viernes, julio 1, 2022

Y de pronto… cambia la vida – Virginia Sánchez Morfín

Esteban había esperado con impaciencia y desesperación, que terminara la implacable  pandemia que afectó a todo el mundo. 

Deseaba que llegara el día en que pudiera volver a convivir con sus amigos y amigas. Extrañaba irse “De antro” todos los viernes, pero…

¡El dia al fin llegó… y no con un final feliz!

A las diez de la noche él y todos sus compañeros, algunos solos y otros con su pareja, estaban reunidos y dispuestos a pasársela bien… como en los viejos tiempos

Esteban era del grupo de los solos ya que desde hacía 5 meses,  había terminado la relación con la que por un año fue su novia.  

El primer comentario, de todos los amigos y después de abrazarse uno a uno, fue: “Pero qué barbaridad, ¿cuantos kilos has subido?

La estridente y tan esperada música comenzó a sonar. Antes de empezar a bailar, entre risas y abrazos, se reunieron todos en un círculo y brindaron por haberse vuelto a reunir.

Estaban tan alegres y con tantas ganas de festejar, brincar y reír que todos bailaban con todos, no necesariamente en pareja. 

Cuando la música cesaba por unos minutos, todos se dirigían a la mesa.  Algunos tomaban directo en la botella de mezcal o tequila, otros se servían el vino en tarros cerveceros. 

Dora, que había llegado sola en un taxi, en algún momento comentó que su madre regresaría por ella cuando terminaran de celebrar y le llamara a su celular. Mientras esa hora llegaba, la señora se dirigió a una cena con sus amigas de la oficina. 

Ya eran las 4 de la madrugada; Esteban y sus amigos continuaban tomando, bailando, y platicando sus anécdotas vividas durante la interminable pandemia.

A las 6 de la mañana, el mesero que los había estado atendiendo,  por orden de su jefe,  les pidió que salieran del lugar, pues ya era la hora de cerrar. Todos al unísono le suplicaron al gerente que a pesar de que cerraran, les permitiera al grupo de amigos,  permanecer tomando y platicando a puerta cerrada.  El gerente negó el permiso, ya que si llegaba un inspector, seguramente clausuraría el local. 

En ese momento, Dora que ya estaba bastante pasada de copas, comenzó a llamar insistentemente al teléfono de su madre, tanto al de casa como al celular, pero fue inútil… su mamá jamás le contestó

Ya fuera del antro, Esteban, al ver la angustia y el mal estado de su amiga, pensó que no era una buena idea llevarla a casa de la mamá de Dora que seguramente no había regresado de su compromiso, y aunque él vivía en casa de Georgina, (su madre)  esperando que no se molestara, decidió llevarla con él.

Al llegar Esteban a la casa, prefirió tocar el timbre, despertar a su madre y explicarle  la situación. 

Georgina accedió, no de muy buena gana, a que Dora permaneciera ahí por unas horas. Antes de regresar a su recámara a continuar durmiendo,  ordenó a su hijo, preparar bastante café, obligar a Dora a tomarlo y junto con  ella esperar en el comedor. 

Así lo hizo Esteban, pero no por mucho tiempo. Él, cargando a Dora que seguía en bastante mal estado y esperando que su madre no se diera cuenta, se dirigió a una de las recámaras.  

No había transcurrido ni una hora, cuando la madre de Esteban,  presintiendo que su hijo y la amiga, no se quedarían en el comedor,  entró bruscamente a la recámara encontrando a la pareja en plena relación sexual. 

Georgina, a quien le asistía la razón, montó en colera y ordenó a su hijo sacar de inmediato de su casa a Dora. 

Rápidamente Esteban pidió un taxi, le indicó al chofer la dirección que había encontrado en la credencial para votar de Dora y le pagó el importe del viaje.

—Me desilusionas hijo, además de no respetar nuestra  casa, eres un irresponsable. 

¿No pensaste en el terrible problema que te puedes y me puedes meter?

Expresó Georgina gritando y muy alterada. 

—Reconozco que falté el respeto a ti y a la casa, pero eso no nos lleva a tener un terrible problema. ¡Exageras mamá!  Explícame desde tu distorsionado punto de vista, cuál es ese posible  problema. —Contestó Esteban muy enojado.

—Si a esta indeseable amiga tuya, al estar totalmente borracha,  le sucede un accidente en nuestra casa, ¿pensaste que te pueden hacer responsable a ti o a mi? ¿Acaso pasó por tu mente la no remota posibilidad de que ella o su madre, te acusen de violación?

—Exageras madre, como de costumbre —respondió Esteban, bajando un poco la voz.

Pero… ¡Georgina no exageró!

El trágico suceso que, tristemente  aconteció a Dora, no fue en casa de Georgina.  

¡Este pudo haber cambiado para siempre la vida de Esteban… y la de su madre tambien! 

g.virginiasm@yahoo.com

@gvirginiaSM

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