México es mi país – Teresita Balderas y Rico

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Imagen de archivo de la avenida Paseo de la Reforma, en la Ciudad de México, capital de México. (Xinhua/Xin Yuewei)

Nacemos donde las circunstancias estén dadas. Desde esta perspectiva, podríamos nacer en uno de los continentes del planeta Tierra, tomando en cuenta el país donde estén los futuros padres, considerando su situación económica, preparación académica y relaciones familiares. Estos aspectos darán la pauta del lugar donde nacerá el bebé, sea niño o niña.

En mi niñez, mis padres y maestros me enseñaron a respetar y amar a México. “Es la tierra donde nacimos y vivimos”, decía mi padre.

Aún recuerdo lo que nos decía mi maestra de educación primaria:

“Niños, pongan mucha atención, esta es la bandera de México, tiene tres colores: verde, blanco y rojo. ¿Alguien sabe lo que significa cada uno?” “No”, respondíamos en coro.

La maestra continuaba explicando a sus alumnos: “El verde significa la esperanza, el blanco la pureza, la unidad de su gente; y el rojo representa la sangre derramada por los que lucharon por la libertad de nuestra Patria”. Explicaba que nosotros estábamos en la escuela gracias a nuestros héroes.

Fuimos cultivando sentimientos de amor a México. En la ceremonia de honores a la bandera había respeto a los símbolos patrios: bandera, himno nacional y escudo nacional. Los niños que participaban en un evento cívico ensayaban las veces necesarias hasta que el profesor o la maestra, daban el visto bueno.

Los niños sabían la responsabilidad de participar en los honores a la bandera, consideraban que era un honor.

Los padres estaban orgullosos de que sus hijos fueran seleccionados para participar en los honores.

Entre los maestros había cierta competencia; sin decirlo, se esforzaban en que su grupo fuera el mejor. Los padres de familia lo comentaban fuera de la escuela, defendían a su maestro favorito.

En los eventos cívicos públicos, la gente saludaba a la bandera. Los hombres se quitaban el sombrero o gorra, las mujeres se paraban firmes y pellizcaban a sus hijos si hacían ruido.

A temprana edad, quedaba insertado en el espíritu el amor a la paria. Desde entonces, México ha vivido en mi espíritu y yo en su territorio.

Agradezco a la vida haber estado en el tiempo y espacio preciso donde asistir a una escuela era un privilegio. Los padres de familia estaban orgullosos de ver a sus hijos estudiando. Desde la educación primaria hasta el posgrado, tuve la fortuna de tener a excelentes profesores. En educación primaria, estaban siempre pendientes del desarrollo de sus alumnos, de tener informados a los padres de familia acerca del aprendizaje de sus hijos.

El mundo, en su constante movimiento trae consigo cambios en los diferentes rubros del quehacer humano. La modernidad tiene otros intereses, surgen necesidades que deben cubrirse de inmediato, acorde a las nuevas exigencias. Entonces, se originan cambios en los diversos campos del quehacer humano. 

En el ámbito educativo, se crean nuevos programas de estudio, talleres pedagógicos para el personal docente, es necesario insertarse en los nuevos programas, antes de estar en el salón de clases con los alumnos.

Trabajar con programas antes de conocerlos no es nada sencillo, se genera incertidumbre en los maestros, sobre el resultado en los aprendizajes de los alumnos. Los primeros meses son un tanto complicados, se debe analizar el programa escolar y crear nuevas estrategias didácticas para facilitar los aprendizajes en el grupo.

Estos cambios desequilibraban momentáneamente los aprendizajes. En el modelo pedagógico que era conocido por los alumnos, podían realizar sin mucho esfuerzo sus deberes escolares. Ahora, deberían aprender nuevas estrategias. Sin embargo, si existe coherencia entre objetivos del programa escolar con las necesidades de aprendizaje, se podría decir se camina hacia una educación de calidad.  

Una nación que invierte en la calidad de su educación se está preparando para trascender en los diversos ámbitos que los descubrimientos científicos y el constante desarrollo tecnológico han creado. Desde estos parámetros, cada país requiere de una intervención e inversión en el rubro de calidad educativa.

La creación de los programas de estudio y estrategia didácticas, debería estar a cargo de las personas especialistas en cada materia. De no hacerlo, los más perjudicados serán los estudiantes y padres de familia de escasos recursos económicos, que hacen grandes esfuerzos para dar a sus hijos lo que requieren en la escuela. 

Para participar en el progreso de nuestro país, se requiere conocer su historia para amarlo y sentirnos parte de él.

México es un bello país con un legado histórico ancestral. Las culturas prehispánicas eran pueblos con una sólida estructura social, política y comercial. La educación ocupaba un lugar preponderante en los gobiernos de las grandes culturas, la atención a los niños era prioritaria.

El amor por mi país trasciende los símbolos patrios, familia, escuela, sociedad. La República Mexicana es única.

Los mexicanos en lo general, nos caracterizamos por ser cariñosos y compartidos. 

La mayoría de los mexicanos nacidos en el siglo XX nos identificamos con nuestro país, vive en nosotros la identidad nacional. 

Vivir a México es tenerlo en el torrente sanguíneo, emocionarse con sus triunfos y sufrir sus derrotas.

Amar a México es andar sus caminos, degustar su gastronomía, bailar los sones, cantar sus glorias, llorar a sus muertos.

“México, creo en ti”. 

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