Conoce bien el ejercicio de escribir, lo ha hecho durante toda su vida. Escucharlo, es vivir sus anécdotas y entender su propia visión de la vida que transmite, es envolverse en imágenes a través de palabras. La muerte un tema central que nos invita a reflexionar el motivo de existir, de estar aquí.
Filósofo, escritor, ser humano, amigo. De voz modulada, clara, elocuente. Así es, Oscar de la Borbolla. Pertenece a otra época, a otro tiempo que añora y que, a la vez, despierta la curiosidad. Irreverente, rebelde, rememora cada etapa de su vida con humor, con frescura, habla de la libertad del olvido, del peso de la memoria, de sus años formativos.
Amante de la narrativa, del arte de escribir, de formación renacentista, los libros que ha escrito lo acompañan en sus memorias; “La rebeldía de pensar”, “Todo está permitido”, “ Dios si juega a los dados”, “ La vida de un muerto” , “ Las vocales malditas”, “ Instrucciones para destruir la realidad”, “ El futuro no será de nadie”, entre otros.

Cada uno guarda un recuerdo y le da un sentido a ese acto de pensar más allá, de rebelarse hacia lo establecido, mezcla sabiamente la filosofía con la narrativa como si de un cuadro se tratará, el fondo, el que no sale a simple a vista, es el resultado de un profundo pensamiento filosófico que le da vida a la historia, a los personajes. Para entenderlo, hay que leer sus obras, en donde le da sentido a la libertad del pensamiento, a la riqueza que guardan las historias, a los personajes que se salen de la realidad y se contraponen a ella, nos lleva a través de sus obras a sumergirnos en el mundo en el que habita su mente.
De apariencia jovial, casual, con su boina de color negro que lo caracteriza se planta en el estrado y la audiencia enmudece. Nadie se atreve a hablar, a interrumpir. Ansiosa por exprimir cada gota de sus palabras, por entender un poco más de lo que se trata esto de vivir.
Así es él, un hombre cuya trayectoria, habla por sí misma. Sabe que la realidad llega hasta dónde llega nuestro lenguaje, sabe que hace falta leer para contrarrestar la pobreza de vocabulario a la que nos somete la convivencia con los demás.
Concluye su charla, con su frase favorita, entre los aplausos y la cálida despedida de los presentes:
Los locos no somos lo morboso, sólo somos lo no ortodoxo, somos lo otro, otro horóscopo nos tocó, otro polvo nos formó los ojos, nosotros no somos lo morboso, somos lo no ortodoxo.
Así es, Oscar de la Borbolla.
Por: Sandra Fernández







