viernes, abril 24, 2026
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Damas y Caballeros / Araceli Ardón

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David Aníbal Vallarino Campbell

Nació en 1939 en un punto estratégico para el planeta: la ciudad de Panamá, uno de los centros neurálgicos del continente, una ciudad clave para las finanzas y el urbanismo de América Central, cuyo canal permite la navegación y por tanto la vinculación entre los océanos Pacífico y Atlántico. Este hombre, David Vallarino Campbell, creció sintiendo que la amistad entre los distintos pueblos del mundo era posible.

Sus distintivos fueron la amabilidad, el trato cordial a todos los que le rodearon y su enorme capacidad de convocatoria. Tenía una sonrisa luminosa, que le abrió caminos para lograr sus objetivos, que no eran personales sino comunitarios. Dedicó sus mayores afanes al desarrollo de instituciones al servicio de la sociedad.

Sus padres, Herminia Campbell Wakeland y Dick Vogel, inscribieron a sus hijos David y Elliston Vallarino Campbell en el Instituto Militar Latino de México. El joven David tenía 17 años. Escogió estudiar la carrera de médico veterinario zootecnista en la UNAM; fue el primero en su generación en terminar la tesis y obtener su título.

Enamorado de Julia Hernando Cata, conquistó su amor y en 1964 contrajeron nupcias. Fueron padres de Ana Laura, Myriam, Viviana y David Felipe. He tenido el privilegio de ser su profesora, y también del hijo mayor de Ana Laura. Cada uno de ellos lleva el sello de sus padres: son inteligentes, visionarios y ponen empeño en cada proyecto que realizan. Julia, su madre, es una mujer muy bella, que les ha apoyado en todas las etapas de la vida; una dama distinguida y sensible a las vicisitudes de nuestro tiempo, está presente en los momentos clave de las vidas de sus hijos y nietos.

El doctor Vallarino obtuvo la nacionalidad mexicana: “Yo soy mexicano por decisión, no por nacimiento. Amo a México y a su gente, más que muchos nacidos en este país”, recuerda su hija Ana Laura.

Fue contratado por la empresa Ralston Purina, para su sede en Querétaro. Una vez radicado en la ciudad, adquirió un predio rústico en el municipio El Marqués, al que llamó Rancho San Antonio. Se dedicó a la ganadería, agricultura y avicultura, al mismo tiempo que dirigió la planta de Leche Querétaro, de la que se volvió socio. Con valentía y arrojo, superó los obstáculos que la empresa enfrentaba, hasta lograr que fuera la más importante industria lechera del estado.

Fue presidente de la Unión Ganadera Regional de Querétaro durante dos periodos (1992 y 1997). En su administración, se realizó la celebración del 70 aniversario de su creación. Organizó una magna exposición, con 323 cabezas de raza Holstein, además de gestionar la primera exposición nacional de la raza Jersey con 119 animales de registro. De la raza Suizo, tanto Europeo como Americano, se exhibieron 112 cabezas.

También logró la Exposición Nacional Ovina, con 382 cabezas de 10 razas, y los productores de ganado caprino expusieron 368 animales. La raza equina de Cuarto de Milla celebró el cierre del circuito; entre las razas Cuarto de Milla, Azteca y Árabe, participaron 122 animales.

Lo más importante de este evento anual es la oportunidad que se brinda a los niños de admirar la belleza de estos ejemplares; no sabemos cuántos pequeños que vienen a la feria aprenden a valorar los animales y por vez primera sueñan con volverse ganaderos, veterinarios o promotores de la industria pecuaria.

David Vallarino estimuló la creación de asociaciones ganaderas en todo el estado, para fomentar el desarrollo de comunidades rurales.

Por otra parte, fue miembro de varios organismos e instituciones sin fines de lucro. En 1991, fue invitado por sus amigos Jorge Montemayor, Luis Álvarez Septién, Francisco Castro Ballesteros y otros, en calidad de consejero de Administración de Previsión y Protección, una Sociedad Civil que auspicia la organización del Honorable Cuerpo de Bomberos de Querétaro.

A esta noble causa dedicó treinta años de su vida. En septiembre de 2006, fue electo presidente y fue reelecto en el 2008. En este tiempo, nombró a un comité especial para la celebración de los 60 años de la institución. Invitó a Celia Pesquera para diseñar y dirigir un ambicioso programa de eventos especiales con duración de un año, con fines de recaudación de fondos y de vincular al organismo ante la sociedad y las autoridades. La familia Pesquera ha participado de manera decisiva en la creación y consolidación de las asociaciones de Bomberos Voluntarios; Celia y su equipo lograron grandes avances en la profesionalización de estos hombres con fines heroicos. Con el apoyo de las ciudades hermanas de Orange y Bakersfield, California, además de excelentes apoyos de los gobiernos estatales y municipales, se logró la mejora continua de la institución, se consiguieron equipos y recursos; se amplió la capacidad de cobertura para satisfacer la necesidad de servicios.

De 2011 al 2017, fue presidente del Comité de Vigilancia. En marzo de 2017 volvió a ser seleccionado por sus consejeros para la presidencia, y fue reelegido en 2019. Para este momento, ya se contaba con 5 estaciones, el Instituto de Capacitación y la Academia de Bomberos.

Su hija Ana Laura recuerda una declaración que dio en su última entrevista de prensa: “Debemos seguir mejorando nuestros hatos, nuestras metas y objetivos a base de trabajo, honradez, tenacidad y amor por la Madre Tierra. Habrá tiempos que se vean un poco nubarrosos, pero al final del día, con esfuerzo sale uno adelante. Los ganaderos de hoy son gente tenaz. Mi mensaje es: No le aflojen. La vida sigue y nosotros debemos continuar enorgulleciendo nuestra actividad y a nuestro estado, mostrándoles el camino a las generaciones que vienen”.

Murió el 11 de mayo de 2021.

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