jueves, abril 16, 2026
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Párrafos inolvidables – Teresita Balderas y Rico

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Leer un libro es abrir las puertas del razonamiento. Es importante tener tiempo disponible para pensar, coincidir o discernir en las ideas del autor, abrir las ventanas de la imaginación, la que nos permitirá acercarnos a los personajes, caminar cerca de ellos, conocer su origen y comprender el porqué de sus actitudes.

La semana anterior, colocamos en el balcón de la casa el lábaro patrio y otros símbolos de la Independencia de México. Observé que son pocas las viviendas que hicieron algo semejante. Hace algunos años, los moradores de esas casas se esmeraban para que su vivienda fuera la más representativa de este mes patrio. Pensando en este desapego, empecé el desorden en mi biblioteca, buscando libros alusivos a nuestra identidad y el amor a la patria.

Encontré uno que llamó mi atención: “La construcción del conocimiento histórico” de Mario Carretero y José A. Castorina. Los autores plantean tres puntos nodales: el aprendizaje, la enseñanza de la historia y la construcción de la identidad. La fragilidad en el rubro de identidad nacional, en ciertas circunstancias, pone al mexicano en un punto de vulnerabilidad, siendo fácil presa de la manipulación.

En la última década del siglo XX y las que llevamos del XXI, la enseñanza de la historia en los diferentes niveles educativos ha tenido serias controversias. 

En cuestión de cultura general, es imprescindible conocer nuestra historia, aprender de ella. En diversas ocasiones, he leído y escuchado esta frase: “Quien no conoce la historia de su país, suele cometer los mismos errores”. Desde esta perspectiva, pareciera que estamos cometiendo los mismos errores, por desconocer la historia de nuestra nación. 

Del libro “La ridícula idea de no volver a verte”, de la escritora Rosa Montero, elegí un párrafo que trastoca la fortaleza y fragilidad humanas:

“El verdadero dolor es indecible. Si puedes hablar de lo que te acongoja significa que no es tan importante. Porque cuando el dolor cae sobre ti, sin paliativos, lo primero que te arranca es la palabra”.

La definición del dolor expresada en este libro, Rosa Montero lo vivió al perder a Pablo, su amado esposo:

“Pierre Curie, esposo de la gran científica Marie Curie, había muerto por atropellamiento”. La científica no lo podía creer, su cerebro se negaba aceptar tan catastrófica información.

Este párrafo escrito por Rosa Montero trastoca la sensibilidad humana.

“Cuando le trajeron el cadáver de Pierre a Marie Curie, optó por encerrarse en el mutismo, en el silencio, en una aparente pétrea frialdad. Tenían once años de casados”.

Cuando un ser amado muere, emerge un profundo dolor en quien lo pierde; este sentimiento permanecerá en la mente de quien lo amaba. Serán largos días, meses tal vez años, llorando su ausencia. 

El dolor es denso, en cada minuto está presente. Quien lo sufre no tiene descanso, incluso, por la noche lo sueña. Cada ser humano vive el dolor a su manera.

He conocido personas que no aceptan la pérdida del ser que amaban más que a su vida. Cuando algo así sucede, la persona que sufre esa gran pérdida no quiere aceptar su realidad. 

Lilvia Soto es una escritora nacida en México, vive en Estados Unidos y ha obtenido varios premios literarios, es reconocida maestra en literatura en universidades de alto prestigio. Escribió un bello libro de poemas, donde la metáfora ilumina la palabra:

Primer verso del poema Danzón 

Con el son jarocho de la marimba

el revoloteo de tus manos

teje un encaje de luz y sombra

ritmo y transparencia

que ondea

nube de sol

sobre el remanso 

de rosas silvestres

que hoy florecieron.

Bellísimo poema de Lilvia Soto, donde el son jarocho entreteje el movimiento de la danza con la ilusión del amor. Despierta las neuronas, a través de los movimientos corporales emergen los recuerdos del amor ido o del que está floreciendo, eso lo expresa “el revoloteo de tus manos”.

El libro “Querido profesor Einstein”, creado por Evelyn Einstein y editado por Alice Calaprice, permite conocer una faceta del gran genio creador de la teoría de la relatividad. En sus páginas se encuentra al gran pedagogo preocupado por la educación de los niños y jóvenes. Al padre amoroso, al tío que reclaman su ausencia, al abuelo consentidor.  

Una sobrina desea saber cómo es el tío, escucha hablar de él, pero ella no lo conoce.

Einstein le envía esta carta: 

Para Elizabeth Ley Stuttgart

30 de septiembre de 1920

Querida señorita Ley,

“Elsa me comenta que está usted descontenta porque no consigue ver a su tío Einstein. Así pues, le diré qué aspecto tengo: rostro pálido, cabello largo y una modesta panza. Además, andares extraños, un puro si se da de suerte en la boca y una pluma en el bolsillo o en la mano. Pero su tío no tiene verrugas ni piernas arqueadas y, por tanto, es bastante guapo; y tampoco tiene vello en las manos, como les ocurre a los hombres feos. De manera que es una pena que no consiga verme.”

Es interesante conocer esta ternura del gran científico Albert Einstein, escribiendo a su sobrina, quien reclama la ausencia de uno de los grandes genios del siglo XX. 

En este párrafo se ve retratado al hombre complaciente que ama a los niños. En cada palabra subyace la ternura del padre, del buen tío, el favorito de los sobrinos. 

Cada libro tiene un lenguaje especial que deja huella en el lector, quien se apropia de esas palabras, las hace suyas, recordando un pasado o pensando un futuro. 

El libro es una magnífica e histórica creación de la humanidad.


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