jueves, mayo 14, 2026
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La gran riqueza de México – Teresita Balderas y Rico

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Imagen de archivo de la avenida Paseo de la Reforma, en la Ciudad de México, capital de México. (Xinhua/Xin Yuewei)

Una de mis grandes preocupaciones es la educación de los niños y jóvenes en mi país. México debería ser una potencia mundial, tiene una gran riqueza forestal, agrícola, minera, ganadera, playas, montañas, bosques, fauna y flora, que otros países desearían tener.

Me he preguntado por qué no se ha desarrollado. Lo oculto tras las respuestas es aterrador. Habría que considerar cuatro rubros nodales: educación, salud economía y cultura en general. Se han hecho esfuerzos, se han creado buenos programas, tratando de innovar lo caduco. Sin embargo, no ha sido suficiente.

Nos congratulamos al enterarnos de los niños y jóvenes sobresalientes en su desarrollo cognitivo, concursando con estudiantes de otros lugares del mundo. Me emociona ver a ganadores mexicanos, mostrar con orgullo nuestro lábaro patrio, en el continente europeo, asiático, africano o americano.

Para triunfar en sus proyectos, los colegios, maestros y padres de familia tendrán que trabajar intensamente para apoyar a niños y jóvenes en sus proyectos trascendentales.

Desafortunadamente, no todos los niños cuentan con los recursos para trascender. Millones carecen de los recursos económicos que les permitan seguir estudiando. En México, la pobreza y bajos salarios obligan a los padres a trabajar en horarios que dejan poco tiempo para convivir con los hijos y protegerlos de los riesgos que viven en la escuela o en la calle. El poco tiempo de convivencia familiar es un peligro latente en el desarrollo de los hijos. Muchos padres trabajan todo el día para completar los gastos del hogar, porque los míseros salarios no son suficientes para alimentar, vestir y adquirir los útiles escolares de sus hijos.  

Brillantes inteligencias han quedado perdidas en el polvo del camino, por causas como éstas y por la calidad educativa.

Sin embargo, la esperanza está latente. Las ilusiones emergen cuando uno se encuentra con maestros, padres de familia y alumnos que, motivados por sus mentores   sueñan, empiezan a vivir la escuela no como un castigo, sino como una oportunidad de hacer realidad sus ideas.

No todo está en el olvido. A veces, nos encontramos con sorpresas muy gratas, que permiten pensar en una educación de calidad. Surge cuando la triada: maestros, padres y alumnos, asume su responsabilidad. Fui invitada a la graduación de los niños de sexto grado de la Escuela Primaria “Fundadores 20 de Agosto”, ubicada en Lomas de San Pedrito Peñuelas, Santiago de Querétaro.

Las emociones despertadas llegaron a mi corazón.

Antes de que abrieran la puerta de la escuela, la mayoría de padres y alumnos esperaban emocionados. Los padres o padrinos de los niños, llevaban regalos para los graduados. Los papás vestían sus mejores galas, era una fiesta muy importante.

La escuela es pública y el espacio es muy grande, tiene muchos árboles, los patios están muy limpios. Hay jardineras y bancas en diversos lugares, procurando que los niños el recreo, tomen su refrigerio y conversen. Me enteré de que no es necesario que anden corriendo. Escuchan música, desayunan y platican sentados cómodamente.

La ceremonia de graduación estuvo magnífica, bien organizada, las sillas para los graduados elegantemente vestidas. Los padres, abuelos e invitados permanecimos de pie. Cuando mi nieto recibió su certificado, me dio mucho gusto que haya estudiado en esa institución.  

El director de la escuela, personal docente y de apoyo, trabajan retomando la ética profesional. 

Escuelas como ésta, “Fundadores 20 de Agosto”, las podemos encontrar, donde el amor y el trabajo por la educación, se vive día con día.