viernes, abril 24, 2026
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La hazaña de Lobo / Tersita Balderas y Rico

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Andrés y Érick son grandes amigos, se conocen desde preescolar, viven en la misma colonia y circunstancialmente en la misma calle, cursan el sexto grado de primaria, en la misma escuela. Sus madres son amigas, se turnan para llevar a los chicos.

Los miércoles y viernes entrenan; fueron seleccionados como integrantes del equipo de futbol soccer de la escuela. Ese miércoles correspondió llevarlos a Eva, mamá de Andrés. Terminarían su entrenamiento a las seis de la tarde.

Eva pensó que tendría dos horas para hacer unas compras en el centro comercial, no lejos del colegio. En treinta minutos terminó las compras, todavía tenía tiempo suficiente para observar el entrenamiento de los chicos. Eva ingresó al elevador, donde entraron cuatro personas más, todos iban a la planta baja. Segundos después, el elevador se detuvo bruscamente. Se preguntaban qué pasó. Pronto el pánico se apoderó de ellos, pedían auxilio a través de su celular, pero los minutos pasaban sin tener respuesta alguna.

Por fin les respondieron diciendo que el elevador había sufrido una ruptura en un cable, que pronto lo arreglarían, que no había peligro.

La gente atrapada estaba muy nerviosa, una jovencita estuvo a punto de un colapso. Eva, la mamá de Andrés, estaba desesperada. Eran las cinco veinte, pronto terminaría el entrenamiento de futbol y ella no estaba ahí para recoger a los niños. Sentía una terrible angustia, trató de comunicase con Elena, la mamá de Erick, pero no hubo respuesta. Eran las seis treinta cuando lograron salir.

Eva corrió al estacionamiento. Como sucede a diario en la Ciudad de México, el tránsito era lento. Eva, desesperada, quería rebasar, acrecentando el mal humor de los conductores.

Mientras, en el campo de futbol, el partido había terminado, los chicos estaban felices porque hicieron un buen partido, cada uno metió un gol, fueron felicitados por el entrenador. Rápido se cambiaron de ropa, tenían que estar en la puerta para subir al auto de Eva. Los acompañaba Lobo, un enorme pastor alemán. La mamá de Andrés había prometido regresar pronto para verlos jugar.

Ese miércoles había empezado como cualquier otro, solo que la vida tenía sus propios planes.

Los minutos pasaban y Eva no llegaba. En un principio no les importó porque había mucha gente. Poco a poco los niños y familiares que presenciaron el partido de futbol se fueron retirando. El entrenador los vio y preguntó que si iban a venir por ellos, porque empezaba a caer la noche y era peligroso quedarse solos. Les ofreció llevarlos a sus casas, Andrés dio las gracias al entrenador, diciendo que su mamá pasaría por ellos, que había ido a comprar el nuevo uniforme, que pronto llegaría.

Los chicos no imaginaban lo que estaba sucediendo a Eva.

Los minutos pasaban y la mamá de Andrés no venía por ellos. Andrés trató de comunicarse con su mamá, pero ella no respondía, los chicos se preocuparon, no podían abordar algún transporte porque no admitirían a Lobo. Decidieron regresar pie por las mismas calles que recorren todos los días.

Erick había observado que dos tipos en motocicleta con ropa oscura habían pasado dos veces. Uno de ellos vestía una sudadera con capucha. Los habían señalado cuando pasaron cerca de ellos. Ahora habían regresado.

─Qué perro tan bien cuidado ¿cómo se llama? ─preguntó uno de ellos.

─Se llama Guardián ─dijo Erick.

Andrés preguntó a Erick por qué no dijo que se llamaba Lobo. La respuesta fue que se lo podrían robar.

Los chicos iniciaron su retorno a casa. En las primeras cuadras caminaron sin problema, había gente en la calle y suficiente iluminación. para cruzar hacia la colonia donde vivía debían subir a un puente peatonal, solitario y con poca luz. Erick pregunto a Andrés si tenía miedo; su amigo respondió que no, además los acompañaba Lobo. Los chicos trataban de estar serenos, en realidad estaban muy asustados, primera vez que caminaban solos y de noche.

Subieron la escalera de dos niveles, iban a la mitad del puente cuando escucharon que alguien subía rápido los escalones, voltearon, era el tipo de la capucha compañero del motociclista, de inmediato corrieron.

─Esperen, mocosos, no corran ─dijo el rufián.

El tipejo jaló del brazo a Erick para robarle la mochila. El niño cayó gritando de dolor, Lobo mordió al ladrón, para defender a Erick, sin embargo, el tipejo dio un cadenazo al perro, lastimando su patita derecha. Los niños y el perro bajaron corriendo. Cerca de ahí, había un jardín con árboles frondosos, donde podrían esconderse.

Mientras tanto, Eva había llegado a la escuela buscando a los chicos, desesperada preguntaba a las personas si habían visto a dos niños con ciertas características, después de un rato una señora dijo que los había visto subiendo un puente, que era peligroso pasar por ahí porque de noche asaltaban a la gente. Con esa información, Eva quedó aterrorizada, por fortuna una cuadra más adelante vio una patrulla y pidió auxilio.

Andrés, Erick y Lobo, lograron esconderse entre unos arbustos. Sabían que no estaban seguros, en cualquier momento los podrían encontrar, el terror se había apoderado de ellos. Minutos después fueron encontrados por los dos ladrones. Los niños gritaron y el Lobo ladró con fuerza defendiendo a los jovencitos. En ese momento se escuchó la sirena de la patrulla, Eva había reconocido el ladrido de Lobo. Corrieron hacia donde se escuchaban los ladridos.

El tipejo de la capucha quiso correr, pero Lobo le mordió el pantalón y no pudo escapar. Lo detuvo hasta que se acercó la policía.

El encuentro entre Eva y los chicos, fue de entera felicidad, la policía se conmovió. Comentando sus aventuras, regresaron a casa.  Gracias a Lobo se habían salvado. ¡Lobo era el héroe!

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