A veces me pregunto: ¿vale la pena amar tanto?
El amor tiene sus matices, nos alegra, nos hace feliz,
pero también duele, consume, transforma, provoca insomnio.
Me paro frente al espejo, no me gusta lo que veo.
Ese rostro avejentado no es el mío.
No me reconozco.
Mi piel no estaba marchita.
He perdido el brillo de mis ojos.
Por eso me hago esta pregunta:
¿vale la pena amar tanto?
Desdichados los pobres de espíritu que nunca han amado.
Desconocen el sabor agridulce del amor.
Tú lo conoces bien, has aprendido a matizar su sabor.
También, a mover las piezas del juego, para ganar la partida.
Tu amor es nocivo, destruye. Sin embargo, te amo.
No solo te has posesionado de mi cuerpo,
pretendes doblegar mi espíritu, también apoderarte de mi alma.
¡Voy a romper las cadenas para ser libre otra vez!
Porque te amo me alejo, porque me amas me voy.
Este amor que es tuyo y es mío, nos consume lentamente.
Antes de morir, porque mueres, muero también por ti.
Solo nos queda decir adiós.
Han pasado dos años desde aquel día que nos dijimos adiós.
He buscado la miel de otros labios y, el arrullo de otros brazos.
No me cobijan ni arrullan y los besos me saben amargos.
He buscado y buscado, todo ha sido en vano sigo pensando en ti.
Mis días han sido grises, tiempos lentos y pesados.
Tal vez en tu vida la dicha has encontrado.
Te han amado, ayudándote a transitar las emociones.
Tal vez tú, de mi amor, ya te has olvidado.
Sorpresas que da la vida: este ha sido un encuentro inesperado.
Jamás pensé encontrarte en este confín del mundo.
Quise viajar para olvidarme de ti. El destino tenía otros planes.
Habiendo tantos lugares, ¿tenía que encontrarte aquí?
No hubo palabras, solo nos abrazamos.
Nuestras manos y labios se reconocieron.
Ellos también se habían extrañado.
Cuando nuestras miradas se cruzaron, supe cuál sería el final.
La suave arena de la playa, acarició mis pies.
La plateada luna llena, pródiga refleja su belleza
en las quietas olas del mar.
La suave brisa con olor a mar, acompaña nuestro caminar.
Todo es armonía, una noche ideal para volver a amar.
El ayer ya no está, con él la desdicha se fue.
El futuro aún no llega, no sabemos lo que traerá.
Sólo tenemos este presente, un regalo en nuestra vida.
Vivamos este momento, que algún día solo recuerdo será.
Ahora tus cálidos labios y suaves manos
recorren cada espacio de mi piel
en pausado ascenso al paraíso,
preámbulo de la unión de cuerpo y alma, en sincronía universal.







