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Damas y caballeros

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Guillermina Bravo
Bailarina, fundadora de instituciones

Era dueña de una mirada penetrante que manifiesta en varios retratos. Se sabía influyente en la opinión de la comunidad artística y tenía pies mágicos, con los que conquistó muchos caminos. La recuerdo como una leyenda viva. Cuando la conocí, era una mujer de setenta años que fumaba y asumía poses de ballet como si fuera adolescente. 

Guillermina Bravo Canales nació en Chacaltianguis, Veracruz, el 13 de noviembre de 1920. Estudió y se formó como artista en la Ciudad de México. Querétaro fue la ciudad elegida por ella para establecer su residencia y hacer realidad sus planes más audaces. Aquí vivió durante dos décadas, hasta el fin de sus días. 

Fue bailarina, coreógrafa y maestra. Hizo de su cuerpo una escultura que se movía al ritmo de la complicada partitura de las obras para danza contemporánea. Fue pionera en muchas áreas, fue autora de cientos de proyectos y supo sortear los obstáculos que se presentan a quienes gestionan actividades vinculadas con el arte y la cultura.

En su temprana juventud, estudió danza clásica, moderna y vernácula en la Escuela Nacional de Danza, bajo la dirección de Nellie Campobello, quien ha pasado también a la Historia de nuestro país, por su aportación a las artes escénicas y a la literatura. En 1939, Guillermina era alumna de ballet en el estudio de Estrella Morales, donde fue descubierta por Waldeen von Falkstein, bailarina de origen estadounidense, quien se convirtió en su mentora y la invitó a formar parte de un grupo profesional de danza moderna. El afamado compositor Manuel M. Ponce fue su profesor de música.

Bravo fue miembro del Ballet de Bellas Artes bajo la dirección de Von Falkstein, entre 1940 y 1945, por invitación del músico Carlos Chávez, en ese momento director del Instituto Nacional de Bellas Artes. Fueron años signados por la Segunda Guerra Mundial, conflicto que afectó a la vida cotidiana de muchos países. Sin embargo, Guillermina y su colega Ana Mérida fundaron la Academia de la Danza Mexicana. Con Josefina Lavalle, en 1948 pudo presentar al público las primeras funciones del Ballet Nacional de México, compuesto por jóvenes virtuosos.

Hizo suyo el escenario hasta 1960, año en que bailó en su propia coreografía “El paraíso de los ahorcados” en el Palacio de las Bellas Artes. Esta y otras obras suyas de la época definieron un nuevo rumbo para la danza contemporánea en nuestro país.

En su semblanza de la maestra Bravo, Manuel Naredo afirma: “De firmes convicciones de izquierda e inmutables principios artísticos, Guillermina bailó en milpas, en escuelas rurales y en mercados, pero con el paso del tiempo y de la exigencia estética que en Querétaro supo transmitir a varias generaciones de bailarines, pedagogos y coreógrafos, llegó a reconocer que así no llegaba la danza de la mejor manera al pueblo. ‘El pueblo debe tener la mejor danza, la quintaesencia de la danza en los mejores teatros para que pueda tener el impacto que le corresponde’, aseguraba al final de su vida”.

Se dio a la tarea de elaborar programas técnicos de enseñanza de la danza y de la coreografía a partir de 1969; su participación fue decisiva en la instauración de los primeros cursos intensivos de danza contemporánea para estudiantes de la UNAM.

Fundó el Seminario de Danza Contemporánea y Experimentación Coreográfica en la UNAM y se contó entre los creadores de la Facultad de Danza de la Universidad Veracruzana, en 1975.

Fue la primera persona del área de la danza en recibir el Premio Nacional de las Artes de manos del presidente de la República en 1979. El Premio Nacional de la Danza José Limón le fue otorgado en 1989. Fue miembro de honor de la Alianza Mundial de la Danza – Américas.

En Querétaro, fundó en 1991 el Centro Nacional de Danza Contemporánea, un espacio de formación de bailarines profesionales al que han asistido figuras reconocidas a nivel internacional; está ubicado a espaldas del Auditorio Josefa Ortiz de Domínguez. Fue el logro más importante de su vida.

En total, creó 57 coreografías. Su obra más relevante se titula Códice Borgia, con un lenguaje dancístico que refleja las vertientes reconocidas de la danza en el tiempo que a ella le tocó en suerte. Ingresó a la Academia de Artes el 30 de julio de 2002.

Afirma Manuel Naredo: “…vivió a plenitud y sin concesiones, lo que transmitió incesantemente a la cofradía de artistas de la danza que a su sombra se hicieron de un espacio en la escena, a base de disciplina, rigor y sacrificio”.

Murió en su casa en Santiago de Querétaro el 6 de noviembre de 2013, a los 92 años. Sus restos se velaron en el Palacio de Bellas Artes de la capital del país.

1 COMENTARIO

  1. Excelente artículo y obituario Araceli. Tu fineza le da realce al valor intrínseco de la maestra.

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