domingo, abril 19, 2026
Inicio Destacado Mujer que habla, voz que arde – María Antonieta

Mujer que habla, voz que arde – María Antonieta

0
424

Aunque no soy hombre, al menos he vivido algo de mi vida como si lo fuera. Con tenacidad, esfuerzo y buena suerte, lo he logrado. Las mujeres como yo podrían estar satisfechas porque han soportado una infinidad de injusticias debido a su condición femenina, como si fuera una maldición divina.

Se requiere tener un corazón apasionado y una voluntad heroica para enfrentar la fatiga y la derrota que se presentan en el camino de la mujer. Debemos inculcar estas virtudes y habilidades en nuestras hijas y nietas. 

Así que, hermanas, abramos nuestras fauces de dragones y escupamos fuego. Para vivir nuevas experiencias en la vida, tendrán que atreverse a dejar atrás la comodidad y las costumbres. Ser mantenida y protegida tiene un costo inevitable. En algunos casos, las mujeres mandan en su familia… a veces. 

A pesar de que han cambiado mucho las leyes discriminatorias, el patriarcado sigue siendo duro en el sistema imperante de opresión política, económica, cultural y religiosa.  El feminismo es como el océano: fluido, poderoso, profundo, y tiene la complejidad infinita de la vida, se mueve en olas, corrientes, mareas y a veces en tormentas furiosas. Como el mar, no se calla. 

En este tiempo, todavía prevalecen tabúes sobre la mujer en: sexo, dinero, leyes discriminatorias, virginidad, menopausia, anticonceptivos, alcoholismo, aborto, prostitución, celos, y otros temas. Para colmo, nos cuestionamos sobre conceptos sagrados, como la virginidad y la fidelidad femenina, la maternidad que exigía abnegación total.

Algunas de nosotras hemos guardado secretos en todos los tiempos, como la violencia doméstica, la infidelidad masculina y la femenina. A veces hablo con amigas con un cuchillo entre los dientes, queriendo cambiar al mundo. Algunas son jóvenes y otras viejas como yo. Me siento orgullosa de mis más de setenta años, cada año vivido cuenta mi historia. Mientras más vivo, más contenta estoy de ser mujer, sobre todo porque soy madre, experiencia que los hombres no tienen.  Somos más solidarias, empáticas y más resistentes al dolor. Es verdad: hay mujeres tan malvadas como el peor de los hombres, pero los grandes depredadores son ellos. 

Las mujeres somos criaturas sensuales y vibramos con música, fragancias, texturas, sabores y todo aquello que complace a nuestros sentidos. En ocasiones, la religión y las tradiciones le niegan a la mujer la posibilidad de ejercer su sexualidad y el placer. Hoy en día, todavía quedan algunos hombres obsesionados con la virginidad de la mujer antes del matrimonio. Escribió Sor Juana: “Hombres necios que acusáis a la mujer sin razón, sin ver que sois la ocasión de lo mismo que culpáis”.  

Este es el tiempo de las abuelas envalentonadas, somos las mujeres que hemos vivido mucho tiempo y nada tenemos que perder; por lo tanto, no nos asustamos fácilmente. Podemos hablar de todo, porque ya no queremos competir, complacer, ni ser populares. Conocemos el valor inmenso de la amistad. Ahora nos va mejor, en este tiempo de jubilación, porque además de trabajar hemos cultivado relaciones de amistad y algunas de familia, somos más sociales que los hombres y tenemos intereses más variados. 

Según Gerald G. Jampolsky, famoso psiquiatra, la aptitud de ser feliz está influenciada en un 45% por genes y en un 15% por las circunstancias, lo cual significa que el 40% restante lo determina cada uno de nosotros de acuerdo a nuestras creencias y actitud ante la vida. 

En el pasado, muchas mujeres fueron acusadas de brujería, las torturaron y quemaron vivas por tener el poder del conocimiento. En la actualidad, la mayoría de las mujeres tienen el mismo acceso a la educación, pero cuando destacan o aspiran a una posición de liderazgo, algunas enfrentan agresión. Decía el escritor Eduardo Galeano: “Al fin y al cabo, el miedo de la mujer a la violencia del hombre es el espejo del miedo del hombre a la mujer sin miedo”. 

La reacción al poder femenino es a veces la violencia. No hay feminismo sin economía sana. Las mujeres necesitamos disponer de ingresos propios. Para obtenerlos se requiere educación, capacitación y un ambiente laboral y familiar adecuado.  

No digo que todos los hombres sean abusadores o violadores en potencia, pero el porcentaje de los varones que son abusivos es tan alto que debemos considerar este factor al tratar de evitar la violencia contra la mujer.  Como madres, debemos educar y crear consciencia en nuestros hijos varones.

Se requieren cambios profundos en la sociedad.