martes, junio 28, 2022

Pensar y trascender – Teresita Balderas y Rico

Desde la biología y la fisiología, la concepción de un nuevo ser tiene una explicación científica, en cada fase de la gestación. Los avances tecnológicos y científicos dan seguimiento a la evolución del desarrollo del hijo esperado.

Cuando hay amor en el hogar, el nacimiento de un hijo es un acontecimiento asombroso. Las emociones se mueven, los sentimientos adormecidos emergen, se entrelazan los afectos con la enunciación del nuevo ser. Se esparce en el hogar un aroma distinto.  La esperanza renace, y las almas se unen en una sinfonía de amor. 

Los padres están felices, nada es más importante que el nacimiento de su hijo, el bebé los fortalece. El esposo deposita un tierno beso en la frente de la madre, signan un acuerdo no escrito. Él la cobija con sus brazos, ella se recarga en su hombro, mientras el bebé duerme. Piensan en el futuro de su hijo, hacen planes, creen lograrlo todo: el niño es motor de su fuerza.

El recién nacido es pequeño en su físico, pero su aura es grande. La proyecta a sus progenitores y a los abuelos, a quienes les ilumina el sendero de sus vidas, perfumando la hojarasca con el fresco rocío de su presencia. 

Los afectos adormecidos renacen en el ámbito familiar. Se entretejen renovadas esperanzas, construyendo otras formas de vivir los años.  

Formar una familia es un anhelo de la mayoría de hombres y mujeres, sobre todo de ellas, dada su capacidad de ser madres. El crear una familia es también un protocolo social, que lleva implícita la función de perpetuar la especie.

Estamos en la era de las sociedades del conocimiento y el mundo globalizado. Los sistemas económicos y políticos mueven los usos y costumbres en este siglo XXI. Las parejas jóvenes prefieren primero desarrollarse profesionalmente (quienes tienen la oportunidad de hacerlo). 

Desean tener cierta estabilidad económica, antes de tomar la decisión de ser padres. Desde este punto de vista, parece todo sencillo: finalmente, cada quien decide cómo vivir su historia de vida.

En algunos lugares del mundo, la población se está haciendo vieja. En otros, la población infantil es densa, pero vulnerable; muchos niños mueren a temprana edad, por el hambre, la enfermedad, o las guerras sin sentido.  

Los que logran sobrevivir, tienen pocas oportunidades de solventar las necesidades básicas y tener una vida digna. En este complejo mundo, el nacimiento de un ser humano sigue siendo un milagro de vida. Es una nueva luz en un camino nebuloso.

Existen situaciones donde el nacimiento es un acontecimiento atípico.  Conmueve, y nos orienta a reflexionar.  En Nueva Delhi, India, en abril de 2016, una mujer de setenta años (la clínica cuantifica 72), dio a luz a su primer hijo.

La fecundación fue in vitro. El proceso fue asistido por una clínica especializada. El bebé, al nacer, pesó dos kilogramos, situación que ponía en peligro su vida. Armaan (nombre del niño) fue atendido de inmediato por los médicos. 

Cuando el bebé adquirió el peso adecuado, fue entregado a su madre, quien feliz lo acunó en sus brazos.

La pareja tiene cuarenta y seis años de casados. El esposo tiene setenta y nueve años. considerando las leyes de la naturaleza, las facultades físicas de los padres, no son las idóneas para la convivencia lúdica con el bebé. 

Una regla no escrita, pero llevada a cabo, es el estado de ánimo que se despierta en los niños, cuando juegan con sus padres. Son momentos felices e inolvidables que perduran toda la vida. 

Mohinder Singh Gill y Daljinder Kaur, padres del recién nacido, son muy felices. Están muy agradecidos con Dios, por haberles otorgado la inmensa dicha de tener un hijo. Ahora, ya no son excluidos ni repudiados por familiares y vecinos.  

Kaur, la madre, comenta que no necesita a nadie para que le ayude a criar a su bebé, se siente sana y fuerte para atenderlo. Está preparada para realizar sus tareas de madre. Después de una larga espera, piensa que le sobra energía para criar y educar a su hijo.

Se les ha cuestionado sobre el cuidado del niño cuando ellos falten. El padre responde: “Será Dios quien se encargue de él”. Este suceso asombroso, casi bíblico, amerita una profunda reflexión.

Para los padres, este nacimiento es motivo de felicidad y orgullo, se sienten reivindicados ante la sociedad que los repudiaba, señalados como merecedores de un castigo divino. 

Al bebé, le toca la peor parte. Cuando se desarrolle y empiece a conocer su contexto, observará que los padres de otros niños son jóvenes, y los de él, viejos. Este niño tendrá padres abuelos. Sin proponérselo, su estilo de vida será diferente respecto a otros niños de su edad.Este es un gran dilema existencial. Armaan tendrá que vivir dentro de las circunstancias que lo rodean. Hasta que pueda renacer en un estilo 

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