Librado Anderson
Su legado
Estas palabras salen de mi corazón. El tenor Librado Alexander Anderson Lozano acaba de partir a la eternidad, dejando un vacío en la comunidad artística y cultural de Querétaro. Su partida provocó gran tristeza en innumerables amigos, familiares y admiradores de su voz.
Nació en Ciudad Acuña, Coahuila, el 6 de abril de 1939. Ahí transcurrió su niñez y adolescencia; a los catorce años se mudó a la ciudad de Durango, donde estudió en el Instituto Tecnológico de Durango, a la vez que recibió clases de solfeo y canto con una maestra de apellido Fabila.
Andrés Garrido del Toral, quien fuera cronista del Municipio de Querétaro y del Estado, fue compañero del maestro Anderson a lo largo de décadas, pues ambos formaron parte de la Estudiantina de la Universidad Autónoma de Querétaro; con este grupo musical recorrieron varios países y se presentaron en espacios de privilegio, además de dar un toque de alegría en fiestas familiares y de recorrer los callejones de nuestra ciudad por las noches, interpretando temas de serenata, cargados de nostalgia.
El cronista Garrido contaba que John Alexander Anderson, bisabuelo del tenor, fue un ingeniero escocés que vino a Querétaro en 1847, contratado por don Cayetano Rubio, industrial español, fundador de la Fábrica de Tejidos e Hilados El Hércules; la maquinaria ensamblada por el ingeniero Anderson se ha conservado en el edificio que albergó la planta y es ahora un hotel boutique, además de albergar restaurantes, talleres, tiendas y una cervecería.
Al concluir su trabajo en Querétaro, John Alexander Anderson se mudó a Chihuahua, donde trabajó en minas propiedad de una compañía inglesa. En esas tierras norteñas, decía Garrido, el bisabuelo de nuestro amigo se casó con Teresita Ortiz, familiar de la Corregidora, Josefa Ortiz de Domínguez.
La industria lechera Carnation, propiedad de la compañía Nestlé, que se instaló en Querétaro en 1947 y todavía produce leche enlatada en su planta de la avenida 5 de Febrero, contrató a Librado Alexander Anderson en 1969. En aquella época, mi tío Juventino del Llano y mi tía Elvia Muñoz eran empleados de Carnation y pronto se hicieron amigos cercanos de este hombre que laboraba en la sección productora de latas, donde el ruido era intenso, lo que le daba oportunidad de ensayar su canto, ya que siempre siguió estudiando y dedicando su talento y creatividad a la música.
Mi familia tuvo el privilegio de contar con la amistad de Librado y de Crucita Huerta, su esposa, cuya alma se adelantó en el destino final a la de su marido. En la década de 1970, vimos crecer a sus hijos y supimos de los triunfos cosechados por el tenor a quien consideramos queretano por su amor a esta tierra.
Crucita y Librado vivieron en el Centro Histórico, con sus hijos. Él estudió la licenciatura en Educación Musical en la Facultad de Bellas Artes de la Universidad Autónoma de Querétaro.
Garrido contaba que Juan Servín Muñoz y Aurelio Olvera Montaño lo invitaron a formar parte de la Estudiantina a partir de una interpretación que hizo de la canción “La novia”, tocada por Guillermo Muñoz Gutiérrez. Dice Garrido: “Aurelio lo considera el mejor cantante que ha tenido la Estudiantina; yo lo considero el mejor cantante que ha tenido Querétaro y en 1979 el mejor de México”.
A lo largo de muchos años, con la Estudiantina grabó varios discos; en 1974 fue contratado para cantar en el centro nocturno La Marquesa, que ocupaba la planta alta de la casona virreinal ubicada en Madero, esquina con Allende. Juan Silva, director del grupo Los Camelot, incorporó a Librado a su espectáculo para ofrecer a los queretanos noches de música y vino; las piezas favoritas de los asistentes eran “A mi manera”, “Algo de mí”, “Todo por nada”, “Nunca supe más de ti” y “Yo lo comprendo”.
En esa época, ganó el segundo lugar del concurso convocado por el INBA para formar la Compañía Nacional de Ópera. Eso le valió actuar en un papel coestelar, por lo cual pudo cantar en la ópera “Tosca” de Giacomo Puccini en el Palacio de Bellas Artes, al lado de Plácido Domingo. En 1977, tuvo el rol estelar, el personaje Alfredo, en “La Traviata” de Giuseppe Verdi, con Cristina Ortega, dirigidos por Fernando Lozano, en el Teatro Juárez de Guanajuato. Con ese mismo papel repitió esa ópera en la Ciudad de México. Cuando el director Rómulo Ramírez de Esteva lo escuchó ensayar “Turandot” en 1977, lo invitó a interpretar al Conde de Almaviva en “El barbero de Sevilla”.
En 1979, la Asociación de Periodistas de Teatro y Música le otorgó el premio al mejor cantante de ópera de México, por sus actuaciones estelares en “Don Giovanni” y “Elíxir de amor”.
Las personas cercanas a este artista que nunca perdió su sencillez de trato y sonrisa contagiosa, supimos que en el momento climático de su carrera recibió invitaciones para trasladarse a vivir a Italia o Nueva York. Librado Anderson prefirió quedarse en Querétaro, con su mujer y sus cuatro hijos. La familia antes que la fama.
Tuvo una rivalidad con Humberto Cravioto que ofreció múltiples ocasiones de escuchar las voces de ambos, ya que cantaban en duelos musicales; los queretanos recuerdan con emoción las posadas del recuerdo que se organizaban en el Museo Regional del INAH durante la temporada decembrina, donde ambos cantantes se reunían en el escenario para gozo de los presentes.
Fue profesor del Conservatorio Libre de Música, de la Facultad de Artes y de la Casa de la Cultura Municipal Dr. Mena hasta el 2012. El 19 de abril de ese año, la Universidad Autónoma de Querétaro le ofreció un homenaje digno de su trayectoria.
El 10 de diciembre de 2025, el ciclo vital de Librado Anderson llegó a su fin. Su voz permanecerá en el aire cada vez que escuchemos sus discos; su talento creativo seguirá vivo en las grabaciones de las magníficas actuaciones en las óperas donde fue gran figura. Su enorme calidad humana permanece en la memoria de quienes lo apreciamos con respeto y admiración. Los artistas no mueren. La voz de este tenor ligero tocó las fibras sensibles de miles de seguidores de la ópera y la canción perenne. Por todo ello, Anderson vivirá mucho tiempo más: el tiempo del arte.







