lunes, julio 13, 2026
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Bebida que fortalece – Teresita Balderas y Rico

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En casa hay muchos libros. Tengo un lugar especial para aquellos con varios años a cuestas. Lo nombré “El hogar de los libros olvidados”. Hace algunos días buscando un libro de poemas que mi nieta necesitaba para un trabajo escolar, recodé que podría encontrarlo en “El hogar de los libros olvidados”. Así fue.

Tenía varios años sin visitar ese histórico espacio. Ya no recordaba los tesoros que reposan en ese lugar. Aproveché la ocasión y empecé a revisarlos. Encontré obras clásicas, poemarios, cancioneros, recetarios de cocina, los primeros libros de texto gratuito para educación primaria, editados durante el gobierno de Adolfo López Mateos. 

Continué mi labor de investigadora, encontré una revista que llamó poderosamente mi atención; se titula “De barro corazón”. Tiene temáticas muy interesantes de los siglos XIX y XX. Elegí un artículo escrito por Francisco Domínguez Paulín, titulado: “Pulque, manjar de dioses que perfuma los labios”.

El defensor de esta ancestral bebida es el dueño del rancho Nuevo Torreón, dedicado a la producción de pulque. Hace referencia al whisky y al ron, como bebidas buenas, pero que no están al alcance de la gente humilde. Con cierto orgullo, menciona que ha convertido un páramo en sembradío de magueyes, productores de pulque.

Se alegra porque de 350 a 400 familias que trabajan en la producción de pulque viven con decoro. Don Francisco defiende con amor la producción pulquera de su amado rancho, razón por la cual escribió en 1995 este artículo en defensa de esta bebida que, a través de los años, ha dado pauta a dichos populares, como éste: “Agua se las verdes matas, tú me tumbas, tú me matas y me haces andar a gatas” 

Para argumentar la defensa de esa suculenta bebida, toma como referencia un estudio que realizó la Secretaría de Salubridad. Se trata de un análisis de la composición fisicoquímica que posee este elíxir de las verdes matas.

El análisis que hizo la Secretaría de Salubridad referente al pulque, contiene apartados sobre sus elementos: proteínas, aminoácidos, vitaminas y sales minerales.

Al tener fundamentos de por qué al pulque, se le considera, de acuerdo al análisis,  una bebida alimenticia, el dueño de Nuevo Torreón se enorgullece de su producción del pulque y comparte que, según la leyenda, en una ocasión la Malinche le ofreció a Cortés una jícara de espumoso pulque. Al saborearla, el gran capitán dijo: “Mujer, estás equivocada, yo soy solamente un hombre y esta bebida es para dioses”. Anécdotas como esta, son diversas.

Este poema popular mexicano es producto de una investigación de Marco Antonio Olguín Sánchez:

“Qué pulque tan de buena ley 

que me embriaga con dulzura.

Quisiera que en un maguey

me hicieran mi sepultura

para tomar tanto pulque

Como vino toma el señor cura”.

La lectura de este artículo de don Francisco Domínguez Paulin, trajo a mi mente recuerdos que creía olvidados. En mi niñez viví en el Barrio de Santa Catarina, durante algunos años me convertí en la IVM de mi mamá. Con frecuencia, me mandaba al mercado Escobedo, que estaba donde ahora se ubica la Plaza de la Constitución. Ahí compraba lo que mi madre necesitaba.

Siendo una niña, me entretenía viendo los hermosos juguetes que vendían en el mercado. Fuera de éste, había pequeños puestos donde campesinos vendían frutas y verduras cosechadas por la mañana. Hacía un recorrido buscando la fruta que más me gustaba, la conseguía más barata que en el interior del mercado. Entre las delicias que compraba estaban: camote horneado, granada, jícama con mucho limón y chile o un jarrito con aguamiel si tenía mucha sed. Los señores compraban su pulque, en esos puestos era más barato.

Por fin, caminaba de regreso a casa, por la calle de Guerrero. En la esquina de esta, y, lo que hoy es Avenida Universidad, había una pulquería llamada “La Feria de las Flores”. El dueño vendía bien toda la semana, generalmente había alegres borrachitos afuera.

Seguía mi camino por la calle de Cuauhtémoc, en la esquina de ésta y, la de Primavera estaba otra pulquería. Me reía de su simpático nombre: “El Kachete”, no hacía caso a la k, me imaginaba la mejilla de los borrachitos que terminaban con el cachete sobre la banqueta. La competencia entre pulquerías era grande, a media cuadra del Kachete estaba otra, llamada “La Atómica”, ésta tenía dibujada una bomba atómica. Regresaba a mi casa dos horas después de lo previsto. Antes de entrar, me persignaba para que mi madre no me castigara.

El pulque es una bebida ancestral, en tiempos prehispánicos, solo los altos jerarcas aztecas lo consumían. Al paso de los años, esta bebida estaría al alcance de la gente más humilde.

En los años setenta del siglo XX, se recomendaba entre familia, tomar aguamiel por la mañana, al considerarla nutritiva.

En las comunidades rurales, era común tener magueyes en casa. Vendían el aguamiel, los más afortunados lo transformaban en pulque, teniendo una entrada extra para los gastos del hogar.

Una amiga me comentaba que empezó a trabajar en noviembre de 1967 en una comunidad llamada Píe de Gallo. En 1968 hubo una gran sequía, no había agua ni para tomar. Por la mañana tomaban aguamiel y al medio día pulque. Ella rápidamente subió de peso, sus mejillas estaban sonrosadas. Sus amigos cuando la veían le decían: “Qué bien la estás pasando en el rancho”.

 Mi amiga subió de peso, pero estaba muy sana.

Terminó siendo cierto lo dicho por la Secretaría de Salubridad.