lunes, febrero 16, 2026
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Damas y caballeros

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Paco Rabell
Su Legado

Francisco Rabell Fernández era su nombre. Ana, su mujer. El teatro, su pasión. El Corral de Comedias, su casa en toda la extensión de la palabra. 

Uno piensa que Paco comenzó a actuar al mismo tiempo en que descubrió el mundo, en Cadereyta. Nació en este pueblo del semidesierto, el 29 de septiembre de 1934. Sus padres decidieron trasladarse a la capital del estado en 1941. Aquí cursó sus estudios y se licenció como abogado en la Universidad Autónoma de Querétaro.

Paco Rabell y otros estudiantes, tocados por el duende lorquiano, siguieron el camino trazado por Hugo Gutiérrez Vega, su amigo entrañable, para fundar el grupo teatral universitario Cómicos de la Legua, en 1959. Dieron su primera función en el atrio del templo Santa Rosa de Viterbo. Dos años después, Paco y Ana María, miembros del elenco, se casaron en una boda a la usanza tradicional.

Los Cómicos, con el impulso de Gutiérrez Vega y el talento de sus actores, lograron convocar a grandes directores como Juan Miguel de Mora, Alejandro Jodorowsky o Julio Castillo, quienes vinieron a Querétaro a montar obras como “Guillermo Tell tiene los ojos tristes”.

Cuentan que Rabell logró una audiencia con el presidente Echeverría, quien autorizó el apoyo al grupo universitario para una gira a Centroamérica. Los destinos internacionales se multiplicaron. Pronto, estos muchachos de Querétaro se vieron representando obras de autores del Siglo de Oro en el Teatro Español de Madrid.

Paco y Ana tuvieron tres hijos: Luis, Francisco y Enrique, quienes crecieron rodeados de máscaras, ropa de artificio y muebles que desaparecían de su habitación para ser llevados al escenario; recibieron lecciones de doncellas virtuosas, amantes traicionados, tiranos sin alma, caballeros de antaño y toda clase de seres imaginarios que cobraban vida frente a sus ojos. Los tres llevan el teatro en la sangre.

Luego de dos décadas de ser miembro de los Cómicos, Paco decidió fundar la compañía La Familia, con una inversión de 100 mil pesos prestados por un banco y otro tanto por un amigo, en su propia casa, ubicada en la calle Carranza #39 del barrio de La Cruz. El Corral de Comedias ofreció su primera función en diciembre de 1980.

En funciones abiertas al público, o con los asientos contratados para una convención, los actores dirigidos por Rabell interpretaron cientos de veces obras como “Sancho Panza en la ínsula de Barataria”, tomada del Quijote y adaptada por Alejandro Casona, o “Farsa y justicia del señor Corregidor”, “Los habladores” y “La tierra de Jauja”. Montaban obras de Tirso de Molina, Calderón de la Barca y Lope de Vega. Uno de sus éxitos fue “La venganza de don Mendo”, de Pedro Muñoz Seca. Las comedias de enredos eran su especialidad. “El Burlador de Sevilla” de Tirso de Molina, se representaba cada noviembre; de manera esporádica, ofrecían el Tenorio de José Zorrilla.

Actores como Manuel Naredo, Héctor Bonilla, Margarita Adame, Verónica Carranco, Antonio Noriega, Paloma Borja y Jorge Martínez hacían suyas las tablas donde eran acompañados por miembros de la familia Rabell, encabezados por doña Ana Flores.

Anita dedicó sus afanes, su talento y enjundia a los proyectos de su marido. Fue su compañera, su aliciente, el amor de su vida. Sin ambages, se enfundaba en un vestido de doncella medieval y salía a recorrer las calles con papeles en la mano, donde se anunciaban las funciones; si se encontraba con amigos los convencía de ir al teatro; si eran desconocidos, pronto dejarían de serlo. Ella garantizaba la taquilla.

Me cuenta Manuel Naredo: “Para Paco, algo muy importante fue llevar a su grupo al Corral de Comedias de Almagro, en España; en 1982, la organización del Festival decidió invitar a una segunda función a la compañía, dado el éxito obtenido. Nunca vi a Paco tan emocionado como esa noche”.

Perdido en la Urbe de Hierro: el 31 de agosto de 2014, Paco abordó un avión con destino a la ciudad de Nueva York, con el fin de asistir a un congreso sobre teatro; ahí estaría un par de días y continuaría su viaje a Europa. En Madrid, se encontraría con sus hijos. Paco me contó que el taxi lo llevó al hotel sede del evento, que tenía cupo lleno; en la recepción, no encontraron su nombre. Entonces, le pidió al taxista que lo llevara a otro hotel y se dedicó a ver obras de teatro. Mientras, los organizadores lo buscaban por todas partes, alertaron a su familia y Hugo Gutiérrez Vega puso al cuerpo diplomático de México a no descansar hasta encontrarlo. Final feliz. Todo fue una confusión. Nos volvió el alma al cuerpo. 

En el 2016, Paco fue reconocido por el Instituto Queretano de la Cultura y las Artes, hoy Secretaría, con el Premio Estatal Emérito de la Cultura. En 2018, entregó la dirección del Corral de Comedias a su nieto Diego. 

Los árboles mueren de pie. Paco Rabell, un roble gigantesco que tanta sombra dio, partió al infinito el 4 de diciembre de 2020. Los amantes del teatro seguimos extrañando su presencia y aplaudiendo la obra de su vida.