domingo, septiembre 25, 2022

Resiliencia o derrota – g.virginia SÁNCHEZ MORFIN

El término “Resiliencia”, cada día más escuchado, hace muchos años se describía como terquedad, necedad o determinación.

Para mis padres, yo era muy terca.  Lo único que tengo claro,   es que gracias a esa resiliencia, he logrado salir adelante en la vida, no muy fácil, que me ha tocado y que a pesar de todo he gozado.  ¿Cómo?, pues dándole más peso al resultado que me propongo lograr, que al sinuoso sendero que debo recorrer. 

Algunas  de las metas y los  caminos  que tuve que seguir:

PRIMER  CASO

Al haber trabajado en los Laboratorios Upjohn, en  él área de efectos secundarios, entre otras; tuve clara la determinación de que mis partos serían Psicoprofilácticos (sin anestesia).

Algunos meses después de mi matrimonio con José Luis, el querido doctor Suárez del Real, confirmó mi embarazo. De inmediato, mi esposo y yo comenzamos a tomar el curso de parto natural, ya que no quería que mi hijo corriera el riesgo de algún efecto secundario causado por la anestesia. 

Asistimos a a muchas conferencias en las que se aprende (aparentemente)  a dominar el dolor.  

Una madrugada del mes de agosto con la ruptura de la Fuente, comenzaron los signos del parto. Mi marido, muy asustado, después de avisarle al ginecólogo, quería que de inmediato saliéramos hacia el hospital.  

Tuve que mantener doble dosis de calma… una para mi y otra para José Luis.

Ordené  mi maleta y la coloqué junto a  la ya preparada, desde días atrás,   con la ropita para mi hijo.

¿Cómo iba a salir sin bañarme? Ya con fuertes dolores, tomé  mi acostumbrado baño mientras que mi marido no cesaba de tocar a la puerta gritando:  “Por Dios, suspende ya y salgamos  de inmediato”.  Durante el trayecto, al  verlo tan nervioso,  dudé que él  pudiera estar presente en el parto.  

Al llegar al hospital ya me esperaba el Dr. Suárez del Real, de  inmediato nos  pasó a quirófano para auscultarme y constatar cuántos centímetros había de dilatación y   poder determinar el tiempo que faltaba para el nacimiento de mi tan esperado bebé. 

¿Qué sí tuve miedo y dolor?   

¡Por supuesto! 

Lo que estaba viviendo durante esas largas  horas, no se parecía en nada a lo aprendido en las clases.  Lo hacía todo más difícil el nerviosismo de José Luis que no se separaba de mi y también los insoportables gritos de dolor y de histeria de otra  futura mamá que estaba cerca de mi. 

Varias veces me comentó el doctor: “La dilatación va  muy lenta, si  el dolor ya es insoportable, no te de pena pedir que te practiquemos  cesárea” a lo que mi esposo me suplicaba que ya lo hiciera, pero para entonces yo ya tenía un motivo (el bienestar de mi hijo)  y una razón  para no solicitarla. Esta  era que si las mujeres del campo o de los poblados alejados, podían dar a luz  y soportar el dolor, solo deteniéndose  de la rama de un árbol, ¿Por qué yo no lo lograría estando cuidada y atendida? 

Ya al amanecer, el doctor dio la orden de pasarme a  quirófano. Cuando él  avisó que ya se veía la cabecita del bebe,  en ese momento,  vinieron más complicaciones … la primera fue que mi esposo cayó  desmayado a unos pasos del ginecólogo, por lo cual ya éramos dos los pacientes a atender. Aún así y a pesar del insoportable dolor, gracias a mi resiliencia, seguí adelante con mi determinación, pero a  escasos minutos se dio el segundo problema y puso a prueba mi determinación. 

Comprobé que el éxito en la vida no se mide por lo que logras, sino por los obstáculos que superas. 

SEGUNDO CASO

Hace cuatro años, circulaba  por una de las vías de “alta velocidad” rumbo al aeropuerto de la Ciudad de México.  Manejaba feliz  mi carro BMW,  que desde que me propuse un día tenerlo, habían pasado veinte años. 

Me acompañaba Luis, quien en pocos meses sería mi segundo esposo. 

El propósito era comprar dos pasajes de avión para asistir  a la boda de mi  sobrina preferida. Esta se realizaría en tan solo dos días más  en Cozumel.  

Circulando a  ochenta kilómetros por hora y sin haber entrado a algún bache o colisionado con un carro, de pronto sucedió una inmensa explosión que hizo que el auto se frenara bruscamente, se apagara el motor y por dentro se llenara de espeso humo blanco. Sentí golpes en el cuerpo.  Por instantes pensé que nos acababan de asaltar y que a mi me habían matado. 

De inmediato  los cláxones de carros cercanos empezaron a sonar. Luis trató de bajar a checar  si habían volado las llantas, pero aún estando aturdida, se lo impedí. 

De pronto me di cuenta que habían explotado las dos bolsas de aire y eran las que me habían golpeado. 

Cuando a los quince minutos  intenté prender el carro y arrancó, decidí no hacer caso a  la petición de Luis de llamar a una ambulancia y me dirigí al aeropuerto. 

Resultados: Luis y yo asistimos a la boda de mi sobrina. 

                      Mi sueño realizado de tener un BMW,  duró poco.  El seguro declaró pérdida                      

                      total  del carro.  

Ser desafiado en la vida, es inevitable. Ser derrotado… es opcional. 

g.virginia SÁNCHEZ MORFIN

g.virginiasm@yahoo.com

@gvirginiaSM

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