Al nacer, somos seres frágiles que dependen de seres desarrollados: nuestros padres biológicos, algún familiar o padres adoptivos.
El recién nacido es un ser vulnerable. Metafóricamente, se llega con un pequeño maletín donde está guardada la información genética. El maletín permanecerá cerrado algunos años, hasta que nos demos cuenta de la carga que traemos. Si las circunstancias son favorables, las utilizaremos. Si no es así, se ocultarán.
La educación y el contexto donde se vive, dan pauta a las raíces que habrán de sostener el rol de la vida.
El lugar donde llega el recién nacido, puede ser favorable o desfavorable económica o socialmente. Sin embargo, si las circunstancias no son las adecuadas, no necesariamente se tiene que vivir en la pobreza o la incultura. El gran psicólogo Erick Fromm menciona en sus libros que no necesariamente debemos quedarnos atrapados en las mismas carencias. Podemos cambiar nuestro entorno de vida, aunque se requiere de mucho trabajo, tener un proyecto viable, ser perseverante para convertir el sueño en realidad.
Viví mi niñez en la casa de mis padres, con pocos recursos económicos. Esta situación no era notoria para nosotros los niños: nos alimentaban, teníamos dónde dormir y, sobre todo, dónde jugar. El terreno de la casa era muy grande. Había una nopalera con diversas clases de tunas, también cactus: garambullos, biznagas, mezquites; animales domésticos y conejos, tortugas, ardillas.
Desde niña, me gustó estudiar. Traté de encontrar la posibilidad de hacerlo y siempre agradeceré a mi hermana Betty que me permitiera vivir en su casa, donde se me facilitaba estudiar. Con ella viví seis años.
Las experiencias de vida del diario acontecer van construyendo el andamiaje de nuestra existencia. Estudiaba el primer grado de primaria en la Escuela Miguel Hidalgo. Yo era la de más edad en el grupo y me avergonzaba hacer los ejercicios que ordenaba el profesor. Cierto día me atreví a decirle al director que ya sabía todo lo de primero. El director me hizo una serie de exámenes para conocer el grado de conocimientos del programa escolar. Por fortuna, los aprobé todos y pasé a segundo grado con la maestra Antonia Martínez, conocida como la maestra Toñita; desde mi perspectiva una magnífica maestra. Mi reconocimiento y agradecimiento al director de la escuela y a la maestra Toñita, su entrega a la docencia; eran dos maestros con vocación.
El quinto grado de primaria lo cursé en la Escuela Vespertina Venustiano Carranza, fue un año de mucha experiencia y de grandes logros. Por mi desempeño como estudiante, me gané la confianza de mi maestro Hermenegildo.
En la escuela se realizaban concursos sobre el aprendizaje de los alumnos para observar su desarrollo. Hubo un concurso de matemáticas con los grupos de quinto y sexto grado, yo estaba en quinto. Mi grupo ganó, me sentí super feliz.
El maestro decidió que, para el desfile del 16 de septiembre, el abanderado fuera seleccionado entre los alumnos con más alto promedio de quinto y sexto grado.
Fui seleccionada como abanderada para el desfile del 16 de septiembre de 1961. Para mí, fue un gran honor portar nuestro lábaro patrio. Hoy disfruté por televisión el desfile en Querétaro y, el de la Ciudad de México. Me vi niña, portando la hermosa bandera nacional.
En aquellos años, generalmente, los maestros reconocían el desempeño de sus alumnos, también ayudaban a quienes por diversas circunstancias habían faltado a clases. Mi agradecimiento a mi maestro de quinto grado.
En la escuela secundaria, tuve la fortuna de tener a maestros con buena preparación académica, pero sobre todo amor a la enseñanza. El maestro Adolfo Lara y Núñez escribió una carta dirigida a don Roberto Ruiz Obregón, gran empresario y creador de instituciones para el desarrollo de nuestro amado Querétaro. Jamás sabré el contenido, de esa carta, fui becada por el filántropo en mis estudios profesionales. Mi eterno agradecimiento al maestro Lara y a don Roberto Ruiz Obregón.
En ocasiones, nos movemos al ritmo de las exigencias marcadas por las necesidades del siglo XXI, sin darnos tiempo de agradecer a quienes nos han ayudado.
A las personas mencionadas, mi eterno agradecimiento. Su apoyo ha sido de gran importancia en los andares de mi vida.
En el mes de abril de este 2025, mi organismo sufrió un colapso. Perdí todas las sales minerales. Cuando me internaron en hospital, vi preocupado al doctor que me atendió, de inmediato me pusieron suero y otros medicamentos ahí mismo. Después vi que, en cada uno de los ganchos del aparato había un frasco de medicina que llegaban a mi organismo. En esos momentos ignoraba la gravedad de mi situación.
Recuerdo a unos jóvenes enfermeros que cada media hora me tomaban la temperatura. Les pregunté por qué lo hacían; uno de ellos dijo: “Porque no ha bajado la temperatura, señora.” “No me siento con temperatura”, respondí.
Uno de ellos me vio, un tanto asustado, pensé que estaba cansado. No imaginaba que en esos momentos me encontraba en la orilla del precipicio. Esa noche no dormí, al día siguiente el doctor del hospital y la doctora que estaba atendiendo mi osteoporosis me sorprendieron, estaban dialogando sobre mi salud y, acordando los medicamentos que debía recibir.
Mientras estuve internada, no me enteré de fragilidad de mi salud. Tal vez ese estar ausente de la realidad ayudó a estabilizarme.
Vivir una experiencia como ésta, enterarme de la gravedad de mi situación y, sobrevivir, es un verdadero milagro, una oportunidad de vida. Al tirar todas las sales, mi organismo estuvo a punto de sufrir un infarto. Unos minutos más y no estaría comentando este caso.
Mi infinito agradecimiento a Dios, los médicos, esposo, hijos, nietos, nueras, familiares, las queridas amigas que me visitaron y estuvieron pendientes de mi salud.
En las diferentes etapas de nuestra vida no hemos encontrado con maravillosos seres humanos que, sin conocernos, nos han ayudado en un momento crítico de nuestra existencia. A todos ellos, mi eterno agradecimiento.







