miércoles, octubre 5, 2022

Nuestra canción original – Sandra Fernández

La música nos lleva hacia mundos escondidos en los recovecos de nuestra memoria, hacia parajes que se albergan de forma misteriosa y que evocamos a través de las notas musicales, que nos susurran al oído las experiencias vividas, los momentos, las personas y las emociones percibidas, recreándolas una y otra vez en nuestra mente en una sucesión continua y placentera de imágenes.

Las emociones nos conectan con la música de forma inesperada. Una vez que se prende la chispa con alguna canción, nos la aprendemos de memoria y no nos la podemos quitar de la cabeza; la tarareamos en distintos momentos del día y, después de algún tiempo, nos provoca el mismo sentimiento que en un principio; y la letra, curiosamente, no la hemos olvidado. La razón, según dicen los expertos, es debido a la percepción, a lo predecible que pueda ser la melodía y al ritmo. Y, también, claro esta, porqué genera una emoción en nuestro cerebro que queda guardada en nuestra memoria y en nuestro corazón. 

Al igual que los olores y los sabores, las experiencias auditivas nos llevan a vivir esa emoción con tal intensidad que la imagen del momento, del lugar o de la persona, se activa de manera automática. El tono, el timbre, el ritmo, la melodía y la respuesta emocional propiciada parecen tener localizaciones cerebrales distintas, afirma el neurólogo Manuel Arias Gómez en su texto Música y neurología: “El timbre se procesa y percibe fundamentalmente en el hemisferio derecho, la melodía en ambos y el ritmo y los elementos secuenciales atañen al izquierdo».

La música desata recuerdos, modifica nuestro estado de ánimo, es un sedante que nos inspira a tranquilizarnos y a bajar nuestro ritmo cardíaco, también genera una alta dosis de sensibilidad por lo que nos mantenemos más abiertos y receptivos al amor, al descargar grandes cantidades de oxitocina. También genera adrenalina y dopamina que nos motivan a levantarnos de la cama, a hacer ejercicio, a vencer obstáculos, dentro de una atmósfera muy intensa 

La música nos mantiene conectados con nosotros mismos, influye positivamente y modifica nuestro estado de ánimo, calmando la excitación y ansiedad. Incluso, me atrevo a asegurar que algunos recuerdos se activan gracias a las canciones que escuchamos.

Aún recuerdo de niña, la canción de fondo “Mi amigo Félix”, interpretada por los españoles Ana y Enrique, mientras que daba vueltas alrededor de sala de mi casa, o cantando “Gloria” en la voz de Laura Branigan con un micrófono improvisado, o bailando al ritmo de “Billie Jean” de Michael Jackson; y también, por qué no, llorando a mares entonando la balada de “El triste” de José José. Y así, podría continuar relacionando cada etapa de mi vida con una canción, en donde el momento, simplemente se perpetuó. Si pudiéramos expresar nuestra vida a través de las canciones que escuchamos y que fueron significativas, seguro que tendríamos un repertorio bastante interesante y nutrido.

Hay un cuento africano titulado “La canción de los hombres”, escrito por Tolba Phanem, poeta africana, que cuenta que cada persona tiene asociada una canción desde antes de nacer, una canción que a veces olvidamos, pero que cuando la recordamos nos conecta con el ser bello, bueno y verdadero que todos somos. O como expresa muy bien, Faulkner cuando dice que “La memoria cree antes que el conocimiento recuerde”.Por: Sandra Fernández

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