sábado, marzo 14, 2026
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El universo y los humanos – cuento – Teresita Balderas y Rico

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Algunas noches de luna llena, cuando se puede observar el manto celeste, me he preguntado acerca de nuestro origen: si proviene de la galaxia Vía Láctea, viajando al Sistema Solar, seleccionando el planeta Tierra, haciendo una pausa de siglos para que esas incipientes criaturas iniciaran un lento desarrollo hasta adquirir la forma que actualmente conocemos con el nombre de humanos. 

En millones de personas, existe gran interés por descubrir cómo y cuándo se podría viajar a alguna galaxia y regresar al planeta Tierra. Muchos científicos investigan acerca de los cuerpos interestelares, para conocer su estructura, movimientos, velocidad, período de vida y caducidad, entre otros elementos.

El científico Ernesto del Bosque era uno de ellos; abstraído en sus teorías, afirmaba que podría demostrar matemáticamente que las pirámides de Egipto fueron diseñadas y construidas por seres intergalácticos. Este era solo uno de sus grandes descubrimientos; tenía otras teorías descabelladas, juraba haber descubierto cómo viajar de una galaxia a otra a través de ondas gravitatorias.

Se concentraba tanto en sus investigaciones que se olvidaba de comer o bañarse. Él se concentraba en sus experimentos. El laboratorio era un caos: mapas cósmicos, pizarrones, computadores, celulares de alta tecnología, telescopios, microscopios, pizarras llenas de ecuaciones, libros abiertos esparcidos en el piso.

Sofía, su esposa, tocó varias veces la puerta. El científico no respondía, ella fue a buscar la llave. Al abrir la puerta, vio que el científico lucía fatal; ella le pidió que se bañara rápido, era la graduación de su hijo André, le había prometido asistir; el chico era el autor del discurso de despedida. 

Ernesto se encontraba en un dilema: quería terminar lo que estaba haciendo, pero, había prometido a su hijo que esta vez no faltaría.

Lo que en ese momento anotaba el investigador eran datos matemáticos que daban sustento a la teoría: que en la construcción de las pirámides de Egipto y las de los mayas en México, habían participado seres extraterrestres. Las matemáticas no mienten, decía, desde la antigua Grecia, los pitagóricos afirmaban que: “El número es el principio del mundo material y social”. Más tarde, estos principios fueron el soporte para que los pitagóricos crearon el canon de las cuatro ciencias: aritmética, geometría, astronomía y acústica.

Una emoción no sentida con anterioridad sacó a Ernesto del “Templo de la Ciencia”, como llamaba a su laboratorio. El alejamiento de las relaciones con su hijo, había provocado en él un sentimiento de culpa.

André del Bosque, con una brillante pieza de oratoria, a nombre de su generación, se despidió de la universidad.

El científico felicitó a su hijo, no se quedó a la cena baile, regresó a continuar su tema de estudio. Había descubierto que, con una determinada cantidad de energía, las moléculas podrían viajar por las ondas gravitatorias, como las que se crean ante la colisión de dos estrellas de neutrones.

Ernesto era reconocido como gran astrónomo, matemático, científico, doctorado en física cuántica, la nanotecnología era una de sus especialidades. 

En su laboratorio tenía los microscopios más avanzados en tecnología para observar el comportamiento de los átomos, de las partículas subatómicas, los descubrimientos de mayor validez en su teoría. Afirmaba que seres interestelares habían visitado el planeta Tierra.

Para que sus investigaciones fueran aceptadas por la comunidad científica, tendría que mostrar y sustentar una forma viable para viajar de una galaxia a otra. Hasta ahora en este siglo XXI, no se ha comprobado que en la Vía Láctea haya planetas habitables para seres similares a los humanos.

La galaxia más cerca a la Vía Láctea es Andrómeda, a 2,5 millones de años luz de la Tierra; es una espiral gigantesca, el doble de grande de la Vía Láctea. Esta distancia pareciera imposible para que un humano hiciera tan extravagante viaje. De acuerdo a este análisis, la mayoría de sus colegas consideraban que las investigaciones de Ernesto son pura ficción. Él, está seguro de cómo se han trasladado seres interestelares a la Tierra.

Ernesto tiene tres años haciendo experimentos en su laboratorio, para encontrar la forma de trasladar una masa sólida de un lugar a otro a través de ondas electromagnéticas, logró desintegrar una microscópica masa, cuyas moléculas viajaron por medio de ondas, utilizando su luz gamma. Al llegar al espacio determinado, las moléculas se reintegraron formando la masa inicial.

Aún vestía el traje de la ceremonia de la graduación de su hijo, cuando alzó el brazo para hacer anotaciones en una pizarra. La familia se había esfumado de su pensamiento, ahora estaba concentrado en encontrar la fórmula para viajar por las carreteras interestelares.

Ernesto fue invitado a dar una conferencia en Italia; visitaría el Observatorio Vigo, equipado con los instrumentos de tecnología avanzada. El científico fue bien recibido, estaba asombrado con los avances tecnológicos la inteligencia artificial. Pudo corroborar sus notas acerca de las galaxias de neutrones y de una posible colisión con agujeros negros.

En los dos meses que permaneció en Vigo, permitió constatar lo plausible de sus notas y dilucidar posibles alternativas. Comprobó mediante sus ecuaciones, que una estrella de neutrones es tan compacta que una cuchara cafetera de su densidad, pesaría en la tierra 100 millones de toneladas.

Observó las ondas gravitatorias con diferentes tipos de luz: gamma, visible e infrarroja, que emergen de la colisión de dos estrellas de neutrones.

El científico no imaginaba que pronto sería visitado por personajes de inteligencia superior, que lo habían estado observando.