MULTIPLICANDO – Jorge Cupido

Posted on septiembre 18, 2021, 1:34 pm
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Debo confesar que nunca me gustó la escuela. Especialmente las matemáticas siempre fueron para mi como idioma de extraterrestres, incomprensibles totalmente. Primero fueron las sumas y restas las que torturaron mi mente. Cuando por fin las aprendí llegó un nuevo terror, las multiplicaciones.

En una ocasión, en que no había hecho una tarea de multiplicaciones, se me ocurrió la brillante idea de esconderme para no ir a la escuela. Cuando por fin me encontraron, me fue “como en feria”. En aquellos tiempos no existía nada como los derechos de los niños que ahora hay, y nada de que “no lo castiguen porque se va a traumar”. Sin embargo, como resultado de aquella amarga experiencia, aprendí a multiplicar y supe que multiplicar es mejor que sumar y muy superior a restar o dividir.

Muchos años después, me di cuenta de que en el corazón de Dios está la multiplicación. De hecho, El la inventó y es la primera referencia matemática que hay en la Biblia.

Y Dios creó al ser humano a su imagen; lo creó a imagen de Dios. Hombre y mujer los creó, y los bendijo con estas palabras: Sean fructíferos y multiplíquense; llenen la tierra y sométanla; (Génesis 1:27-28)

Note que este es el primer mandamiento que el hombre recibió. No es una sugerencia, es un mandamiento, y este mandamiento está basado en un hecho indiscutible: Dios nos hizo con la capacidad de fructificar y el potencial de multiplicarnos.

Muchas personas viven en el fracaso pensando que es debido a la mala suerte, a la familia que les tocó, al gobierno o a su falta de capacidades. Pero no es lo que Dios dice, el da una orden: fructifiquen y multiplíquense: y nos equipa con todo lo necesario para lograrlo, independientemente del ambiente externo en el que nos haya tocado vivir. 

Demasiadas personas pasan la vida sin lograrlo y sin dejar huella porque o no saben el potencial tremendo que Dios les ha dado, o porque no quieren usarlo.

Fructificar y multiplicarse tiene que ver con todas las áreas de la vida: familiar, intelectual, emocional, laboral, financiera, social, etc. Pero hay una área prioritaria, superior a todas las demás: fructificar y multiplicarnos en nuestra vida espiritual, porque es la base de todas las demás áreas y es la única que trascenderá esta vida terrenal.

La Palabra de Dios nos habla, vez tras vez, de crecer espiritualmente, de no quedarnos estáticos, porque el crecimiento descubre y desarrolla el potencial que Dios nos dio y trae la bendición, los derechos, las promesas y las mejores cosas de Dios. Usted no es fruto de la casualidad, usted fue creado por Dios con una visión y un propósito.

Para fructificar y multiplicarse espiritualmente, lo primero que necesita es reconocer a Jesús como su Salvador, como aquel que se sacrificó en lugar de usted para darle la vida eterna. Lo que sigue después es conocer a Dios y su visión para su vida mediante la lectura y estudio de la Biblia, la Palabra de Dios. Finalmente hay que poner en acción lo aprendido. Los frutos y la multiplicación vienen con la acción.

Cada uno de nosotros fuimos hechos por Dios para fructificar y multiplicarnos, para dejar huella en esta tierra y en la eternidad. Dejar huella en la tierra es bueno e importante, pero es temporal. Dejar huella en la eternidad es mejor y es para siempre.

Cuando usted conozca y crea lo que Dios puso en usted, será capaz de cumplir su visión, de hacer la obra maestra para la que fue dotado y de llegar al lugar que Dios le ha reservado.

Pastor Jorge Cupido

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