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Damas y caballeros

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Leopoldo Peralta Díaz Ceballos
Su legado

“San Juan del Río a través de sus personajes”, es un libro editado por el Municipio de San Juan del Río en el año 2017; en ese volumen, el autor Sigifredo Soltero Alvídrez refiere: “El 8 de febrero de 1912, en la ciudad de Puebla, cuando la etapa armada de la Revolución tenía un breve respiro, siendo presidente Francisco I. Madero, llegó al mundo el niño Leopoldo Peralta Díaz Ceballos. Sus padres fueron el señor Anacarsis Peralta Requena y la señora María Díaz Ceballos Mont. Cuando el niño Leopoldo cursaba sus estudios de educación primaria, fue compañero y amigo de Gonzalo Río Arronte, y esa amistad trascendió a los años e influyó en la vida de San Juan del Río, Querétaro”. 

Óscar Peralta Navarrete, el segundo hijo de este industrial, asegura que don Leopoldo nació en Tepeaca, un municipio distante 35 kilómetros de la capital de Puebla. Siendo un joven inquieto y en busca de nuevos horizontes, a los quince años se mudó a San Francisco, California, donde su hermano Héctor tenía un negocio de abarrotes. Aprendió inglés y convivió con una comunidad internacional que un siglo antes había sentido la efervescencia de la fiebre del oro, que les llevó a construir una de las ciudades más bellas del mundo. 

Ahí, el muchacho cursó la preparatoria y al mismo tiempo trabajaba en un taller mecánico. Este empleo le permitió adquirir su primer automóvil, un Ford de pedalesm que durante los fines de semana empleaba para transportar y vender sandías; quizá su propio impulso lo habría llevado a volverse ciudadano de esa nación, pero a los tres años de esta estancia en los Estados Unidos, tuvo que regresar a México, ya que su padre sufría problemas de salud que le impidieron atender sus negocios.

Como ocurrió a tantos mexicanos de su generación, el joven Leopoldo y su hermano Alejo se trasladaron a la Ciudad de México para estudiar la carrera universitaria. Se decidió por la Escuela Superior de Ingeniería Mecánica y Eléctrica, donde Leopoldo se graduó en 1936. Ese año, por decreto presidencial de Lázaro Cárdenas, abrió sus puertas el Instituto Politécnico Nacional, que incorporó a la ESIME dentro de su estructura.

Apenas estaba recibiendo su título de ingeniero, en 1936, cuando adquirió acciones de la fábrica de velas Lux Perpetua, que había sido fundada por su padre. Al día de hoy, 2025, miembros de la familia Peralta siguen a cargo de la empresa Ceras San Nicolás, en la ciudad de Puebla, que continúa la producción de velas y otros productos, como papel encerado.

En 1936, recién graduado, Leopoldo estableció con su hermano Alejo un taller de reparación de aparatos de radio. La radiodifusión era el medio por excelencia; los mexicanos escuchaban noticias, música y comentarios. El taller estaba ubicado en la calle de Moneda, en el Centro Histórico de la Ciudad de México. Su hijo Óscar recuerda: “Cuentan que para conservar a sus clientes les decían que regresaran por el aparato luego de ocho días aunque la reparación no les llevara más que unos cuantos minutos, para poder justificar su cargo”. 

El 26 de marzo de 1938, contrajo matrimonio con Graziella Navarrete, originaria de Guadalajara, Jalisco, con quien había sostenido un noviazgo de siete años.  La pareja de recién casados se mudó a la ciudad de Monterrey, N.L., donde el joven ingeniero inició sus primeras actividades profesionales en la empresa Cervecería Cuauhtémoc. En su primer cargo lo destinaron a la línea de envases. Sin duda, en esa compañía conoció a don Eugenio Garza Sada, uno de los directivos del grupo industrial al que pertenecía la fábrica de cerveza, quien además fue fundador del Tecnológico de Monterrey. La filosofía empresarial y la calidad humana de don Eugenio, un ingeniero egresado del Tecnológico de Massachusetts, fueron factores decisivos para el desarrollo de Nuevo León.

Después de un tiempo en la Sultana del Norte, en 1938 regresó a la Ciudad de México para colaborar con su padre, don Anacarsis Peralta Requena, en la fábrica de velas y veladoras Lux Perpetua. A fines de ese año nació su primer hijo, Leopoldo, quien continuó el camino de su padre como industrial y que fue presidente municipal de San Juan del Río de 1982 a 1985.

En 1941, don Leopoldo fundó una fábrica de artículos electrónicos. Consolidó sus actividades en la empresa de veladoras, basado en la patente que desarrolló su padre, para la fabricación de veladoras con parafina sin vaso de vidrio, sino envase de papel.

