Ser victorioso requiere un gran esfuerzo y no a todos se les da.
En la Temporada 1972 de la NFL, los Delfines de Miami se convirtieron en el primer y único equipo hasta la fecha en terminar una temporada invicta y coronarse como campeones en el Super Bowl VII
Entre los Patriotas de Nueva Inglaterra, Los acereros de Pittsburgh, los vaqueros de Dallas y los 49s de San Francisco, han ganado el 40% de todos los Super Bowls.
En México, entre las Chivas, el Cruz Azul, el América y el Toluca han ganado casi la mitad de todos los campeonatos de liga.

En el box, Julio César Chávez consiguió un récord de 107 victorias y 86 por nocaut.
Pero son más abundantes los perdedores. De hecho, la mayoría de las personas no son victoriosas, más bien viven en derrota. Y no me refiero a los deportes sino a la vida misma, a los factores importantes que la componen como la familia, las finanzas, la paz interior, la satisfacción y la vida espiritual.
Es un asunto de actitud y conocimiento, si, pero lo es más de la base de todo, que es la relación con Dios, porque nadie, en sus fuerzas, puede ser victorioso en todo esto. Enfrentamos a una serie de enemigos espirituales, mentales y circunstanciales contra los que se requiere una fuerza sobrenatural, la cual solo Dios posee.
La buena noticia es que Dios está más que dispuesto a compartir con nosotros ese poder, porque quiere que cada uno de nosotros sea victorioso.
En un tiempo Israel estaba bajo el ataque de enemigos que aterrorizaban y saqueaban el país. Muchos corrieron a esconderse o a esconder sus cosas, porque tenían mucho miedo de ellos. Uno de los que estaban atemorizados y escondidos era un hombre llamado Gedeón.
Pero, de repente, sucede algo extraordinario, Gedeón tiene un encuentro con Dios y le muestra el camino para derrotar a todos los enemigos y ser un victorioso.
Primero, Dios le dice que derribe el altar de idolatría. Un altar de idolatría es todo aquello que, en su vida, ocupa lo que a Dios le corresponde, es decir, todo aquello que se ha convertido en más prioritario que Dios y su obra. Puede ser el dinero, su trabajo, sus bienes, su familia, su deporte, su celular, el internet o cualquier otra cosa. Si queremos la victoria, debemos derribarlo.
Segundo, Dios le dice que construya un altar para Él y le presente una ofrenda. Esta era una instrucción de acercarse a Dios en arrepentimiento y presentarse uno mismo como ofrenda a Dios, con la decisión de hacerlo nuestra prioridad.
Tercero, Gedeón, al buscar la presencia de Dios, fue lleno del Espíritu Santo. Todo el poder de Dios vino sobre él y ahora si, estaba listo para la guerra. Entonces, salió y venció totalmente a los enemigos.
Cuando usted haya hecho estas tres cosas, será un victorioso.
Dios es nuestra victoria, es nuestra fuerza, no tema, el está con usted y le da la victoria. Nada es imposible para Dios.
Pastor Jorge Cupido
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