Tesoros Y Tecnologia Del Siglo XVII En El Convento De La Cruz

Posted on agosto 30, 2020, 1:16 am
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El Convento de la Santa Cruz en Querétaro es uno de los lugares más emblemáticos de la ciudad. Ahí se fundó el primer Colegio de propaganda FIDE (de la fe) en América. Fueron Colegios los cuales tenían como objetivo principal evangelizar a los naturales (o indígenas).

Los Colegios de propaganda FIDE se crearon por bula papal en 1622, en ellos se formaban misioneros. Los misioneros debían aprender las lenguas nativas. 

 Fr. Antonio Linás (1635-1693) fue un misionero franciscano español. Fundó el primer colegio de Propaganda de la fe en 1683 en Querétaro aprobado por el rey de España Carlos II.  Una tarea difícil ya que los misioneros tenían que dejar a sus familias, y a su país.

“Sacrificado al señor sus patrias y sus provincias en aras de tantos peligros, trabajos, navegaciones, caminos y fatigas, padece hoy el doloroso desconsuelo de ver frustrado el Santo fin de sus apostólicos fervores”. Fray Francisco Soto y Marne.

Me llama la atención esta frase, que hace referencia a la foto del Cristo-mural que se encuentra en el interior de la Santa Cruz de los Milagros. Esta pintura de Cristo crucificado fue una de las pocas que se conservó, gracias a que quedó oculta por el humo de algún incendio. Seguramente fue pintado por algún fraile misionero añorando su patria y su familia, dejando todo a cambio de llevar a cabo su misión. En la parte inferior del mural se aprecia un bosquejo de una población, tal vez Cataluña, Barcelona u otra ciudad española.

En este Convento se preparó el Padre Francisco Garcés mártir de Yuma. Una vez terminada su preparación fue a Sonora y Arizona donde evangelizó a los apaches como los Papagos y los Pimas y, finalmente los Yumas que lo martirizaron por problemas entre los hispanos y el cacique del lugar.

Durante los años de 1867-1946 (Guerra de reforma; Intervención francesa; Revolución), el Convento fue cuartel militar de distintos bandos, perdiéndose gran parte de los tesoros del Convento. Entre ellos sus pinturas murales, éste mural en particular no fue destruido gracias a que quedó oculto por el humo de un incendio. En 1968, al limpiar la celda se descubrió el Cristo. Los expertos sostienen que tiene una antigüedad de 250 años. Se le conoce como el Cristo balaceado por las marcas de balas a su alrededor. Los militares tiraban al blanco en las paredes del convento. 

Pese a la destrucción, el Convento es testigo de la tecnología usada en el siglo XVII, como, por ejemplo: los relojes de sol que se pueden observar en lo alto de cada contrafuerte del patio de agua. Se leen de izquierda a derecha y marcan desde las seis de la mañana y hasta las seis de la tarde. Los frailes debieron tener gran conocimiento de los astros celestiales y sus movimientos, ya que también podemos encontrar un mirador que fue construido en el techo del convento. Esto nos hace pensar que los frailes meditaban o contemplaban el horizonte del paisaje.

El Convento fue construido en las orillas de lo que era el Pueblo de Querétaro, en un cerro llamado “El Sangremal”. Por lo que tenían una vista de trescientos sesenta grados y veían la ciudad y sus alrededores.

En la parte central del convento se encuentra el Patio de Aguas. Ahí podemos apreciar los tubos por donde era transportada el agua. En su interior están vidriadas para evitar que el agua se escapara. Y aún más interesante, el agua que llegaba ahí venía desde la Cañada, por el Acueducto de 74 arcos que desemboca a escasos metros del Convento.

Frente al Patio de Aguas esta la cocina, ahí se observan las parrillas, la pila de agua un trastero y un refrigerador natural que consistía en tres elementos: la cantera rosa, que es muy fresca, el paso de corriente de aire, y el flujo del agua por las paredes del convento. También hay una gran chimenea muy particular, ya que aún se puede ver el humo en su interior. En la parte superior de la cocina se aprecia la chimenea en forma de cruz y encima de la cruz hay ventanas que tienen la función de salida de aire como se aprecia en la siguiente imagen.

Algo que deberíamos tener en nuestras viviendas es tener un aljibe. El aljibe recolectaba el agua de lluvias que cae sobre los techos del convento. Son dos bóvedas de cinco metros de profundidad y actualmente siguen funcionando. El agua recorría los diversos canales hasta caer en este gran depósito. De ahí se aprovechaba el agua para regar la huerta, ya que ellos deberían ser autosustentables.

Los invito a que hagan este gran recorrido, para admirar la arquitectura del siglo XVII.

Fuente: Recorridos turísticos del Convento de la Santa Cruz de los Milagros.

Fotografías tomadas por: Elsa Gabriela Esquivel Garfias

Ficha de autor: Elsa Gabriela Esquivel Garfias, Contador Público, docente de algunas escuelas particulares a nivel medio de Querétaro