Ricardo Miledi Dau
Su Legado
El estado de Querétaro ha sido favorecido por la fortuna. En esta entidad hay 53 centros de investigación, lo que se traduce en cientos de científicos, cuya presencia beneficia a todos: por lo regular son personas cultas, interesadas en el bien común, que tienden a la reflexión y se dedican al estudio. Son buenos ciudadanos. Tal es el caso del doctor Ricardo Miledi.
Nació en la ciudad de Chihuahua, el 15 de septiembre de 1927. Se graduó como médico general en la Universidad Nacional Autónoma de México. Su carrera científica inició en el Instituto Nacional de Cardiología, donde el nivel de su trabajo lo hizo acreedor a una beca de la Fundación Grass para investigar en el prestigioso Instituto de Oceanografía de Woods Hole, en Massachusetts, Estados Unidos. Más tarde, apoyado por la Fundación Rockefeller, realizó investigaciones en el Centro de Investigación Médica John Curtin en Australia.
En 1959, el premio Nobel Sir Bernard Katz lo invitó a colaborar en el departamento de Biofísica en el University College de Londres. El doctor Rogelio Arellano, discípulo directo del doctor Miledi, explica su contribución: “Describió el papel del calcio en la liberación de neurotransmisores y descubrió, mediante análisis de ruido, las propiedades elementales de un canal iónico asociado al receptor nicotínico de acetilcolina; proezas que son hitos en la historia de la neurofisiología”. Muchos otros experimentos le permitieron ser nombrado Distinguished Professor en la Universidad de California en Irvine, donde trabajó hasta el final de su vida, al mismo tiempo en que era investigador extraordinario del Instituto de Neurobiología en la UNAM Campus Juriquilla.
El doctor Miledi es uno de los neurocientíficos más citados de todos los tiempos. Recibió algunos de los más importantes premios en su ámbito, entre ellos el Luigi Galvani (1987), King Faisal de la Ciencia (1988), The Royal Medal of the Royal Society (1998), el Príncipe de Asturias (1999), el Juan Negrín (2009) y el Ralph W. Gerard en Neurociencias (2010).
Perteneció, entre otras, a la National Academy of Sciences (USA), la Royal Society (UK), la European Academy of Arts, Sciences and Humanities y la Academia Mexicana de las Ciencias. Fue investido como doctor Honoris Causa por varias universidades.
El doctor Andrés Morales, de la Universidad de Alicante, España, escribió en su obituario: “Ricardo buscó en todo momento mantenerse al margen de los focos mediáticos, a pesar de los innumerables premios y reconocimientos recibidos, y fue un auténtico referente de discreción, honestidad y tenacidad. Se esforzó en facilitar la creación de ambientes multiculturales (era frecuente encontrar en su laboratorio a postdocs de más de diez países) y siempre estuvo comprometido con los más desfavorecidos, incluso abriendo las puertas a personas con grave riesgo de exclusión social, para mostrarles otros caminos. Sin duda, su gran soporte fue su querida e inseparable Mela, a quien adoraba y a quien reconocía como ‘el lado oculto de su éxito’. Era ella quien, en coordinación con Ricardo, se encargaba de ‘cuidar’ a sus discípulos, hasta en los más pequeños detalles, e incluso bordaba en un mantel las firmas de sus más queridos colaboradores”.
El acta firmada en Oviedo, España, el 9 de junio de 1999, por el jurado calificador del premio Príncipe de Asturias dice así: “Los estudios y descubrimientos en el campo de la neurofisiología del doctor Miledi, especialmente los relacionados con la caracterización molecular de los receptores de la neurotransmisión, son esenciales para conocer el modo de comunicación de información en el sistema nervioso y su respuesta y afectación por fármacos y sustancias tóxicas”.
Cuando recibió el doctorado Honoris Causa por la UNAM, declaró: “El cerebro es el sitio de la memoria, del odio y del amor; pero todas esas son funciones de la sinapsis, y en última instancia todo lo que hace depende de la transmisión de señales a través de la sinapsis. Somos, en realidad, lo que nuestras sinapsis dictan”.
Con más de 500 publicaciones, el incansable científico contribuyó para crear un método bioquímico para trasplantar los receptores a diferentes neurotransmisores, y lo desarrolló para abordar a nivel molecular el sistema nervioso central, utilizando los ovocitos de la rana Xenopus laevis, o rana sumo de Sudáfrica. Este método se ha aprovechado para desarrollar nuevos tratamientos contra una diversidad de patologías como la epilepsia y el Alzheimer.
En un discurso, afirmó: “Espero que los jóvenes emprendan esta gran aventura que es la investigación científica. Yo llevo más de cincuenta años, ha sido un placer. Espero que les dé todas las alegrías que a mí me ha dado”.
Pienso en Ricardo Miledi, a quien tuve el honor de conocer; su esposa Mela y él eran dos habitantes de Juriquilla que uno podía encontrar en el parque o en un supermercado. La labor del investigador ha propiciado que millones de personas tengan mejor atención médica, en el mundo. Mela fue su hogar, en todos los países en que vivieron.
El 18 de diciembre de 2017, en Irvine, California, Estados Unidos, falleció el doctor Ricardo Miledi, un científico mexicano a nivel universal cuya obra desveló aspectos fundamentales del funcionamiento del cerebro humano.







