sábado, junio 25, 2022

Momentos de orgullo y tristeza – Virginia Sánchez Morfín

Después de varios años de que MasterCard confiara en mí y en mi equipo organizador de eventos corporativos (por nunca haber fallado), me brindó una de mis más grandes oportunidades: organizar toda la parte correspondiente de esta gran empresa como patrocinadores del evento de la Asociación de Bancos de México.

Este evento, por tradición, se celebra anualmente en el Hotel Princess en Acapulco. 

Los asistentes son los socios y directivos principales de todos los bancos de México y es presidido nada menos que por el presidente de la nación. 

La noticia de haber sido seleccionada mi compañía para este reto, me causó orgullo, alegría, temor, angustia, incredulidad y muchas noches de insomnio. 

Para entonces, ya había integrado a la empresa a mi hija Yleana. Ella es muy creativa, sociable, profesional, propositiva y comprometida. Su colaboración fue invaluable.

Las juntas con dos o tres directores de MasterCard eran cada vez más frecuentes e interminables. En éstas exponíamos nuestras propuestas para cada área, ya que éramos responsables de todo el desarrollo del evento:

Para los participantes extranjeros y foráneos:

• Compra de boletos terrestres o aéreos.

•Recepción en el aeropuerto o central camionera, equipaje, traslados.

• Al final del evento, de igual manera, regresarlos con todo resuelto a su lugar de 

origen.

• Reservación de hospedaje y asignación de habitaciones.

             • Decoración del hotel Princess y ambientación en general, todo en los colores rojo   y amarillo                                      

Nuestra propuesta fue iluminar las palmeras, las albercas, la recepción, las habitaciones, la puerta de acceso, el inmenso salón en que se desarrollaría el magno evento.

• Diseño y colocación de estandartes, arañas y velas en todas las áreas comunes. 

• Regalos a los participantes.

• Casting y selección de edecanes y uniforme.

• Copa de bienvenida.  

• Elección de platillos para la comida de todos los invitados. 

• Audio en general.

   Stand con proyección del video publicitario de MasterCard, elaborado por mi    

   empresa. 

Por cierto, el stand quedó totalmente montado a las diez de la noche del día anterior al evento, pero a las 12 de la medianoche una tormenta acompañada de fuerte viento lo partió a la mitad. 

Por suerte, el equipo encargado del mismo se había hospedado en un hotel cercano. Les llamé y pedí que antes de las siete de la mañana volviera a quedar montado.

 ¡Uf! Con mil improvisaciones, se logró que, media hora antes del ingreso del presidente de la República e invitados al área del evento, estuviera listo.

¡La vida da sorpresas y no siempre buenas!

Justamente cuando recibí la excelente noticia de que habíamos ganado la licitación de tan magno evento, la nueva pareja de mi exesposo José Luis, les avisó a mis hijos que su papá había sufrido un derrame cerebral. 

Anteriormente a este penoso acontecimiento, mi hijo Leonardo algunas veces había estado en contacto con ella. Por lo que sabíamos que su actividad era la de ministerio público.  

Cuando mi hijo me comunicó la noticia, ésta me causó una de las más grandes tristezas que he experimentado en mi vida. ¡Era el padre de mis dos hijos y habíamos estado casados veintidós años! 

De inmediato, le pedí a mi hijo que hablara con ella y le preguntara si quería que le ayudáramos a cuidarlo, ya que ella también trabajaba. 

Aceptó, y a partir de entonces nos turnábamos día y noche para cuidarlo. Había quedado totalmente paralizado del lado izquierdo y, además, imposibilitado para hablar.

Me sucedía algo terrible: 

Si estaba en el hospital cuidando a José Luis, no dejaba de pensar en la realización y los retos del evento en Acapulco.

Si estaba en las oficinas de mi cliente, no dejaba de pensar en mi exmarido, su presente y futuro. 

No podía darme el lujo de que me invadiera la angustia. Mis clientes —para entonces ya también amigos— habían depositado su confianza en mí. ¡Fui elegida para organizar su participación en tan importante evento internacional!

De esta inesperada y difícil manera, transcurrieron las semanas. 

Días antes del evento, José Luis murió. 

Fue agotador. El tiempo no alcanzaba para cuidarlo,  y después realizar todos los trámites de antes, durante y pasado el funeral, que estuvieron a mi cargo, y simultáneamente continuar con la organización del evento de la ABM. 

Gracias a mi equipo, a mis excelentes proveedores y a mi hija… el evento ORGULLOSAMENTE fue un éxito. Debido a que pasamos la prueba, varios años más estuvimos a cargo de tan famoso evento pero, con más tranquilidad y sin más muertes de por medio. 

Así es como en la vida se  pueden conjuntar el orgullo y la tristeza. 

¿Será verdad que no hay felicidad completa?

g.virginiasm@yahoo.com

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