Narciso Jaimes | Médico y abogado Especialista en derecho médico y sanitario
Cuando el cuidado también responde ante la ley.
En salud, no todo recae en el médico. Pero cuando algo falla, casi siempre se olvida quién estuvo ahí todo el tiempo: enfermería. En ese espacio continuo, silencioso y técnico donde se sostiene la atención, también existe una dimensión jurídica que rara vez se reconoce con claridad.
El personal de enfermería no solo ejecuta indicaciones; vigila, previene, contiene y decide en tiempo real. Su práctica es profesional, autónoma y regulada. Por ello, cada acto que realiza como administrar un medicamento, registrar una evolución, detectar un cambio clínico, implica responsabilidad. No se trata de perseguir el error humano, sino de entender que el cuidado tiene reglas. La lex artis no distingue jerarquías: exige que cada intervención se realice conforme a estándares técnicos y éticos. Cuando esto se rompe, el problema deja de ser solo clínico.
El expediente clínico lo evidencia con crudeza. No es un requisito administrativo, es una prueba. Es la memoria jurídica del acto médico. En enfermería, donde la continuidad terapéutica depende de la precisión, es de suma importancia porque lo no registrado en término legal, no existe así de simple. Una omisión, una nota incompleta o una falta de seguimiento pueden tener consecuencias que trascienden en riesgos clínicos y en responsabilidades
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Pero también es necesario mirar el otro lado. El análisis jurídico no puede ignorar las condiciones reales en las que se ejerce la enfermería: turnos extendidos, sobrecarga de pacientes, recursos limitados y, en ocasiones, indicaciones poco claras. En ese entorno se toman decisiones críticas todos los días. No todo error es negligencia; muchas veces es el reflejo de un sistema que opera al límite. Exigir responsabilidad sin reconocer ese contexto es, además de injusto, jurídicamente incompleto.
Hablar de derecho médico y enfermería es hablar de equilibrio: entre la técnica y la humanidad, entre la obligación y la realidad, entre el deber de cuidado y el derecho a ejercer en condiciones dignas. Profesionalizar la enfermería no solo implica mejores protocolos, sino también una cultura jurídica que comprenda la complejidad de su ejercicio.
Porque en cada acto de enfermería no solo hay cuidado: hay responsabilidad. Y esa responsabilidad también se juzga.







