martes, febrero 7, 2023

Benditas dos columnas – g.Virginia SÁNCHEZ MORFÍN

Cuando por absurdos problemas familiares y castigos brutales que ahora merecerían carcel  a los padres, Gelus, a sus 18 años, tuvo que tomar la decisión de abandonar, a las casi doce de la noche,  la casa en la que vivía con su papá y mamá. Se dirigió hacia una sucursal del infierno que aunque parezca absurdo e  increíble, tenía por nombre “Casa de protección a la mujer” y a la cual, desde meses atrás, ya había ido a solicitar informes. 

La mensualidad que se pagaba en dicha casa, incluía los tres alimentos diarios.  

En cuanto amaneció, Gelus se dirigió a la cocina, no quería llegar a su trabajo sin haber desayunado.  Con sorpresa, lo primero que observó fueron varias moscas muertas que flotaban  en la inmensa y vieja olla que contenía el atole. 

Intentó prepararse un café y al tomar una taza,  de inmediato percibió un  muy desagradable olor, por lo que sacó en conclusión que como cada mujer que usara cualquier traste o utensilio, lo tenía que lavar, secar y colocar en una vitrina; muchas o todas ellas solo los enjuagaban sin usar jabón o una esponja. 

Gelus decidió, no volver a probar alimento alguno en esa casa y  esperar hasta la hora del lunch en su trabajo para a comer algo.  

Por el  deprimente ambiente que imperaba en las viejas habitaciones de dicha casa, a la cuarta noche de haber llegado ahí y no poder conciliar el sueño, Gelus decidió emplear ese tiempo en encontrar una respuesta referente a qué actitud debía tomar para no deprimirse y salir airosa de ese triste episodio  su vida. 

Esa noche, que pudo haber sido terrible, marcó para bien su presente y su futuro. 

En la vieja habitación que tenía asignada, había 4 literas, razón por la  que tenía que convivir con 7 internas más. Las noches eran insoportables. Cuando no una de las compañeras lloraba estruendosamente y le platicaba a la de otra litera al extremo opuesto, la forma en que  desde niña fue maltratada por  su padrastro, otra compañera roncaba y otra más se levantaba durante la noche hasta 4 veces al baño azotando la puerta al salir.  

Durante su cuarta noche encendió la tenue luz de la vieja lámpara del buró del lado derecho de su cama, tomó un cuaderno, trazó una raya en medio de la primera hoja  y así logró las dos columnas que necesitaba. A una la tituló “¿Qué no tengo?” a la otra “¿Qué si tengo?”.

Con todo lo que rápidamente escribió en la columna de lo que SÍ tenía, de inmediato, .. ésta se saturó con respuestas tales como:

Salud, fe en Dios, trabajo, un jefe humano y comprensivo,  ingresos, un novio al que adoraba, amistades valiosas (algunas desde la primaria),  comida, un lugar para pasar la noche, inteligencia, metas por alcanzar, libros de filosofía y algunos de psicología que tanto le gustaban,  radio para escuchar música todas las noches,   ropa, sentido del gusto, vista, olfato, ojos y… de pronto se quedó dormida. 

Al solo existir en esa construcción 3 baños con regadera, la directora del casi reclusorio, asignaba la hora en la que cada una de las 24 mujeres debería de  bañarse. 

A Gelus le tocó a las 4.30 de la madrugada. Cuando fue avisada de su horario,  se enojo bastante, pero pronto cambió su disgusto por algo positivo. Decidió que después del baño diariamente regresaría a su cama, desde la que veía parte del amanecer. 

Así disfrutaba observando la preciosa bugambilia que cuando había viento,  pegaba en la pequeña ventana y parecía que tocaba porque quería entrar a acompañarla. 

Otro día, después de bañarse y regresar por hora y media más a su cama, observaba a las hormigas buscando un hueco para vivir y resguardarse del frío que ya se sentía. 

Un poco más tarde, veía  al pajarito parado sobre la antena del edificio cercano.  Desde la altura observaba los lugares en que podría encontrar algo de alimento para desayunar. 

De esta forma, Gelus cambiaba las situaciones o vivencias que podían ser negativas a positivas, y cuando llegaba la hora de dirigirse  a su trabajo, iba cantando y con el mejor humor y buena disposición. 

Día con día  a las once en punto de la mañana, en el laboratorio en el que laboraba,  era la primera en formarse en la fila para elegir  su delicioso Lunch. 

Diariamente se quedaba a trabajar tres horas extras. De esta forma obtenía  mayor  remuneración por su trabajo y llegaba a la casa en que vivía, solo para dormir, leer un rato o escribir en su cuaderno con hojas divididas en dos columnas. 

Siempre la columna titulada  “Lo que sí tengo”  tenía mucho más contenido que la opuesta.  

Le costaba trabajo encontrar qué escribir en la columna de “Lo que no tengo”

Algunas de esas  expresiones eran:

Cariño de mis padres, un automóvil, festejo en mi cumpleaños, una cama cómoda, familia con la cual hablar o visitar, ya que sus padres le habían prohibido a sus treinta primos y a todos mis tíos, hablar con ella.  

Esas dos mágicas y milagrosas columnas han ayudado a Gelus,  lo largo de toda su vida a no darse por vencida, lograr sus metas y jamás deprimirse.  

¿Hasta cuándo y cómo Gelus salió de esa sucursal del infierno?

g.Virginia SÁNCHEZ MORFÍN

g.virginiasm@yahoo.com

@g.virginiaSM

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