Esteban Paulín González
Hombre de tres siglos
Era un hombre que lo tenía todo: juventud, talento y educación. Además, una gran oportunidad de trabajo hacía que su futuro inmediato fuera brillante y apetecible; corría el año de 1923. Recién graduado de la Escuela Nacional de Medicina, Esteban Paulín González ya tenía años de práctica como cirujano. Su dedicación y capacidad le habían brindado no sólo la confianza de sus maestros, algunos de los cuales fueron pioneros de la moderna medicina mexicana, sino el nombramiento de subdirector del Hospital Francés de la Ciudad de México, un puesto codiciado; de aceptarlo, no tendría porque preocuparse más por el aspecto económico de la vida.
Socialmente, la oportunidad de tratar a familias de la élite del país le daría un estatus envidiable. Por otra parte, podría ejercer su profesión en un ambiente propicio: lo esperaban salas de cirugía dotadas con modernos aparatos. Sin embargo, prefirió regresar a casa, con los suyos. Quiso volver a Querétaro para estar al lado de su padre, quien era viudo y se encontraba enfermo.
Esteban Paulín González nació el 30 de abril de 1897, en la hacienda de Chichimequillas. Su padre, José Paulín y Vera, era el administrador de la hacienda. Su madre, doña Clemencia González Medina, fue una mujer dedicada al hogar. El niño estudió primaria en colegios particulares; secundaria y preparatoria en el Colegio Civil de Querétaro.
En diciembre de 1986, en entrevista para Ventana de Querétaro, me contó que su profesor de Anatomía lo reclutó en abril de 1914 para auxiliar a los heridos de la batalla de Celaya, un enfrentamiento entre el Ejército Constitucionalista de Álvaro Obregón y la División del Norte, comandada por Pancho Villa. El doctor consiguió que la mesa de operaciones que traía consigo la tropa del Centauro se quedara en Querétaro. Hoy en día es una pieza histórica que se exhibe en el Museo Regional. El doctor aseguraba que en esa mesa hizo miles de operaciones, ya que fue director del Hospital Civil durante 36 años y en los primeros veinte no había otro cirujano en esta zona.
En 1916, inició sus estudios en la Escuela de Medicina de la Universidad Nacional de México, que todavía no era facultad. Al poco tiempo, en Querétaro, murió el mayor de sus hermanos, razón por la cual el estudiante suspendió su carrera y regresó a casa para ayudar a sus padres a solucionar los problemas familiares.
En esa etapa fue practicante de la Segunda División de Oriente, de la entonces Secretaría de Guerra. Al enfrentarse a sus primeros casos, el joven estudiante recetaba lo que había aprendido de su madre: defensivas, cataplasmas, tintura de yodo, agua oxigenada: remedios caseros que le ayudaban a resolver diversos problemas.
En 1917, mientras en Querétaro se promulgaba la Constitución Mexicana, el joven Esteban logró matricularse de nueva cuenta en la Escuela de Medicina, donde permaneció hasta su titulación. Para ayudarse económicamente, llevaba la contabilidad de pequeños negocios; en sus tiempos libres, asistía a corridas de toros y tuvo ocasión de probar suerte como aficionado práctico en la plaza. Amante de la música, fundó una rondalla con sus compañeros universitarios, a la que pertenecía el gran tenor Alfonso Ortiz Tirado, que a la larga tuvo una exitosa carrera como médico y como cantante profesional.
Paulín González fue practicante del hospital Concepción Béistegui, lo que le permitió asistir en algunas cirugías y conseguir pacientes para su práctica privada.
El 18 de julio de 1923, presentó un brillante examen profesional. Meses después, instaló su consultorio en Querétaro, aunque los prejuicios de la época se interponían: los médicos no podían auscultar a mujeres. Si eran casadas, sus maridos se podrían molestar. Si eran solteras, por respeto a sus familias. Entre varones, había otra serie de obstáculos que impedían la revisión médica.
Me contó que en la plazuela de Santa Clara varios jornaleros cada día ofrecían su trabajo para transportar bultos y ayudar en mudanzas. Estos hombres cargaban sábanas y barrotes para crear un ambiente estéril alrededor de las camas de los pacientes en sus propias casas, logrando así un espacio apropiado para la cirugía, evitando que cayeran polillas de las vigas del techo sobre las heridas. Los anestesistas eran personas sin conocimientos de medicina que empapaban trozos de tela con cloroformo y éter que acercaban a la nariz de los enfermos para aminorar el dolor.
Cirujano por amor al quirófano, capaz de enfrentarse al dolor y la muerte para salir triunfante en cada batalla, Esteban Paulín realizaba tres o cuatro operaciones diarias y lo que podía esperar era programado para el domingo, día en que se encerraba en la sala de operaciones desde las seis de la mañana hasta las diez de la noche, haciendo una intervención tras otra. Tuvo una vida de fuertes emociones: “Mis cinco ayudantes murieron de infarto”.
Fue el primer médico en traer a nuestra región un equipo de rayos X. Introdujo diferentes técnicas de diagnóstico, como los análisis clínicos. Fue fundador del Colegio Internacional de Cirujanos y miembro de honor tanto de la Academia Nacional de Cirugía como de la Asociación Internacional de Cirugía con sede en Ginebra, Suiza.
En el Real Colegio de Santa Rosa de Viterbo, hoy sede de la Secretaría de Cultura del Gobierno del Estado, funcionó el Hospital Civil durante un siglo. El doctor Paulín fue director de la institución por más de treinta y de manera simultánea, fue director de la Escuela de Enfermería y Obstetricia, precursora de la facultad de la Universidad Autónoma de Querétaro.
El 29 de enero de 1926, contrajo matrimonio con la señorita Ángela González de Cosío, con quien formó una unión que duró 76 años. Ambos trajeron al mundo a 15 hijos: Esteban, Conchita, Angelita, Pepe, Nacho, Carlos, Alejandro, Lourdes, Lupita, Rosita, Rosa Marta, Teresita, Juan Antonio, Manuel y Carmelita.
En sus viajes por el mundo, en congresos en medicina, gente de todas partes se asombraba ante el tamaño de su familia. Sus colegas de otros países aplaudían cuando el médico mexicano lograba repetir sin titubear los nombres de todos sus hijos.
Su primogénito, el doctor Esteban Paulín Cosío, quien heredó su buena salud y longevidad, es un reconocido cirujano gastroenterólogo quien ha entregado a nuestra tierra miles de horas dedicadas al desarrollo y a la gestión de las artes. Fue presidente del patronato de la Orquesta Filarmónica del Estado de Querétaro, y ocupó posiciones de relevancia en el Colegio Médico. Es un hombre interesado en la historia, el arte, la cultura, la geografía y los viajes; ha sido uno de los hijos de esta tierra que más amor le ha prodigado.
El 17 de septiembre del año 2001, concluyó el ciclo vital del doctor Esteban Paulín González, hombre cuya fructífera vida inició en el siglo XIX, continuó todo el siglo XX y murió en el siglo XXI. Pocos seres humanos han tenido la dicha de vivir a través del tiempo con tanta intensidad.







