Ignacio Padilla
Su legado
Era un genio. Su temprana muerte, ocurrida el 20 de agosto de 2016, fue tan repentina que estremeció a miles: lectores, alumnos, editores, traductores, sus vecinos en Juriquilla. Querétaro sufrió la pérdida del escritor más exitoso, a nivel internacional, que haya vivido en nuestro estado. Fue el queretano de adopción con mayor número de títulos publicados y premios obtenidos. Sus obras fueron traducidas a más de veinte idiomas.
Representó a Querétaro en la Academia Mexicana de la Lengua.
Ignacio Fernando Padilla Suárez (Nacho) nació el 7 de noviembre de 1968, en la Ciudad de México. Por haber llegado al mundo en un año emblemático, de cambios sociales y políticos, al coincidir en esquemas de pensamiento con otros autores de su edad, formó parte de la Generación del Crack, junto con Jorge Volpi, Eloy Urroz, Pedro Ángel Palou, Ricardo Chávez y Vicente Herrasti. Escribieron un documento en el que declaraban sus principios, titulado Manifiesto del Crack. Su propósito era retomar la estética del boom latinoamericano de las décadas de los sesenta y setenta del siglo XX.
Lo más memorable de algunos miembros de ese grupo era su lealtad. Los unía la auténtica admiración que sentía cada uno por los otros; fortalecieron sus lazos al volverse compadres y ser testigos de las celebraciones de vida más importantes.
Padilla estudió la licenciatura en Comunicaciones en la Universidad Iberoamericana, Ciudad de México; maestría en Literatura Inglesa en la Universidad de Edimburgo, Escocia; doctorado en Filología en Salamanca, España.

Nacho fue autor de cuento, novela, dramaturgia y ensayo. En 1989, se le concedió el Premio Alfonso Reyes. En 1994, ganó tres premios en la misma edición del Premio Literatura Bellas Artes: el de Cuento Infantil Juan de la Cabada por Las tormentas del mar embotellado, el de Juan Rulfo para primera novela por La catedral de los ahogados, y el de ensayo literario Malcolm Lowry por El dorado esquivo: espejismo mexicano de Paul Bowles.
En 1999 obtuvo dos premios, el de ensayo José Revueltas por Los funerales del alcaraván / historia apócrifa del realismo mágico, y el de cuento Gilberto Owen por Las antípodas y el siglo.
Obtuvo el Premio Kalpa de Ciencia Ficción por el relato “El año de los gatos amurallados”, sobre un grupo que se refugia en el Metro de la Ciudad de México luego del terremoto de 1985.
En el año 2000 recibió el Premio Primavera de Novela por Amphitryon, publicada por Espasa Calpe, Madrid. Esta novela ubicada en la II Guerra Mundial tiene como trasfondo una serie de partidas de ajedrez. Plantea la posibilidad de que Adolf Eichmann, hombre de confianza de Hitler que tuvo a su cargo la aniquilación de los judíos, no haya sido detenido y condenado.
En el 2001 publicó Crónicas africanas, inspirado en su vivencia como estudiante de preparatoria en Swazilandia, un reino pequeño, que limita con Sudáfrica y Mozambique. “Estas páginas son —afirma el autor— el testimonio de mi inmersión en una realidad africana paralela y sustancial; son la carta de navegación de un viajero que, bien o mal, creyó y cree aún haber hallado en Swazilandia su punto de no retorno en su trayecto hacia un reino de paradojas donde los reyes y las princesas no querían serlo, donde los brujos se embozaban en viejos automóviles y donde la felicidad idílica de un cuento de hadas era el resultado de las más siniestras maquinarias políticas”.
En el año 2009, su título La vida íntima de los encendedores, obtuvo el Premio Málaga.
En otras áreas de su vida laboral, fue agregado cultural de la Embajada de México en Londres y fue director de la Biblioteca José Vasconcelos.
En el año 2011 publicó El daño no es de ayer, que obtuvo el premio de novela La otra orilla, convocado por Editorial Alrevés, Barcelona.
Del año 2016 es el libro de cuentos Inéditos y extraviados. Del cuento Número Tres extraigo este párrafo: “Un hombre poco sociable y propenso a la añoranza decide, por su cuenta y riesgo, inventarse una finca campestre en su departamento. Para ello, claro está, debe primero inventarse el campo. En la sala de estar situará un bosque de altísimas coníferas similares a las que trepaba cuando era niño, sobre todo abetos, oyameles y cipreses que en otoño cubrirán la alfombra con piñones y hojarasca”.
Otras novelas publicadas: Si volviesen sus majestades, Espiral de artillería, La gruta del toscano. Entre sus libros de cuentos, están: Cuentos subterráneos, Trenes de humo, Imposibilidad de los cuervos y Últimos trenes.
De su trabajo ensayístico, sobresalen: La industria del fin del mundo, La teología de los fractales, Los demonios de Cervantes y Cervantes & Compañía.
Estuvo casado con mi querida amiga Liliana Cerdio Gudiño, maestra en Literatura por la Universidad de Salamanca en España; una mujer inteligente, de pensamiento profundo; llena de talentos, posee una belleza entrañable. De manera honoraria, es promotora de lectura en escuelas de primaria. Fueron padres de Constanza y Esteban, quienes vivieron en nuestra ciudad. Esteban, un brillante experto en Robótica, es egresado del Tec de Monterrey Campus Querétaro, radica en Suiza, donde colabora con instituciones financieras. Constanza es arquitecta, se interesa en la producción cinematográfica y vive en España. Nacho y Lili viajaron muchísimo, tuvieron estancias literarias o de trabajo en diferentes ciudades y países de varios continentes.
Me tocó el privilegio de gestionar el homenaje póstumo en el Centro de las Artes de Querétaro, en el Real Colegio Santa Rosa de Viterbo, a los pocos días de su muerte. En noviembre, en el Palacio de Bellas Artes de la Ciudad de México, sus amigos Jorge Volpi, Rosa Beltrán y Socorro Venegas, encabezaron una ceremonia donde declararon: “Es difícil pensar que él ya no está aquí a nuestro lado, pero vamos a leerlo, esta será la manera en que siempre esté presente como lo que fue: amigo, compañero, hermano”.







