazgo de varios años y se casaron el 19 de diciembre de 1970. Pronto llegaron los hijos: Kathy en septiembre de 1971 y Alex en enero de 1973.
Los primeros empleos del joven padre de familia fueron en el INFONAVIT y más tarde en la Comisión Nacional Bancaria de Seguros, como perito valuador y jefe de mantenimiento, cargos que ocupó hasta 1977, cuando renunció a un trabajo formal y se dedicó de lleno a la pintura.
Alejandro caminaba en hombros de gigantes: siguió los pasos del artista Juan O’Gorman, una de las figuras centrales en la historia de la plástica y la arquitectura mexicanas, cuya aportación a estas áreas tuvo reconocimiento internacional. Al morir el padre de Alejandro, el muchacho intensificó su cercanía con Juan, quien le ofreció compañía y consejo, como una figura paterna, una guía para la vida.
Juan O’Gorman, por su parte, volcó en su sobrino Von Waberer sus conocimientos de arquitectura y arte; le compartió sus secretos en las técnicas de pintura al temple y al fresco. En los últimos años de Juan, Alejandro se volvió su confidente y mano derecha; le acompañaba a vender su obra pictórica, al banco, a citas médicas y a lo que fuera necesario.
La familia Von Waberer de la Mora visitaba a los tíos Juan y Helen O’Gorman cada domingo, a la hora de la comida; gozaban de largas conversaciones y ayudaban a Helen en el cuidado de sus orquídeas. Kathy recuerda las tardes en que ella y su hermano se dedicaban a retirar los caracoles de las finas plantas. Los tíos O’Gorman pasaban las navidades y fechas importantes con la familia de Alejandro.
En esta etapa, Alejandro construyó para su mujer e hijos una casa en el barrio del Niño Jesús en Coyoacán, Ciudad de México, donde vivieron hasta el año 1987, en que por fortuna se mudaron a Santiago de Querétaro.
La muerte de Juan O’Gorman en 1982 había sido un golpe emocional muy fuerte para Alejandro, quien decidió comenzar una nueva etapa que fue muy prolífica, como investigador de la cultura, la historia y las tradiciones de México, que le llenaban de orgullo y fueron los temas centrales de su pintura de caballete, realizada en óleo sobre tela, principalmente.
La pintura de Von Waberer es meticulosa, tiene una composición basada en las reglas clásicas derivadas del uso del punto áureo; su paleta incluye colores muy vibrantes. Con su pincel, realizó homenajes a la flora, la fauna y la artesanía de nuestro país. En el año 2010, se dedicó de lleno a crear retratos de los próceres de la lucha por la Independencia y de la Revolución.
En coautoría con Mela de la Mora, publicó dos libros: El arte en la cocina mexicana y Fiestas de México. Para ilustrar estos volúmenes, pintaba cuadros y dibujaba viñetas, mientras Mela escribió las recetas de platillos que incluyeron en el primer libro, explicando en el segundo los orígenes de las costumbres de nuestro pueblo.
Trabajaban juntos y felices, tuvieron éxito en sus proyectos de arte y escritura y vieron crecer a sus hijos. Siguiendo el ejemplo de sus mayores y continuando una tradición familiar, Kathy y Alex estudiaron arquitectura; su alma mater fue el Campus Querétaro del Tec de Monterrey. Kathy contrajo nupcias en 1995 y con su nueva familia se mudó a Canadá en 1997; después vivieron en Los Angeles, California. Alex se graduó en 1996 y más tarde decidió aceptar ofertas de trabajo en Mallorca, España.
Alejandro y su esposa Mela de la Mora salían a tomar café todas las tardes, hasta el día de la muerte de ella, en 1999. Su pérdida causó al pintor un dolor muy grande. Sin embargo, echó mano de su talento, su creatividad y fortaleza espiritual para encontrar, una vez más, la alegría de vivir. Después de un tiempo de noviazgo, el 27 de mayo de 2001 contrajo matrimonio con Vicky Mejía, con quien vivió hasta su muerte. Vicky se dedicó a promover el arte de su marido, lo acompañó en sus gestiones para exponer su obra. En muchas oportunidades, tuve el privilegio de encargarme de los montajes, en distintas sedes.
En 2009, el artista publicó una segunda edición de El arte en la cocina mexicana, patrocinada por el Grupo Fomento Queretano. Tuvo la fortuna de contar con algunos mecenas que jugaron un papel preponderante en su vida al contribuir a su estabilidad económica. Tenía una disciplina inquebrantable, que le llevaba a colocarse frente a la tela ocho horas diarias, sin faltar a su tarea. Por otra parte, cuidó de su salud y cultivó amistades. Me consta su demostración de afecto a sus amigos de toda la vida; los invitaba a comer en ocasiones especiales abriendo las puertas de su casa, decorada con excelente gusto. Vicky recibía con cariño y comida deliciosa a quienes tuvimos el privilegio de tratar a esta pareja y colaborar con sus actividades.
Vicky dice que junto a su marido, pudo “viajar, conocer personas muy interesantes, gozar de la finura de su trato, recibir enormes demostraciones de cariño”. Ella conserva algunas obras suyas, como testimonio de estos años.
Alejandro von Waberer O’Gorman hablaba inglés como idioma materno, sabía hacer trucos de magia, tocaba la armónica y tenía una especial afición por el buen cine.
Recibió varios premios y reconocimientos, entre ellos la Presea Germán Patiño, otorgada por el Municipio de Querétaro.
El pintor tuvo la gran dicha de gozar la presencia amorosa de cinco nietos, a los que visitaba con frecuencia; dice Kathy: “pero sobre todo tuvo la capacidad de tener una relación profunda con cada uno a pesar de la distancia, para saber lo que les gustaba, para tener aventuras juntos. ¡Fue un gran abuelo!” Sus nietos son, hijos de Kathy: Patricio, Nico y Matías. De Alex: Rodrigo y Santiago. Pasaba temporadas largas con hijos y nietos en Los Angeles, California, y en Mallorca, España, que ellos atesoran: “Un viaje en especial que recuerdo fue el que Alex, mi papá y yo hicimos juntos para festejar sus setenta años. Diez días en Madrid y el sur de España. Mucho vino, muchas tapas, muchas horas juntos en el coche, muchas risas”, dice Kathy.
Murió el 28 de febrero de 2019 en Querétaro, a consecuencia de un infarto. Sus cenizas reposan junto a las de Mela en la parroquia del Perpetuo Socorro, en la colonia Carretas.







