lunes, junio 24, 2024

Hablando de amor – Sandra Fernández

Por amor, movemos montañas, cruzamos océanos y hacemos hasta lo imposible e impensable. Las mayores locuras se han cometido en nombre del amor, el amor derrumba muros, abre caminos, nos lleva a la locura, a los confines del delirio. Por amor se han construido palacios, escrito libros, poemas, compuesto canciones; por la dulce sensación de sentirse enamorado, sea real o un conjunto de feromonas que nos juegan una mala pasada, al final, porque no decirlo, podemos morir y matar en nombre del amor.

Del amor no hay quien se salve, todos en algún momento caminamos ese sendero, que a veces, está lleno de espinas y de obstáculos, sin embargo, decidimos recorrerlo, porque esto es un tema de vida y muerte. ¡Si señor!

Pero, el desamor, guarda un lugar también en la escala de emociones fuertes y es una de las más destructivas. Curiosamente, por desamor, también, cruzamos océanos, levantamos muros, cerramos caminos, destruimos palacios y conocemos las profundidades del abismo del dolor sin ningún tipo de misericordia. ¿Porque, quien no?, en la misma medida que el amor nos hace florecer, nos hace morir en vida por la ausencia de este. Entonces, el piso se abre ante nuestros pies y nos perdemos en un mundo de oscuridad y soledad. El desamor es inevitable, forma parte de la vida y sus rarezas. Porqué en temas del corazón no se manda. 

El amor esta fuera de toda lógica y razonamiento que igual podemos sentirnos enamorados del ser tan despreciable del mundo y convertirlo en príncipe a nuestros ojos o princesa, en su caso. Y aquí, es donde reside lo que hace al amor pasional, tan único y especial. Lo impredecible que puede llegar a ser. Cuando te atrapa, es algo así como el momento en que un rayo te atraviesa y te parte en dos y después del flechazo; cuando abres los ojos, el mundo desaparece en ese mismo instante, ahora, solo lo percibes a través del ser amado. Es como una tormenta que se desata dentro de ti. La guerra ha comenzado, la infatigable lucha entre apenas el susurro de quien eras para convertirte en lo que eres. Pierdes el dominio de ti, ahora todo y digo todo gira alrededor del amor y sus ocurrencias. Paradójicamente, el desamor se vive de la misma forma.

Y, por cierto, nunca imaginó el buen San Valentín, hace un montón de años, cuando ingenuamente y con motivos un tanto piadosos y altruistas hacia la humanidad, decidió conceder el sacramento del matrimonio a las parejas enamoradas, aún en contra la prohibición del emperador Claudio II quien consideraba que los soldados sin hijos eran mejores soldados, sabe Dios de dónde se imaginó tal barbaridad. El caso fue que una vez fue descubierto el piadoso sacerdote, su final fue brutal, fue golpeado y posteriormente decapitado, convirtiéndose en el primer mártir en nombre del amor y por ende en el principal referente del amor, incluso para la Iglesia Católica y claro está, atribuyéndole a él, el famoso día del amor y la amistad a nivel mundial; el 14 de febrero. A él, debemos agradecerle  los millones de chocolates y flores que circulan ese día por el globo terrestre.

Y bien, si usted tiene la dicha de sentirse perdidamente enamorado, no luche con ello, solo déjese llevar y vívalo, porque como dije, es un misterio del cual no se pude escapar. Y como dicen, en el pecado se lleva la penitencia, pero, definitivamente, el mundo no sería lo que es, sin la gran cantidad de enamorados que lo han construido y también, salvado.

Por: Sandra Fernández

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