¿Existe el cielo? ¿Cómo es realmente? ¿Es un lugar que valga la pena hacer algo para llegar a él?
Desde luego que el cielo existe, pero, debido a la ignorancia, hay muchos mitos acerca de él que deforman su realidad. El cielo no es un lugar para satisfacer los deseos egoístas, ni para satisfacer las necesidades humanas actuales, porque no existirán más. Tampoco es un aburrido lugar con angelitos sentados sobre nubes tocando el arpa y gente cantando algo tedioso todo el tiempo. La única verdad sobre el cielo está en la Biblia, el libro de Dios.
Sabemos, antes que nada, que el Cielo es un lugar tan perfecto, espectacular y maravilloso, que las palabras humanas son inadecuadas para describirlo plenamente. Es el lugar espiritual en el que la gloria de la presencia de Dios se manifiesta y en donde moran los ángeles de Dios. Es un lugar donde estarán todos los creyentes, de todos los tiempos. Para aquellos que han creído en Jesús como su Salvador, el cielo es su destino eterno.
Es bueno saber y comprender que todo concepto sobre el cielo está más allá de los conceptos humanos a los que estamos acostumbrados. Sin embargo, la Biblia nos da algunas pistas: Allí SIEMPRE estará la presencia de Dios, es un lugar especialmente preparado para los creyentes, no habrá ningún sufrimiento ni absolutamente nada que cause daño, habrá maravillas incomprensibles para nuestra actual mente humana y estarán presentes TODAS las bendiciones y promesas de Dios.
Lo más importante es que los creyentes estarán SIEMPRE delante de la imponente presencia de Dios, que es la fuente de toda gloria, todo gozo, toda paz y toda satisfacción. Dice la Biblia que ahí harán, verán, oirán y recibirán cosas incomparables: “Como está escrito: «Ningún ojo ha visto, ningún oído ha escuchado, ninguna mente humana ha concebido lo que Dios ha preparado para quienes lo aman.»” (1ª Corintios 2:9)
Ahora, la pregunta más importante: ¿Cómo entrar al cielo? La condición natural del ser humano es de muerte espiritual, es decir, de separación de Dios y esto opera tanto en la vida física como en la vida eterna. La diferencia es la duración. La buena noticia es que mientras tengamos vida física podemos cambiar el destino eterno, pero una vez muertos ya no habrá posibilidad de cambiarlo. El lugar de destino eterno del hombre es separado de Dios en un lugar horrible y temible de sufrimiento interminable. Jesús nació, vivió, murió y resucitó para darle al hombre, por amor, la oportunidad de decidir cambiar ese destino espantoso. La entrada al cielo, entonces, se gana GRATIS por fe en Jesucristo. ¿Le gustaría hoy recibir su futura entrada al cielo a través de Jesucristo? Es fácil, reconózcalo con su boca y con su corazón como su Dios y su Salvador.
“Pues Dios amó tanto al mundo que dio a su único Hijo, para que todo el que crea en él no se pierda, sino que tenga vida eterna.”(Juan 3:16)
Pastor Dr. Jorge Cupido
@jorgecupidoqro
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