Como industrial, fue pionero en establecer un grupo de empresas junto con su hijo Óscar en San Juan del Río, entre ellas la planta de velas y veladoras Lux Perpetua y el Grupo Intra, dedicado a la manufactura de sistemas de construcción.

Dice el escritor Soltero: “En 1949 adquirió la distribución de aviones Cessna. Para los años 50 del siglo XX, la expansión de los negocios y empresas de Leopoldo Peralta Díaz Ceballos fue en aumento; abría una empresa, la encarrilaba y se lanzaba a abrir una nueva”.

El amor al deporte, en particular la equitación, llevó a nuestro personaje a presidir la Federación Ecuestre Mexicana en 1967. Un año después, los Juegos Olímpicos se realizaron en México. Para adiestrar al equipo representativo de nuestro país, este entusiasta de la equitación formó un equipo con el patrocinio del general Jesús Clark Flores y de don Raúl Salinas Lozano, entonces Secretario de Industria y Comercio. El equipo representativo del país, formado por los hijos de don Raúl, por el capitán Mendívil y el mayor Saucedo Carrillo, hizo una gira por Europa. La gira dio inicio en París e incluyó a Niza, Roma, Lucerna y terminó en Aix-La-Chapelle, Alemania.

En 1971, don Leopoldo se interesó por la actividad agrícola y adquirió un terreno en el municipio de Colón para convertirlo en un rancho productivo con nuevas tecnologías.

Toda su vida, el industrial se mantuvo en comunicación con Gonzalo Río Arronte, un visionario que desarrolló el Parque Industrial Valle de Oro en San Juan del Río, a lo largo de la década de 1970. Con su guía, don Leopoldo adquirió 35 hectáreas de este parque para instalar cinco de sus empresas, integrantes del Grupo Intra, llamado hoy en día Metal Intra, que hasta entonces estaban ubicadas en la Ciudad de México. Este conjunto de industrias fueron fuente de trabajo para más de cinco mil personas, entre operarios y empleados administrativos.

Interesado en la conjunción de esfuerzos para dar sustento al desarrollo de la región, fue presidente de la Asociación de Industriales de San Juan del Río en el periodo 1972-1974, y a la fecha se le considera como uno de los empresarios con mayor visión para el crecimiento industrial de los valles del estado.

En 1974, en una reunión gestionada para presentar a industriales el proyecto de la Unidad Querétaro del Tec de Monterrey, conoció al doctor Rafael Rangel y al licenciado Jesús Oviedo, quienes le invitaron a apoyar el inicio de la carrera de agronomía en la naciente institución de educación superior, junto con don Roberto Ruiz Obregón y otros empresarios, en particular los relacionados con la producción agrícola. 

A partir de entonces, don Leopoldo apoyó a la Unidad Querétaro, que con el tiempo cambió su nombre a Campus. Ofreció de manera honoraria sus conocimientos y experiencia con sumo interés, como miembro del Consejo, ya que la educación fue una de sus más grandes inquietudes. Consideraba que un pueblo educado tendría todas las herramientas para alcanzar las metas propuestas.

Posteriormente, don Leopoldo invitó al doctor Rangel Sostmann a Jerusalén, Israel, para conocer las nuevas tecnologías de riego. Este viaje tuvo como resultado la adquisición de conocimientos sobre agricultura para sustentar el programa de estudios de la carrera de agronomía en Querétaro.

El doctor Rangel, quien fue director de la Unidad Querétaro, más tarde vicerrector y por muchos años rector del Sistema Tec de Monterrey, mantuvo una relación personal muy cercana con el ingeniero Peralta, junto con su esposa Graziella e hijos. Toda la familia Rangel, incluyendo a la señora Peggy y sus hijos, preservaron su amistad con don Leopoldo Peralta Díaz Ceballos hasta el final de su vida. Los laboratorios de la carrera de Bioquímica, fundada en 1977, fueron posibles gracias a su importante aportación.

En marzo del 2009, gracias a la familia de don Leopoldo, se inauguró el albergue temporal que lleva su nombre. La función de ese espacio era recibir a los familiares de pacientes del anterior Hospital General; la gestión correspondió a la presidenta del Sistema DIF Municipal, Viviana Fierro Iberri. En una ceremonia oficial, el H. Ayuntamiento impuso el nombre Leopoldo Peralta Díaz Ceballos a una calle en la colonia Casa Blanca de San Juan del Río.

Don Leopoldo y doña Graziella tuvieron siete hijos: Leopoldo, Óscar, Graziella, Sergio, Natalia, Luis Humberto y Fernando, quienes le dieron veinticinco nietos y treinta y cinco bisnietos, que él alcanzó a conocer y disfrutar de su compañía. 

El 8 de mayo del año 2002, luego de una vida interesante, con metas alcanzadas, empresas fundadas y muchos obstáculos superados, trascendió el alma de don Leopoldo Peralta Díaz Ceballos.