jueves, mayo 14, 2026
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Damas y Caballeros / Por Araceli Ardón

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Cecilia Saviñón Tonti de Loría

Fue una mujer destinada a transformar la realidad para bien. Su misión más significativa fue enriquecer las vidas de los más necesitados, al mismo tiempo en que abría horizontes para sus alumnos y formaba una familia cuyos miembros han seguido sus huellas, para fortuna de Querétaro y de nuestro país.

Nació en Roma, el 22 de noviembre de 1920, hija de Theodora Philomena Tonti y de Adalberto Antonio Ramón Saviñón, originario de Hermosillo, Sonora. El padre, un diplomático asignado a la Embajada de México en Italia, la registró como ciudadana mexicana por nacimiento. Su fe de bautismo incluía los nombres Cecilia Ingeborg María de la Concepción. Su abuela materna se llamó Ingeborg.

Quizá inspirada en la santa que es patrona de los músicos, venerada en el día de su nacimiento, Cecilia estudió canto didáctico en el Conservatorio Santa Cecilia en Roma; también cursó estudios de literatura poética y dramática en el Instituto Martano, en la misma ciudad. En los Estados Unidos, estudió actuación y dirección teatral en Nueva York.

En Italia, se dedicó a la educación de jóvenes infractores en la prisión Regina Coeli, y de manera simultánea participó en la Federación de Jóvenes Universitarias de Italia, donde realizó diversas actividades de servicio social. Durante la Segunda Guerra Mundial (de 1942 a 1948) participó en la Asociación Femenina Iberoamericana de Nueva York para apoyar de forma voluntaria a familias en una escuela del Bronx.

Una vez de regreso a su patria, en la Ciudad de México ayudó a jóvenes en barrios marginales. En Campeche, participó en proyectos culturales cuyo fin era fortalecer el tejido social. Contribuyó a la fundación de una escuela primaria para niños sin recursos económicos.

En 1950, se casó con el doctor Juan Loría Eguiarte. Este matrimonio tuvo seis hijos: Cecilia, Lourdes, Juan, Yolanda, Arturo y Daniel.

De Cecilia, reconocida defensora de los derechos humanos, ya he publicado su semblanza. Conozco y aprecio a Juan y a Daniel, mi compañero de estudios. Todos son personas de bien.

Cuando sus hijos eran pequeños, la señora Loría fundó las Girl Scouts en Querétaro. En el terreno de los deportes, practicó el tenis. Formó el grupo infantil y juvenil de tenistas en el Club Campestre de Querétaro.

Como parte de la Junta Pro-Presos, visitaba el Centro de Rehabilitación Social de Querétaro para participar en la formación de las personas privadas de su libertad. Les daba cursos de lectura y escritura, enriqueciendo su estancia con libros escritos por los grandes autores de la literatura universal. Durante diez años, fue una activa participante de la asociación Mano Amiga, cuya misión es apoyar a familias vulnerables.

En las calles, doña Ceci y sus amigas veían a jóvenes adictos a sustancias ilícitas y dañinas. Les ofrecían comida, les daban funciones de títeres, les procuraban ropa y educación. Sin embargo, esta tarea no les pareció suficiente.

En 1982, con diversos apoyos, la señora Saviñón de Loría fundó Hogares Providencia de Querétaro, una asociación civil que se dedica a salvar de la drogadicción y el abandono a niños y jóvenes. Al día de hoy, 2026, tienen tres casas: dos en Hércules, Delegación Cayetano Rubio, y otra en Los Olvera, municipio de Corregidora. Pueden recibir a pequeños desde los cuatro años, que reciben apoyo psicológico, médico y educativo del mejor nivel.

Un elemento distintivo de HPQ es que procuran que los niños asistan a escuelas privadas, para que su educación sea la mejor, dentro de sus circunstancias. A diferencia de otras casas hogar, los residentes de HPQ pueden continuar viviendo en sus instalaciones una vez superada la mayoría de edad. En 2026, en los hogares viven seis jóvenes que cursan estudios universitarios.

La presidenta actual de esta asociación es Araceli Herrera, esposa de Juan Loría, quien ha preservado el legado de su suegra con inteligencia, disposición y capacidad de convocatoria. Una administración que ofrece resultados transparentes a la sociedad ha conseguido múltiples apoyos para estos niños que viven en un ambiente propicio para la educación y la formación en los valores humanos más nobles. Tienen casa, alimentación sana, juegos y las mejores condiciones posibles.

Dice su hijo Juan: “Dentro de las cualidades con que puede contar una mujer del talante de Cecilia, destacan su inmenso amor a Dios, que la llena de fe y paz en el alma y que contagia a todo el que esté cerca de ella; su sencillez y humildad, al reconocer que es un instrumento de Dios para hacer el bien; su fortaleza interna y convicciones claras que no le han permitido claudicar en su misión, a pesar de todas las vicisitudes que la vida le ha puesto”.

La Tía Ceci, como le llamaban los niños, recibió el Premio al Mérito Cívico en 1988, otorgado por el Gobierno del Estado. El H. Ayuntamiento le entregó la presea Josefa Vergara; en el 2000, la Fundación Merced Querétaro le dio el Premio Francisco Botey, “por sus muchos años de donarse a los más pobres, con todo nuestro agradecimiento por su ejemplo luminoso”.

En el 2006, el presidente Fox le entregó el Premio a la Trayectoria de Vida al Voluntariado. En el 2010, el presidente Calderón puso en sus manos el Premio Nacional de Acción Voluntaria y Solidaria.

Muchos otros organismos reconocieron su labor, como las Guías de México, la Asociación Mexicana de Voluntarios, el Centro Mexicano para la Filantropía, la Cruz Roja Mexicana, Cáritas y Rotarios.

La fecunda y hermosa existencia de esta artista de espíritu altruista, profesora de idiomas y arte, madre de familia y tía honoraria de tantos chicos que se acogieron a su apoyo, concluyó el 5 de enero de 2015.

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