viernes, junio 14, 2024

La primavera de mi otoño – Teresita Balderas y Rico

Cada estación del año ha tenido un efecto especial en el entramado de mi vida. Mi espíritu se mimetiza, tiene un traje para cada ocasión.

En el abril azul de mi primavera, brillaban la esperanza, las ilusiones. La florescencia en los jardines, perfumaba los andares de mi vida. Una adolescencia pletórica de proyectos, construyendo realidades. La fortaleza de la juventud alentaba involucrarse en esa aventura llamada vida.  

En constante movimiento de la vida cotidiana, buscaba una pausa para vestirme con mi traje azul, mi color predilecto porque es representativo de otros elementos, como el mar, el cielo, el plumaje de algunas aves. Este color me ofrece paz y tranquilidad, lo que me permite reflexionar y analizar el proyecto que estoy desarrollando. Entonces, con energía renovada, la imaginación emerge, las ilusiones regresan, los sueños parecen alcanzables.

En ese abril azul soñaba despierta, caminando por el centro de la ciudad de Querétaro, disfrutando la bella arquitectura.

Adoro el clima de mi abril azul, entre fresco y un poco caluroso. De pronto, la mochila con libros y cuadernos se torna pesada, es hora de hacer una pausa en el andar.  Me siento en una banca del parque a descansar. Mientras me deleito con una paleta de tamarindo, imagino al amor soñado.  

En el rojo verano se han andado los caminos, ha llegado la época de producción, con grandes responsabilidades. Ahora se camina de prisa. El verano seduce, es necesario saber elegir para disfrutar nuestra estancia en este bello planeta azul llamado Tierra. ¿De qué color queremos vestir la vida para sentirnos bien? Tiene diversas tonalidades.

En la historia de una vida, ni todo es blanco ni es negro. Entre ambos, existe una gama de matices. Es conveniente tener preparada una paleta de colores y buenos pinceles. Con estos elementos daremos pinceladas en nuestra vida, de acuerdo con los sueños y proyectos que tengamos en mente.

Si nos agobia la nostalgia e invade la tristeza, es recomendable vestirse de colores vivos, como el rojizo y naranja de verano, dar firmes pinceladas para avivar el espíritu y tranquilizar el alma. Cada estación de nuestra vida podemos pintarla del color que nos haga sentirnos plenos y felices.

Una noche de frío invierno podemos convertirla en una de primavera con el calor de la amistad y el amor. El amor a la familia, la naturaleza, la empatía y la bondad, hacen de nuestra historia de vida un momento y espacio digno de ser vivido.   

En esta Noche Buena, la vida se ha puesto trajes de relumbrantes colores; de rojo corazón, con adornos de amor y bondad, azul de Prusia, con perlas de emociones y renovadas esperanzas, de verde pino, y una estola tejida de nuevos proyectos en defensa de la naturaleza.

También un tul blanco, cubriendo la cabeza, alerta al nacimiento de ideas renovadas. Con atención a los niños y jóvenes, a quienes les ha correspondido desarrollarse en este fantástico mundo de la tecnología. 

Hagamos de este invierno una primavera, al renovar nuestras ilusiones conversar con los jóvenes, escucharlos. Ellos tienen grandes proyectos de vida. Les corresponde ser los pioneros de un una nueva era. La inteligencia virtual, la nanotecnología, aplicada a la investigación en diversas ramas del quehacer humano. 

La invención de máquinas que permiten realizar tareas pesadas en corto tiempo.  Instrumentos que logran hacer grandes descubrimientos sobre el pasado, la excitante aventura de conocer la historia, los usos y costumbres de civilizaciones antiguas, un maravilloso bagaje cultural que nos ofrece elementos para tratar de entender nuestro presente, y no perdernos en el caos mundial.

Bendecida generación que sueña, piensa y construye en su momento y espacio que le ha correspondido ser y estar, en esta nueva era que se vislumbra.

La vida corre más aprisa de lo que pensamos. La cantidad de años cumplidos es muy necesaria para asuntos estadísticos, de utilidad a los científicos, quienes observan la evolución en el desarrollo humano, y, desde estos parámetros, se llevan a cabo investigaciones, para erradicar algunas enfermedades, y detener el avance de otras.

Aprovechemos el espacio y tiempo que tenemos de vida. Hagamos del otoño una primavera, y del invierno un verano; todo es cuestión de optimismo. 

Oremos para que en nuestro país no haya violencia, podamos caminar las calles, y visitar otros estados sin peligro alguno.     

Todo pasa tan rápido, no desperdiciemos el valioso tiempo. 

Los hijos están en el prescolar, y de pronto se encuentran en estudios universitarios. Han pasado otros añitos, ahora ya se encuentran en una sociedad económicamente activa.

Preparemos nuestra carpeta de proyectos para este 2024. Disfrutemos la vida, las reuniones con nuestra amada familia. Seamos bondadosos con quienes más lo necesitan. Todos podemos participar en la tarea de cuidar a la naturaleza para hacer de este planeta Tierra, un mejor lugar para vivir.

Feliz Año 2024

Felicidades a Punto Bajío por su ascendente cobertura y seriedad en su información.

Agradezco a los lectores de mi columna por su valioso tiempo, cedido en la lectura de mis narrativas. 

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