domingo, abril 19, 2026
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La vida no es como se pensaba  – Teresita Balderas y Rico

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Sandra y Ernesto son una pareja muy exitosa en su desarrollo profesional. 

Sandra estaba preparando una cena de gala para celebrar su ascenso en la empresa donde trabaja. Los invitados serían gente relacionada con la empresa; en otras palabras, el corporativo empresarial. 

Ella estaba muy feliz. La mayoría de sus proyectos se habían hecho realidad. La habían nombrado directora general con un salario alto, por su gran habilidad para cerrar contratos. Los recientes habían sido de varios millones de dólares. La nueva directora tendría más responsabilidades.

Ernesto es respetado como científico y profesor. Su salario no es tan bueno como el de Sandra, lo que a él no le importa. Escribe artículos sobre ciencia, trabaja en una prestigiada universidad, está terminando de escribir su segundo libro sobre el origen del universo. Es un conferencista muy solicitado en diversas universidades del mundo.

Pareciera “la pareja ideal”. Sin embargo, las apariencias engañan.

Ernesto nació en una familia numerosa, añora las reuniones dominicales y de cumpleaños. A veces se pone nostálgico. Pensaba que cuando se casara tendría tres hijos. Se casó muy enamorado de Sandra, esperando esa familia soñada.

Sandra es hija única, los padres estuvieron a su disposición. En su casa no se acostumbraban las reuniones tumultuosas, como ella decía.

Los años fueron pasando. Los hijos, tan deseados por Ernesto, no llegaban. Su esposa fue posponiendo el embarazo, siempre había algo más importante por hacer: terminar el doctorado, responder a las exigencias de la empresa. El embarazo podría esperar.

Cada vez que Ernesto hablaba de la maternidad, ella terminaba disgustada. Con el nuevo cargo, tendría que viajar constantemente a otros países.

Poco a poco, Ernesto fue perdiendo la ilusión de ver a sus hijos corriendo, jugando en el jardín. A veces comía fuera, no era agradable estar solo en un lugar tan grande. Sandra rara vez estaba en casa. 

Entre la investigación, las clases, escribir artículos para una revista científica, conferencias y la próxima presentación de su nuevo libro, Ernesto ocupaba su tiempo.

Fue invitado a dar una conferencia sobre astronomía, después presentaría su nuevo libro. Los jóvenes se interesaron en el tema, hicieron varias preguntas. Hubo varios que quisieron comprar el libro “El origen del universo”. Una chica que había estado en la conferencia se formó en la larga fila para que el autor autografiara su ejemplar.

La joven hizo algunos comentarios de la conferencia en relación con el libro.  A Ernesto le llamó la atención el interés que la chica mostraba por la astronomía. Por primera vez, no disfrutó tanto de las felicitaciones de sus colegas y alumnos, él quería tener una conversación con esa jovencita tan culta y agradable. Cuando terminó las dedicatorias, salió corriendo tratando de localizar a la chica, pero no la veía.

Cansado y frustrado, regresó a casa, encendió las luces, su esposa estaba en China cerrando un negocio millonario para la empresa. Se preparó un emparedado, un café, fue a la recámara. Esa nocher podía comer sobre la cama, Sandra no estaba para reprenderlo.

Por inercia prendió el televisor para escuchar voces. En uno de los noticieros, estaba el secretario de educación en los honores a la bandera. Ernesto estaba a punto de cambiar de canal cuando el secretario empezó a saludar a los niños de preescolar, saludó y felicitó a la maestra. 

Ernesto ¡dejó caer el empardado! su corazón latió aceleradamente. La maestra de esos niños era la chica que había estado en su conferencia y comprado su libro.

Las cámaras enfocaban a los niños y a la maestra Paloma. Qué bello nombre, pensó Ernesto. Al día siguiente como un adolescente nervioso, espero a que Paloma saliera del colegio, la saludó.

─ Buenas tardes, ¿tiene un hijo inscrito aquí?

─No tengo hijos, maestra, vengo por ti. Amas la astronomía como yo, me gustaría charlar contigo. Te invito a comer, cerca de aquí hay un restaurante donde se come bien y se puede conversar a gusto.

A partir de ese día, se vieron con frecuencia.

Paloma amaba a sus alumnos. Sería una buena madre, pensó Ernesto, recordó que hacía un año había tenido una discusión con su esposa diciendo que siempre tenía pretextos para no tener hijos, ella contestó que estaba muy ocupada con su profesión, que, si no estaba conforme, prefería divorciarse. 

Ernesto dijo a Sandra que estaba de acuerdo con ella, que hablaran con su abogado para iniciar el proceso del divorcio, solo que ella siempre estaba ocupada. 

Ernesto había encontrado en Paloma a la mujer soñada, sería una amorosa madre. 

Sandra estaba organizando un gran evento en su lujosa mansión, para festejar el aniversario de bodas y ascenso en la empresa. Ernesto dijo que solo festejara el ascenso, no el aniversario de bodas. Ella continuó con los preparativos, los invitados eran gente poderosa, empresarios, inversionistas extranjeros, políticos con altos cargos.

Paloma estaba enterada de la vida de Ernesto, ella no exigía nada, lo amaba. 

La gran fiesta llegó. Todo era fino y exquisito. Sandra estaba feliz, era su ambiente, conversaba con quienes podría participar con un buen capital en la expansión de la empresa. Ernesto solo se movía de un lado a otro, incómodo. Llegó el brindis del aniversario de la pareja, las copas se alzaron. De pronto, sonó el celular de Ernesto, el semblante de Sandra fue de fastidio, él se movió para contestar.

Furiosa, llegó hacia él.

─¿Qué pasa, Ernesto?, ¿quién se atreve a molestarte en esta noche tan importante?

─Debo ir a la rectoría a firmar unos documentos.

—Lo harás mañana, regresa de inmediato, me estás poniendo en ridículo ─dijo Sandra.

La llamada era de Paloma. 

Ernesto, muy preocupado, salió de casa y manejó con rapidez.

─Discúlpame, amor, quedamos que no te hablaría cuando estuvieras en tu casa, pero, debo decírtelo directamente. Dame tu mano, el doctor lo confirmó, vas a ser papá. 

Ernesto la acarició con ternura. Ambos dejaron que sus lágrimas sellaran el maravilloso acontecimiento. 

En la gran mansión, Sandra con sonrisa fingida, despedía a sus invitados disculpando la ausencia de Ernesto.