Julius Anneas Séneca, filósofo romano, nació el año 4 a. C.; murió en 65 d. C. En su obra, hace una reflexión sobre la brevedad de la vida. La gente admira la belleza y vastedad de la naturaleza, a la vez que se queja de la vida tan corta que tienen los humanos. Al respecto, Séneca analiza el porqué de ese pensamiento.
El tiempo puede ser suficiente, muy corto o prolongado, dependiendo de cómo lo usamos. Generalmente, nos quejamos de que algo que teníamos planeado no lo hicimos, porque no alcanzó el tiempo.
Cuántas veces hemos comentado nuestro deseo de realizar un viaje, continuar las clases de guitarra, visitar a esos amigos de nuestra adolescencia que viven en el extranjero, y nos han invitado a su casa en diversas ocasiones. Prometemos diciendo: “Este año sí vamos”. Sin embargo, transcurren los meses, el año termina, otra vez la promesa no se cumplió.
La sabiduría nos permite usar el tiempo en forma adecuada. Se requiere organizar el pensamiento, hacer un diagnóstico acerca de lo que se pretende realizar, formular ideas, crear proyectos tangibles, viables, asertivos, cuyos productos redunden en beneficio personal, familiar o, para apoyar la construcción de una pequeña área de juegos, donde los niños de la colonia jueguen sin peligro. Se trata de motivar y convencer a los habitantes del lugar donde viven.
En diferentes lugares del mundo, un pequeño grupo de vecinos empiezan por reunirse para comentar una idea. La intención en este caso es construir un techo para que se realicen actividades deportivas, círculos de lectura, música, canto, entre otras.
El tiempo es uno de los grandes tesoros que poseemos los humanos. El problema es que no lo valoramos, caminamos por caminar, sin tener un rumbo fijo, desperdiciando las energías.
Saber usar el tiempo nos puede salvar de una tragedia. En la actualidad trabajan padre y madre, los sueldos son bajos, y las necesidades se multiplican cuando los hijos empiezan su educación escolarizada. En esa etapa de la vida, de no estar bien organizados los tiempos, con la serie de actividades que cada miembro de la familia tiene se complica el diario acontecer en el hogar.
Los padres regresan cansados a sus hogares, quisieran merendar para luego ir a dormir pero, eso es solo un sueño: hay mucho por hacer en casa. Con tanto ajetreo, queda poco tiempo para dedicarlo a sus hijos, esta carencia de atención puede ocasionar graves problemas, sobre todo en estos momentos de violencia y guerras provocadas por la maldad y el poder. Cientos de personas inocente mueren cada día. Las vida de bebés, niños, jóvenes, son truncadas.
Estamos viendo el nacimiento de una nueva era. La educación familiar y escolar son los cimientos para el desarrollo integral de las generaciones de este siglo XXI.
Ahora más que nunca necesitamos estar pendientes de los sucesos en nuestro entorno, país y el mundo.
Mucho tiempo se desperdicia cuando se vive consultando el celular sin obtener algo que permita el desarrollo intelectual y emocional de quien lo consulta. Habría que considerar que no toda información es real, gran parte de ella, es para insertar en los jóvenes, la necesidad de ser o, tener lo que ahí se promueve. En este sentido, los niños y jóvenes son presa fácil de los depredadores.
Valoremos el tiempo, reorganicemos nuestras actividades, para tener ese espacio y tiempo con los hijos o nietos.
Reconocer la importancia y uso del tiempo es construir el camino para hacer realidad lo que en un momento fue solo un sueño.
El miércoles 1° de abril me encontré en el Centro Histórico de Querétaro con mi amiga Tamara. Tomamos un café y platicamos un rato. La vi demacrada, comentó que su organismo está cobrando factura del descuido que ella tuvo.
Dijo con cierta nostalgia que tal vez no pueda realizar ese viaje soñado a los países que siempre ha querido conocer. Ha utilizado el tiempo para resolver o apoyar actividades relacionadas con su familia o su trabajo, dejando de lado sus propios intereses.
Es importante saber emplear el tiempo, para que lo disfrutemos en el espacio y período de vida que nos corresponda.
Recuerdo un consejo de mi padre que me dio cuando era niña. Tal vez tendría seis años, pero nunca lo he olvidado: “Hija, cuando tengas un compromiso, no llegues tarde a la cita, trata de calcular el tiempo que tardarás en llegar al lugar donde quedaron de reunirse. Es una grosería llegar después de la hora citada. Si lo haces, te conviertes en una ladrona, porque estás robando el tiempo de otra u otras personas”.
A esa edad, pensaba que mi papá exageraba. Al paso de los años reflexiono sobre la importancia del uso del tiempo, que nos puede salvar la vida u ocasionar una tragedia.
Es común escuchar que la semana pasó tan rápido que no dio tiempo de visitar al familiar que está hospitalizado. Para no sentirnos mal por no visitar al enfermo, culpamos al tiempo, Busquemos estrategias que permitan utilizar nuestro tiempo diseñando y construyendo proyectos que fortalecen la unión familiar.






