sábado, abril 25, 2026
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Los recuerdos de una vida / Teresita Balderas y Rico

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Los recuerdos de una vida

En el transcurso de los años, surgen acontecimientos que inciden para bien o para mal en nuestra existencia.

La vida tiene matices que la hacen interesante. En ocasiones todo sucede sin contratiempos, los días transcurren en armonía, se vive tan en sana paz que da un poco de miedo perder esa tranquilidad. Solo nos queda aprovechar ese dorado tiempo y espacio.

En otros momentos, la vida parece un barco en alta mar, donde la tormenta mueve peligrosamente la embarcación, el riesgo es inminente: se puede zozobrar en cualquier instante. Sin embargo, ante la pericia de la capitanía, logra ponerse a flote. La tormenta se despeja, surge un cielo estrellado y los rayos plateados de la luna iluminan al pensamiento, renacen las esperanzas con nuevas ilusiones. Se vislumbran otros caminos en la aventura de la existencia mundana.

Esos caminos suelen ser nuevas oportunidades para reflexionar acerca de lo vivido y en la reestructuración del estándar de vida. A los seres humanos se nos presentan oportunidades para decidir si queremos un cambio en nuestro diario acontecer o preferimos continuar con la rutina que tenemos. La decisión es nuestra responsabilidad.

En los amores y desamores, para proteger a la familia es necesario reflexionar y seleccionar la mejor opción.

Cierto día, una amiga de muchos años me comentó acerca de las estrategias que ha utilizado en el acontecer de su vida, tanto en los bellos momentos como en los días oscuros.

Dice que tiene una cajita donde conserva los recuerdos de su primer amor de adolescente, quien era todo ternura. El chico le enviaba recados en sobres de bellos colores. Era un joven muy educado: le pedía permiso para tomarle la mano. Su padre era militar, había inculcado a sus hijos respeto y lealtad. Mi amiga continuó hablando de

las metafóricas cajitas. Tiene una dorada con girasoles, donde guarda los recuerdos de los amores de verano. Con entusiasmo, empezó a cantar unas estrofas de la canción “Amor de verano”:

“Es otoño, los amantes ya se fueron. Las hojas de los árboles cubren los campos. Sus voces amorosas ya no se escuchan, el verano ya se fue. Amor de verano, mi primer amor, amor de estudiante, ya se terminó. Vendrán otros veranos, vendrán otros amores, pero siempre en mi ser vivirá amor de verano, mi primer amor”.

Felicité a mi amiga por su creatividad al guardar sus recuerdos. Ella suspiró y dijo: “También tengo en mi historia de vida un lugar para los desamores; es una caja de color negro, sin ningún adorno, con un candado del mismo color. Ahí guardo el engaño, la traición, el desamor. Ya han pasado muchos años desde que la coloqué en las profundidades de mi mente. He pensado que ha sido suficiente tiempo de tener encerrado el desamor. Pienso cambiar la caja, la pintaré de un azul ultramar, así veré a lontananza un acontecimiento que ya es solo historia. Quiero disfrutar la primavera de mi otoño sin cargas emocionales que trastoquen mi felicidad. Quiero reinventarme en mi dorado otoño para soñar en el apacible invierno”.

Salí de la casa de mi amiga reflexionando en lo que comentó. Considero que su actitud es muy asertiva. Lo que sucedió en un pasado lejano, pasado es. El tiempo y el espacio actual tienen otra dinámica, ¿para qué recordar malos ratos, si tenemos un presente que nos brinda oportunidades de cambios, de reinventarse y trascender?

Habría que pensar en el legado que deseamos dejar a nuestros hjos y nietos.

Para lograr este objetivo, es necesario informarnos de lo que acontece no solo en nuestro país, sino en el mundo en general. Verificar que la información sea fidedigna. Actualmente, con fines políticos o comerciales, mucho de lo que se publica es falso.

Hagamos lo que nos corresponde para proteger a niños y jóvenes del asedio de corruptos y criminales.

Que al paso de los años los recuerdos de una vida, sean más de éxitos que de tragedias. Que cuando abramos el baúl de los recuerdos, sea para reírnos o tal vez, derramar una lágrima, pero de felicidad. No desperdiciemos nuestro día. Cada hora es importante, ese tiempo no se vuelve a presentar.

Habrá que tejer las acciones de un presente, para que en un mañana los recuerdos nos permitan sentirnos orgullosos de haber aprovechado el tiempo y espacio que nos tocó vivir, en este planeta llamado Tierra.

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