viernes, julio 12, 2024

Por azar del destino – Teresita Balderas y Rico

En diversas ocasiones, hemos escuchado que alguien tiene buena o mala suerte, que el acontecimiento sucedió por azar, o por simple espontaneidad. Cuando los hilos se entretejen para que así suceda, se dice que fue un golpe de suerte. Si el fenómeno se da con frecuencia en la misma persona, surge la pregunta: ¿por qué ella, o él, tienen buena suerte y yo no?

El azar se relaciona con situaciones que ocurren de forma caprichosa: por azar se le cayó la brocha con pintura al albañil cuando yo iba pasando y manchó mi ropa. 

En la Grecia antigua, se trataba de explicar estos fenómenos. El libro segundo de Física de Aristóteles está dividido en tres apartados. En el primero, explica la naturaleza y su significado. En el segundo, la distinción entre la física. En el tercer apartado, de los capítulos III al IX, Aristóteles hace un estudio de las causas que la física debe conocer.

Con frecuencia nos interrogamos sobre lo que no alcanzamos comprender. ¿Por qué ocurrió? ¿Por azar, fortuna, espontaneidad o suerte? Para no complicarse la existencia, se puede creer que muchas cosas suceden a causa de estos cuatro fenómenos. 

Aristóteles examina las cuatro causas. Se pregunta primero si son causas, y si lo son, ¿cómo se relacionan entre sí? Los capítulos IV, V y VI se dedican al estudio del azar y de la espontaneidad, aún cuando es posible estudiar en particular cada causa entre las que están sujetas a generación, es decir, por una causa determinada. Este argumento niega el azar. Las causas explican el fenómeno.

“Nada se genera al azar si no existe una causa determinada de todas las cosas que decimos por espontaneidad o por azar”. La suerte puede definirse como una causa incidental en aquellas cosas ordenadas. Es, en sí, algo oculto para el ser humano.

Aristóteles, para explicar el fenómeno del azar y la suerte, pone el ejemplo: “Un ciudadano va al mercado a comprar frutos, encuentra al sujeto que tiene con él una deuda pendiente; éste, a su vez, está recibiendo monedas por un entrego que hizo. Ahora tiene para saldar la deuda”.

El ciudadano que sólo iba al mercado a comprar frutos está feliz, no estaba planeado encontrarse con quien le debía, y que tuviera la capacidad de pagar. En ningún momento pensó que regresaría a su casa con ese dinero recuperado. Fue un azar que sucediera ese acontecimiento, y suerte para quien se vio beneficiado.   Desde mi perspectiva, la buena o mala suerte son una serie de circunstancias que se concatenan para que algo suceda en favor o en contra de un individuo. Sin embargo, de pronto suceden fenómenos que generan más preguntas que respuestas.  

Aclaro que conozco a una persona que me hace dudar de mi teoría. Para él, generalmente las circunstancias juegan a su favor. Los trámites que realiza se resuelven en corto plazo, un 60% más rápido que a otras personas.

Cuando acompaño a mi amigo Mario alguna plaza comercial, prefiere dejar el auto lo más cerca de la tienda donde hará las compras. Observo que todos los lugares cercanos a ella están ocupados, le sugiero que se estacione donde hay espacios libres. No atiende mi sugerencia, y continúa, para luego decir: “Siempre hay un lugar para mí”. En efecto, cuando se va acercando a la tienda, justo en ese momento se va retirando un auto y ahí se estaciona.

Podría decir que las circunstancias se dieron para que justo cuando lo necesitaba, el lugar estuviera disponible. Se puede pensar que fue al azar, pero, ¿tan seguido? Como dice un eslogan: difícil de creer. 

Antes de la pandemia, solicité el pago de mi Afore. Coincidió que mi compañero también la solicitó; él no tuvo ningún contratiempo, en quince días le pagaron.  Mi trámite tardó dos meses, aún entregando en tiempo y forma los documentos solicitados. 

Cuando decide comprar ropa, la encuentra de buena calidad con un buen porcentaje de descuento.

Me ha comentado algunas anécdotas de su vida, de las que siempre ha salido bien librado.

Hace tiempo, la empresa donde trabajaba hizo la acostumbrada cena de fin de año. Hubo intercambio de regalos entre los compañeros. La empresa también rifó aparatos electrónicos, bicicletas y juguetes para los hijos de los empleados.

Tan animada estaba la fiesta que se le pasaron las copas. En ese estado manejaba rumbo a su casa, cuando la policía lo detuvo, lo llevaron al corralón. Ahí le ordenaron que abriera la cajuela, que estaba llena de regalos.

Al revisar la policía sus documentos, observaron que el apellido de mi compañero era igual al de un funcionario público de aquella época. De inmediato lo trataron con amabilidad. Mientras llamaban a un familiar, lo llevaron a una oficina y todavía se atrevió a decirles que no se fueran a robar los regalos de la cajuela.

Al día siguiente, fue a recoger su carro y recibió la recomendación de que no manejara en estado de ebriedad. Esta persona habría sido un buen ejemplo para la explicación de Aristóteles en causa y efecto.

Me queda bien claro que debo trabajar más, y sobre todo, tener mucha paciencia. Sin embargo, sigo pensado que en el universo todo fluye, y que las circunstancias se conjugan para que algo suceda de una forma y tiempo determinado. 

Para no adentrarnos en algo profundo, hemos creado expresiones que nos permiten salir del embrollo.

En ocasiones los hechos son tan inexplicables, que decimos que fue un milagro. En otras, expresamos: “No sé por qué sucedió así, pero fue a mi favor”.

La vida es una aventura, debemos estar alerta en el hacer de la vida cotidiana. 

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