Un filósofo francés hizo el siguiente comentario: “Dios está muerto. Marx está muerto. Y yo por mi parte no me siento muy bien” Sus palabras y actitud ilustran el pesimismo reinante en nuestra sociedad.
Si en verdad hay un Dios, ¿por qué permite tanto sufrimiento en el mundo? Se pregunta la gente. Sólo podemos entender el problema del sufrimiento yendo a la Biblia. La Palabra de Dios reconoce que el sufrimiento es parte de la experiencia humana debido a la caída del hombre y la existencia del pecado en el mundo.
Básicamente, hay cuatro clases de sufrimiento.
El primer tipo es el sufrimiento como resultado de desastres naturales, como por ejemplo un terremoto o una gran tormenta, cuyas consecuencias afectan a justos e injustos.
Una segunda clase de sufrimiento podría denominarse “La inhumanidad del hombre para con el hombre”. La guerra, los asesinatos, los robos y la violencia, entre muchos otros, entrarían en esta categoría. El hombre trata de herir a su prójimo debido a su codicia, su orgullo y su maldad.
Un tercer tipo de sufrimiento se demuestra con claridad en la vida de Job en el Antiguo Testamento. Fue resultado directo de Satanás quien comenzó a actuar y causó un sufrimiento indecible a Job y a su familia.
La cuarta clase de sufrimiento es el que se produce como resultado de nuestras propias acciones equivocadas. Por ejemplo, si me arrojo del techo de mi casa al caer al suelo me rompería la pierna, y eso sería lo menos que me podría pasar. Estaría sufriendo porque quebrante la ley divina de la gravedad. De la misma manera los individuos sufren cuando quebrantan las leyes morales de Dios. Mucho sufrimiento existe como resultado de las malas elecciones que hacen los hombres. Parte del sufrimiento viene como consecuencia del pecado. Dios nos dio libre voluntad y las malas decisiones nos llevan a vivir con sus consecuencias.
Cada vez que los hombres quebrantan las leyes de Dios, hay otros que también estarán expuestos al dolor. Encontramos un claro ejemplo en la historia de Acán. Cuando él codició y tomo el botín de la batalla de Jericó, su pecado costó la vida a 36 hombres en la batalla contra el pueblo de Hai. Otros habrán de sufrir por la desobediencia de una persona. Es inevitable.
Ya sea que hayamos provocado nuestro sufrimiento o no, la manera en que respondemos a él habrá de construirnos o destruirnos. Las circunstancias por lo general no moldean nuestro carácter, sino que lo revelan. Dios, a menudo, usa el sufrimiento para moldear el carácter, fortalecer la fe o enseñar lecciones importantes, por eso, respondiendo adecuadamente a las pruebas, podemos desarrollar paciencia y un carácter maduro.
En vez de centrar la mirada en las circunstancias, debemos mantener nuestros ojos en Jesús, la fuente de la vida. Él nos dará victoria en cualquier situación que atravesemos, como resultado de esas pruebas. En tiempos de pesimismo y sufrimiento podemos acercarnos confiadamente al trono de Dios para recibir paz, consuelo, fortaleza y los elementos necesarios para salir adelante. La Biblia promete que Dios está presente en medio del sufrimiento, ofreciendo una salida.
Dios es bueno y sus recursos son infinitos para el que le busca.
Pastor Jorge Cupido
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