lunes, marzo 4, 2024

ESPECIAL: Voladores de Papantla superan daños de pandemia y mantienen fuerza de tradición milenaria

MÉXICO, 12 feb (Xinhua) — Para Fernando Pérez y sus compañeros que día a día realizan la ceremonia ritual de los «Voladores de Papantla» en las afueras del distinguido Museo Nacional de Antropología de México, la pandemia de COVID-19 supuso un duro golpe del que aún no se recuperan del todo.

No obstante, Pérez dijo a Xinhua, con el convencimiento tajante que sus 51 años le permiten, que la contingencia sanitaria también les dio más fuerzas para reinventarse y subsistir en los meses más duros, así como para, una vez superados estos, continuar defendiendo la tradición milenaria de la que forman parte y se enorgullece todo México.

Inscrita desde 2009 en la Lista de Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad por la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (Unesco), la ceremonia de los Voladores de Papantla tiene una antigüedad de más de 2.500 años.

El rito es una danza asociada a la fertilidad que realizan varios grupos étnicos de México y Centroamérica, y de manera destacada los totonacos de Papantla, municipio del estado mexicano de Veracruz (este).

El ritual, que expresa el respeto que las comunidades indígenas profesan a la naturaleza, el universo espiritual y la armonía con ambos, consiste en la subida de cuatro «voladores» por un mástil de entre 18 y 40 metros de alto, tradicionalmente hecho con el tronco de un árbol recién cortado y por cuyo derribo se imploró el perdón del Dios de la Montaña, mientras un quinto hombre, el caporal, permanece sentado en una plataforma que corona el mástil.

El caporal toca, con una flauta y un tambor, sones en honor del sol, los cuatro puntos cardinales, los cuatro elementos y los cuatro vientos, representados a la vez por los voladores que subieron al mástil, según destacó Pérez.

Luego de las interpretaciones melodiosas de invocación, los danzantes se lanzan al vacío desde la plataforma, atados por cuerdas que les protegen y permiten girar imitando el vuelo de los pájaros, mientras se van desenrollando para facilitar un descenso paulatino hasta el suelo.

Pérez, un totonaco de Papantla, ha realizado el rito frente al Museo Nacional de Antropología por 27 años, interrumpido solo por la pandemia de COVID-19 durante un lapso de 15 meses. «De aquí nos fuimos más de un año desde que comenzó la pandemia. Desde el 18 de marzo (de 2020) hasta junio del siguiente», explicó Pérez.

En ese lapso, detalló, sus otros 10 compañeros, que realizaban el rito entre 15 y 20 veces por día antes de la contingencia sanitaria, vivieron del campo, «ayudando en el rancho» de familiares y amigos con la siembra de maíz, naranja, plátano, frijol y otros cultivos.

«Íbamos sobreviviendo con eso. Ahora vamos poco a poco mejorando», agregó. Vacunado con el fármaco desarrollado por Sinovac de China, Pérez recordó con pesar la pérdida de la vida por complicaciones derivadas del contagio de COVID-19 de compañeros voladores y de familiares de estos, fundamentalmente «abuelitos y abuelitas de 70, 75 años o más».

«Murió uno de nosotros que venía, pero ya vamos superando la situación y ayudando a las familias más afectadas. Nosotros siempre nos apoyamos, si moría un familiar de nosotros, nos apoyábamos con dinero.

Poco o mucho, ayudamos al otro compañero», dijo con evidente orgullo y sentido de pertenencia a su comunidad. Pérez explicó que tras el regreso del confinamiento al que obligó la enfermedad del nuevo coronavirus por más de un año, el grupo de voladores va recuperando sus niveles de trabajo e ingresos prepandemia, aunque aún no en su totalidad.

«Con la pandemia ha bajado mucho el turismo, ya no es como era antes, que entraba bastante gente (…) Ya más o menos empieza a evolucionar la gente, a entrar otra vez. Estuvimos un año casi sin gente, con pocos, poquiticos, pero se va solucionando, hay más turismo», expresó.

El incremento paulatino del turismo y de visitantes al Museo Nacional de Antropología, así como a otros sitios y destinos turísticos de México que cuentan con la presencia de grupos de voladores, hacen que Pérez esté seguro de la permanencia y resurgir con nuevos bríos de la tradición que defiende.

La ceremonia «le encanta al turismo tanto aquí o donde quiera que vayamos. La gente nos aplaude y se emociona al vernos actuar. Hay países que no conocen a los voladores y les encanta el espectáculo que llevamos», aseveró.

Pérez, quien se reconoce como un embajador de la cultura de Papantla al interpretar diariamente la ceremonia de los voladores, sabe que la presencia de voladores en sitios emblemáticos de México ayuda a que prevalezcan las tradiciones y cultura milenarias y prehispánicas del país, y a la reafirmación de la identidad nacional y la multietnicidad.

A tono con ello, en lengua totonaca compartió un sentido mensaje tras percibir que lo peor de la pandemia ha pasado. «Vamos a ser más felices, a tener más trabajo para salir adelante con la familia».

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