El nombre de este artículo y tiene que ver con el primero de los 10 mandamientos: “No tendrás dioses ajenos delante de mí. ” (Éxodo 20:3)
Dios es celoso y no comparte su gloria con nada ni nadie, porque sólo Él es Dios. Es lógico. “Yo, el SEÑOR; este es mi nombre. No daré mi gloria a otros ni mi alabanza a los ídolos.” (Isaías 42:8)
Cero dioses ajenos. Además de ser el primer mandamiento es uno de los principios fundamentales de la fe cristiana.
Cuando nos encontramos con estos pasajes pensamos que se refieren a los egipcios, filisteos y todos los pueblos y religiones paganas e idólatras de la antigüedad, incluso del presente, pero casi nunca pensamos que se refieren al pueblo de Dios, hoy en día. Así que, veamos tres preguntas importantes.
1. ¿Qué son los dioses ajenos?. Son todo aquello que recibe el amor, tiempo, dinero, servicio, obediencia y esfuerzo que le corresponde a Dios.
Un dios ajeno es algo en lo que ponemos nuestro corazón, que nos motiva, que se enseñorea de nosotros o nos gobierna, o a lo que servimos.
Desde luego que hay cosas malas que se vuelven dioses ajenos porque les damos lo que le corresponde a Dios, me refiero a pecados, pero hay también hay cosas “buenas” a las que elevamos a la categoría de dioses ajenos, como un hijo, un trabajo, un negocio, las posesiones materiales, las diversiones y otras, que se convirtieron en primordiales en nuestras vidas y tal vez hasta en controladoras.
Los dioses ajenos son atractivos, si no nadie los buscaría. El atractivo para cada quién depende de sus circunstancias, necesidades y cultura, pero en realidad son trampas mortales que Satanás ha puesto en el mundo para causar la ruina de las personas.
2. ¿Por qué no quiere Dios que tengamos dioses ajenos? Hay varias razones.
La primera razón es que cuando en tu vida alguien o algo ocupa de alguna manera el lugar de Dios, no solo lo estás ofendiendo, sino que tu corazón lo está rebajando de lugar, es decir, le estas quitando su prioridad y cuando eso sucede, automáticamente tú mismo te estás saliendo de Su prioridad, te estas apartando de Él. Eso implica que estas saliendo de su cobertura, exponiéndote, sin protección, a las asechanzas de Satanás y a los peligros del mundo.
La segunda razón es porque los dioses ajenos te llevan a la destrucción, tanto en esta vida, como en la eternidad. Y Dios no quiere que perezcas.
El problema de tener dioses ajenos es que conducen a la esclavitud, la falta de paz, la falta de deseo espiritual y, finalmente, a la destrucción.
La tercera razón por la que Dios no quiere que tengas dioses ajenos es porque Dios es tu creador y te ama, Él quiere tener comunión contigo y derramar su amor ilimitado sobre ti. Él quiere estar cerca para darte todo lo que ha preparado para ti, cosas maravillosas que son inmensas y sobrenaturales. Cosas más importantes y valiosas que lo que cualquier dios ajeno te podría dar jamás.
Dios tiene un plan increíble para tu vida, un plan extraordinario que te bendecirá y te hará trascender la eternidad. Solo tienes que derribar los altares a tus dioses ajenos.
3. ¿Cómo derribar a los dioses ajenos? Tienes que estar concentrado en quién es Dios, en lo que le agrada y lo que no le agrada, en lo que te da y en lo que quiere de ti.
El problema es que este no es un asunto externo, es un asunto del corazón, de tu interior. La Biblia dice: “Sobre todas las cosas cuida tu corazón, porque éste determina el rumbo de tu vida.” (Proverbios 4:23)
Solo tú, en tu corazón, puedes decidir amar, obedecer y seguir a Jesús, nadie más puede hacerlo por ti. Pero, si lo decides, Dios está listo para ayudarte con poder, sostenerte en tu decisión y levantarte cuando falles. Y su ayuda viene de Él mismo, del Espíritu Santo. Tú tienes la solución a la mano: una relación cercana con el Espíritu Santo, para que Su poder guíe tu vida.
Y entonces vivirás la vida de libertad, victoria y abundancia que Jesús prometió. Decídete.
Pastor Dr. Jorge Cupido
@jorgecupidoqro
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