viernes, mayo 24, 2024

En estas vacaciones Navideñas – Verónica Maldonado Soto

Estoy sentada frente al mar, reflexionando en lo que ha habido este año. Después de todo soy una de las precursoras de hacer esa reflexión, para luego planear el siguiente año, en un buen retiro que lleve a estar consigo mismo.

Entre navidad y año nuevo pude retirarme a la costa de Guerrero. Al ver el mar siento que se comporta como la vida. Unas veces esta tranquilito con un vaivén que apenas se percibe. De repente sin más, ni más, viene una ola grande y arrolladora, para luego ponerse con otras olas suaves pero significativas, pueden estandarizarse y oír ese ruido rítmico que a veces se torna, y en eso se oye el golpazo de una muy fuerte que hace que las ventanas vibren, como que todo se cimbra.

Yo empecé el año con un oleaje un poco picado, uno de mis hermanos reportaba para el día 25, un cáncer que no habíamos vislumbrado, esa fue una ola revolcadora, que te quita todo. Como había noticias de una posible recuperación, el oleaje se suavizó, pero no dejaba que uno estuviera confiado y menos que se metiera al mar a nadar libremente. Mi vida transcurría con esa nube gris, que te deja hacer tus cosas, pero que de repente volteas a verla y ves que es gris. No hay risas a pierna suelta, ni fiestas que den verdadero placer, cuando traes esa nube sobre tu ser. Sin embargo, pasamos un año nuevo acompañados de uno de mis hijos y su pareja, estuvimos muy alagados con su compañía. 

Empezamos el año haciendo nuestra tradicional cena de inicio de año muy contentos con el resto de mis hijos y sus parejas. También estuvo mi nieta que es un baño de amor y frescura super precioso. 

Viaje con unas amigas a Mérida y a mi regreso mi esposo me sorprendió con el regalo de una camioneta del año. Esa fue una ola alta de las que solo te mecen, no te desviste, y te emociona.

El tratamiento de mi hermano nos dejaba sentir confianza porque él se iba sintiendo muy bien y lo teníamos cerca. Eso ofrecía la oportunidad de hermanarnos más ya que vive en el estado de Veracruz, pero su tratamiento lo llevo a cabo en Querétaro, que es la ciudad donde vivimos cinco hermanos, de los siete que quedamos. Así que solo un hermano estaba a tres horas de aquí, en CDMX. 

Por si no se sabe, Querétaro tiene el mejor aparato de Latinoamérica para radioterapia, por eso mi hermano se quedó aquí.

Transcurrieron los tres primeros meses tranquilos y con la noticia de haber superado el cáncer, las olas bajaron su ritmo, se tornaron suaves, vivas y tranquilas.

 Festejamos a dos de mis tres hijos con una comida familiar. 

En abril nos fuimos de semana santa familiar con uno de mis hermanos, su pareja, un hijo, mi nieta y su pareja, con mi esposo a Zihuatanejo. Disfrutamos viéndonos todos, tranquilos, sin olas altas, ni nada que nos revolcara, fue un gusto ver a mi nieta disfrutar del mar y que este no la asustara. Nos sentíamos gloriosos por el triunfo de mi hermano. En realidad, cambió un paradigma familiar. Hemos perdido dos hermanas por cáncer de seno.

Para junio ya estábamos casi todos en su fiesta de cumpleaños en Jalapa. Dos días antes tuvimos la oportunidad de ir al mar con mi hermana y luego un hermano nos alcanzó. Las olas estaban bonitas, parejitas. Hubo mucho contento de lograr juntarnos. 

Vimos a nuestro hermano casi recuperado rehaciendo su vida.

Por ahí de Julio vino una ola alta que volvió a tirarnos el ánimo: a mi sobrina le encontraron un tumor maligno y había que operarla y ver si requería algo más. Por fortuna, la operación fue suficiente. Esto la llevó a apreciar más el día con día, así que se casó y tuvimos una boda preciosa.

Para cada uno de nosotros esta claro que la vida es hasta que se quita, por lo tanto, hay que disfrutarla cuando aún la tienes.

Decidí hacerme una buena fiesta familiar de cumpleaños. Vino hasta mi hermano mayor que vive en CDMX, el resto de mis hermanos, menos dos: el que vive en Veracruz y el que se fue a un congreso a Grecia. Estuvieron muchos sobrinos muy queridos.

Para septiembre el “oleaje” en mi vida se puso con unas olas altas de todo tipo: una fue el festejo que nos hicimos mi esposo y yo con amigos muy queridos. Otra fue el baby shower de mi sobrina nieta. O sea que seré tía bisabuela de una bisnieta. La otra ola fue que mi amiga viejita falleció y eso me hizo reflexionar más en: como hoy estamos y mañana quien sabe. La muerte es parte de la vida y tenemos que aprender a seguir viviendo.

Para noviembre festejamos los cinco años de mi nieta, con dos fiestas, una el mero día con nosotros y otra con todos sus amiguitos.

 También y decidimos conocer Chihuahua y sus barrancas del cobre, viaje que se nos había cebado muchas veces. Lo disfrutamos muchísimo. Sobre todo, ver que mi esposo y yo la pasamos muy bien juntos esas son las olas que te mecen y te dan confianza.  

Al inicio del viaje a Chihuahua recibí la noticia del fallecimiento de una amiguita joven, quien dejo a tres hijos chiquitos. Tuve que saber flotar en un mar con olas pacíficas y esta ola revolcadora, para que yo no me desestabilizara. 

¿Cómo la vida te pone dos situaciones tan contrastantes? Y …elijes no derrumbarte y apreciar lo que sí está.

Para diciembre ves que las olas empiezan a ponerse buenas, sobre todo porque el frío empezó a arremeter en otoño y luego porque todos empezamos a prepararnos para la Navidad. 

Iniciando diciembre nació la bisnieta y nos alegró mucho esa llegada.

La Navidad marca el fin del año, a unos les encanta, a otros les entristece y a otros les choca. Es el mes en el que más pacientes tengo. Confrontan con el tema familiar, unos no tienen familia cercana, otros están separados de ella, otros esperan mucha gente en casa, otros los invade o la soledad o el abruma miento, otros no logran identificar qué sienten. Unos son muy religiosos y otros para nada.

No tener en qué creer a veces nos pone sin respaldo, sin emoción. Quizá esa sea una de las cosas en las que podemos reflexionar en estos días.

¿En qué quieres creer que te llene de vitalidad y confianza? ¿Como ha sido tu mar en este año? 

Verónica Maldonado Soto

veripretty@yahoo.com.mx

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