lunes, junio 24, 2024

Falta un año                                                                     

Por: Rodolfo Lira Montalbán

Una hora antes de lo señalado en la invitación, me presenté en la puerta del Club de Industriales. Ni soy industrial, ni soy empresario, pero como más vale tener amigos que tener dinero, en esta ocasión, hice valer mis influencias y logré entrar al evento. Mis cálculos indicaban que con tanto tiempo de antelación no tendría problema para encontrar un lugar privilegiado en el estacionamiento y silla de primera fila en el salón. 

            Grave error, muchos como yo pensaron lo mismo, muchos como yo tenían años esperando este momento. Gente mayor en su mayoría, empresarios, miembros de selectos clubes y asociaciones, gente que ha visto pasar sexenios de mentiras, de promesas. Gente que no ha perdido la ilusión de ver un país próspero antes de morir. De ver un país seguro, antes de que los maten. De ver un país educado, antes de que las autoridades adoctrinen a sus hijos y nietos. De ver un país sano, antes de morir a manos de los servicios sanitarios del estado por una gripa mal cuidada.

            Cuando esas últimas esperanzas estaban en estado de coma, apareció ella. Su irrupción en el panorama político de las pre, pre-campañas, fue una sorpresa para todos, incluso para sus adversarios, incluso para el titular del poder ejecutivo, quien desde su púlpito mañanero y desmañando vio venir la tormenta y en forma inútil trató de detenerla. Lo que logró con su desatino, fue advertir de su llegada a los distraídos.

            Agradecidos, ilusionados, los asistentes a esa reunión pactada a la una treinta y colmada desde las doce, dejamos a un lado nuestras actividades para conocerla, para ver de cerca a la senadora Xóchitl, a la mujer que desde sus orígenes humildes superó carencias, remontó la violencia, ascendió las cuestas de Tepatepec en el estado de Hidalgo y las barreras que le antepuso el machismo y el alcoholismo de su padre, que superó con creces las murallas de un sistema económico vedado a mujeres, a indígenas, a desheredados. 

            El sueño de los asistentes coincidía en el escenario de la Cámara de diputados dentro de un año, al terminar el periodo de campañas electorales, el tan esperado año de 2024, en donde con la mano en alto, ella juraría ante la patria guardar y hacer guardar la constitución como la primera presidenta de México, de todos los Méxicos, de todos los mexicanos. Sueño multitudinario de verla unir, propiciar el perdón, el entendimiento, el final de los resentimientos.

            En medio de la multitud de cámaras fotográficas y de quienes las operábamos, de los cientos de pequeños ojos iluminados que en el reverso de teléfonos celulares daban cuenta del evento, apareció la sonrisa contagiosa de la senadora Xóchitl, su menuda estatura se coló entre los asistentes y creció, subió al escenario y se agigantó. 

            Y creció también la esperanza y la alegría, el sueño de ver llegar a quien se encargaría, según sus malas palabras y sus buenas intenciones, de rodearse de los más “chingones”, de los más capaces.

            El imprevisto de una falla en la energía eléctrica a mitad de su emotivo discurso, lejos de ser un problema, se convirtió en un acontecimiento memorable. Como a una estrella de Rock, la gente iluminó a la senadora en forma espontánea, las luces de cientos de teléfonos alumbraron el escenario. El efecto fue fantástico.

            Que difícil narrar esta experiencia sin sentir emociones, que difícil evitar la cursilería, la afectación. Que fácil perder la discreción para un asistente que con falsa identidad se coló a este evento de empresarios. En los eventos con jóvenes, mi camuflaje hubiese sido más difícil.  Mi recién estrenada senectud habría salido a relucir.  

            Como el que esto narra, humilde servidor de ustedes, no es reportero ni está sujeto a la frialdad de una nota periodística equilibrada, me di un pequeño lujo y con la piel “chinita” y contrario a mis costumbres, me formé en una fila que duró más de treinta minutos en los que, al final del evento, todos quisimos guardar el recuerdo de una buena foto al lado de nuestra señora senadora, de nuestra próxima señora presidenta.         

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