PROCEDIMIENTO COMO ESCUDO: EL RIESGO DE EVADIR EL FONDO
La ruta elegida por la presidenta Claudia Sheinbaum frente al caso de Rubén Rocha Moya no es menor ni casual. No ha negado las acusaciones ni ha respaldado abiertamente a su exgobernador y ha hecho algo más sofisticado: trasladar el debate del terreno político al jurídico, del fondo al procedimiento
El mensaje es claro: no hay una solicitud formal de extradición, no se acredita la urgencia, se requieren más pruebas. En términos técnicos, es una postura defendible. En términos políticos, es una estrategia de contención
Esta decisión le permite al gobierno ganar tiempo, reducir el impacto inmediato y evitar que la discusión se convierta en un cuestionamiento directo a la integridad del proyecto político que representa. Mientras el debate se mantenga en el ámbito procesal, el costo es administrable
Pero ahí mismo radica el riesgo
Porque el problema de fondo no es el procedimiento de extradición. Es la presunta vinculación de un gobernador emanado de Morena con el crimen organizado. Y ese tema no desaparece por cambiar el enfoque del discurso
Si en las próximas semanas o meses el gobierno de Estados Unidos presenta pruebas contundentes, documentales, financieras o testimoniales, que acrediten la responsabilidad de Rocha Moya, la narrativa construida hoy se convertirá en un pasivo político
Lo que hoy se presenta como defensa del debido proceso podría ser leído mañana como encubrimiento
Desde Querétaro, la reflexión es obligada: las instituciones se fortalecen cuando enfrentan la verdad, no cuando la administran. La política puede contener una crisis por un tiempo, pero no puede sustituir a la justicia
La Presidenta ha optado por administrar el problema
El riesgo es que, si la realidad alcanza al discurso, el costo no será sólo de un hombre, sino de todo un proyecto
Gustavo Buenrostro
Pdte de Por Querétaro Todo, AC







